A Argentina se le abren los mares en el Mundial
12:10
1 Diciembre 2022

A Argentina se le abren los mares en el Mundial

La albiceleste, aunque Messi fallara un penalti, se clasifica para octavos jugando su mejor partido. Se le aclara el camino en el torneo, con Australia como rival en octavos. Polonia también pasa de ronda

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A Argentina se le abrieron los mares en el Mundial y comienza a encontrar motivos para soñar. Donde antes había propaganda e histerismo, por fin asomó el juego y la cordura.

Porque Lionel Scaloni mostró por fin que este equipo puede ser algo más que Messi, de regreso al tormento de los penaltis. Y porque cuenta en su equipo con jóvenes como Enzo Fernández y Julián Álvarez, quienes juegan sin el peso de la historia atado a sus botas. Polonia no fue rival para la albiceleste, que no solo se clasificó como primera de grupo, sino que vislumbra un camino agradecido, con Australia en octavos. En unos hipotéticos cuartos su rival sería el ganador del Países Bajos-Estados Unidos. Los polacos, mientras, acabaron el partido abrazados y saltando de alegría en una de esas contradicciones que sólo puede ofrecer el fútbol. Pese a su deprimente partido, y después de que Lewandowski y Messi chocaran sus cuerpos -como si ambos necesitaran retozar y enfrentar sus carreras en un escenario sin igual-, pasó de ronda gracias al gol marcado por Arabia Saudí que dejó fuera a México (1-2) en el ocaso.

Y eso que Argentina pudo alimentar su tremendismo por culpa de Wojciech Szczesny, un portero convertido en un monstruo de Lovecraft, con tentáculos en vez de brazos, y que a punto estuvo de tragarse a cuantos argentinos se acercaron a sus mares. A Messi, ante semejante presencia, se le vinieron encima cuantos demonios siempre le aguardaron en el punto de penalti. Allí donde más terrenal fue durante toda su carrera. El rosarino no supo cómo salvar la oposición del portero de Polonia. Éste, que a buen seguro tenía bien estudiado a Messi, sabía que la mejor manera de inquietar al diez en las penas máximas era esperándolo hasta el final. Es entonces cuando el delantero busca su rincón de seguridad, a su derecha. Y hasta allí voló Szczesny con su mano izquierda convertida en placa de hierro.

El penalti de Messi

No es el Mundial un territorio apropiado para la justicia poética. Aunque a buen seguro la acción habría pasado a la historia negra del torneo de haberla anotado el rosarino. Szczesny había volado en busca de un centro que Messi, muy forzado, logró rematar. El guardameta estiró la mano en busca del balón y ésta tocó ligeramente en la cara del delantero argentino. El árbitro neerlandés Danny Makkelie, advertido por el VAR, acudió al monitor. Y lejos de atender a los ruegos de los polacos, concedió la pena máxima a Argentina. Messi no marcó, y quizá, aunque en ese momento no reparara en ello, ayudara a mantener limpio el recuerdo.

Semejante episodio, en cualquier caso, se produjo en el mejor acto de la albiceleste en este Mundial. Al seleccionador Lionel Scaloni le fue de maravilla confiar la manija del equipo al jovencito Enzo Fernández, un chico con tanta clase como personalidad y que corrigió cuanto pudo las graves deficiencias en la circulación de De Paul. Julián Álvarez, que le quitó el puesto de ariete a Lautaro, ofrecía con sus desmarques un sinfín de pasillos que Messi aprovechó de lo lindo.

Hasta siete paradas hizo Szczesny en un primer tiempo en el que, además de La Pulga, lo intentaron Acuña -siempre suelto en la orilla izquierda-, Julián Álvarez y Di María, al que el meta le sacó un gol olímpico. El Fideo se quedó de rodillas en el córner, intentando de entender cuán largos eran los dedos del portero. Aunque tan decepcionante era el despliegue de Polonia, que ni quería atacar, ni sabía defender, que la consecuencia era lógica. No había más que ver cómo Lewandowski caminaba de un lado hacia a otro, con los brazos caídos, y tan frustrado que de haber abandonado el campo nadie se habría dado cuenta.

Así que Argentina zanjó cuanto antes el asunto. Justo después de iniciarse el segundo tiempo, y tras una combinación entre Di María y Nahuel, Mac Allister encontró el momento de su vida de la manera más inusitada. Quiso rematar con la derecha, pero lo hizo con la tibia de la izquierda. Poco importó. El baló escapó por fin a Szczesny, y Scaloni pudo suspirar. Y dedicarse a disfrutar, ahora sí, de la sinfonía dirigida por Enzo Fernández. El centrocampista del Benfica fue quien dio sentido a una gran jugada colectiva para asistir a Julián Álvarez, cuyo control y caricia al balón culminaron la noche para dar paso al éxtasis.

Messi, en la noche cerrada qatarí, se fue hacia sus hinchas y comenzó a agitar las manos. Cantando negó la histeria. Quizá haya llegado el momento de vivir.


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