Adriana Cerezo: las películas de Jackie Chan, el secreto del abuelo y un parón por ansiedad
09:34
25 Julio 2021

Adriana Cerezo: las películas de Jackie Chan, el secreto del abuelo y un parón por ansiedad

La subcampeona olímpica empezó sin que sus padres lo supieran y dejó temporalmente de pelear a los 11 años. ''La competición le creaba ansiedad, no le gustaba y yo le dije: 'Entrena para divertirte''', recuerda su entrenador, Jesús Ramal.

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Cuentan que hace unos días, con un extraordinario 13 sobre 14 en Selectividad, Adriana Cerezo abrió el ordenador con la idea de matricularse en Bioquímica y que lo cerró inscrita en Criminalística. "Quizá es el único momento en el que la he visto dudar", bromea la finlandesa Suvi Mikkonen, quien fuera su maestra y hoy es su 'sparring'. Juntas prepararon estos Juegos Olímpicos de Tokio en el gimnasio Hankuk de San Sebastián de los Reyes y a las órdenes del entrenador Jesús Ramal, pero antes de ese momento, antes de la medalla de plata de este sábado, hubo mucho.

"Su historia es bonita porque le picó el gusanillo del taekwondo viendo películas de Bruce Lee y de Jackie Chan en un viejo vídeo. Sus padres querían que hiciera deporte, pero no les convencían las artes marciales, así que fue su abuelo José el que la llevó a escondidas al gimnasio de su barrio. Hasta que no se presentó a su primer examen por un cinturón, ninguno de los dos lo dijo en casa. Luego, como vieron que disfrutaba más que con el tenis o el patinaje artístico, sus padres la apoyaron muchísimo, al igual que su abuela, que la llevaba siempre a entrenar y la esperaba allí sentada lo que hiciese falta, dos, tres o cuatro horas", relata Ramal, por teléfono, justo antes de hablar con su pupila, pues no está en Tokio por culpa de las restricciones. Se emociona y pide parar cuando le reclama Cerezo, pero luego muy amablemente retoma la narración.

La nueva medallista olímpica empezó en el Centro Deportivo Alcalá by Adidas, un gimnasio que está debajo de su casa, pero a los 11 años necesitó un cambio y le recomendaron los consejos de Ramal. "Cuando llegó con nosotros, no quería competir. La competición le creaba ansiedad, no le gustaba, y yo le dije que perfecto, que no había ningún problema. 'Entrena para divertirte', le pedí, pero a los 15 días ya me preguntó si podía inscribirse en un torneo. ¿Sabes qué pasó? Suvi [Mikkonen] estaba compitiendo en la Copa del Mundo y nos empezamos a llevar a Adriana a todos los viajes. Le encantó el ambiente, cambió su visión y mírala ahora lo bien que se lo pasa siempre", explica Ramal, que junto a Mikkonen, también su pareja, han acogido a Cerezo, de sólo 17 años, como si fuera su hija.

La alegría, su arma

"Para mí su mejor arma es su alegría. Su ventaja es que disfruta. Pero no sólo de una competición tan grande como los Juegos Olímpicos, que es para disfrutarla. Ella disfruta de cada entrenamiento. Si Jesús le da un día libre, pide entrenar porque es lo que le hace feliz", analiza Mikkonen, nacida en Dragsfjärd y vecina de Sanse desde adolescente, que fue quinta en los Juegos de Londres 2012 y tercera en el Europeo de 2014. "Jesús le dice que es un bicho, la llama 'la bicho', y tiene razón. En el momento en el que la conocí, en un par de días ya sabía que llegaría lejos por esa chispa, esa hiperactividad, ese no parar y también por sus cualidades técnicas, claro", expone la taekwondista que, de largo, más veces se ha enfrentado a Cerezo.

Desde hace seis años, prácticamente cada día una contra una, la joven aprendiendo de la veterana y la veterana... "Es que a mí me alucina lo que hace. Cómo no voy a aprender. Tiene unas piernas que no son normales. Puede hacer cualquier cosa y la hace, porque es muy creativa. Ella es zurda, pero parece prácticamente ambidiestra porque golpea igual con las dos piernas y luego las mueve de una manera, es tan elástica... Y una cosa voy a decir: todavía tiene mucho más. El mundo va a flipar. Es más ambiciosa que el resto. ¿Te cuento qué me dijo un día?", pregunta Mikkonen y ya imaginan la respuesta: "Me contó que quiere ser la número uno, pero la número uno de la historia. La mejor de siempre".

El orgullo de Navezuelas

Y, aunque el camino es largo, ya se ha puesto en marcha. Hace unos meses, en abril, ganó el Europeo en su primera competición absoluta, luego arrasó en el Preolímpico de mayo y este sábado logró su primer metal olímpico. A ningún otro deportista español el año de parón por el coronavirus le ha sentado tan bien y eso que, entrenando en casa, durante el confinamiento, un día se vino arriba y le fisuró de costilla a su padre David.

Él, como los abuelos de Cerezo, es natural de Navezuelas, un pueblo de Cáceres donde pusieron una pantalla gigante para celebrar la plata de su paisana, que pasa allí los veranos. Si los pronósticos de su entrenador y de su maestra son ciertos, la niña que se enamoró viendo películas de artes marciales, la nieta del abuelo que la ocultaba para que fuera al gimnasio, la adolescente que superó la ansiedad ante la competición, les ofrecerá muchas más tardes de alegrías en el pabellón municipal.


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