Agustí Villaronga: ''El cine ya es otra cosa. Antes que lamentarse hay que adaptarse''
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4 Junio 2021

Agustí Villaronga: ''El cine ya es otra cosa. Antes que lamentarse hay que adaptarse''

Tras pasar por el Festival de Moscú, el director convierte 'El vientre del mar', una reflexión sobre todos los naufragios de nuestro tiempo, en el principal reclamo del Festival de Málaga que se inauguró el jueves

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'La balsa de Medusa' es el desproporcionado atrevimiento (además de óleo gigante) de Théodore Géricault en el que el Romanticismo aprendió a reconocer cada una de las miserias de lo humano en palabras como hambre, deshidratación y locura. Océano mar, que cuenta lo que les ocurrió a los náufragos del cuadro, es la segunda novela de Alessandro Baricco y no conoce más límite que su propia desmesura entre lo terrible y lo poético. El vientre del mar es la última película de Agustí Villaronga (Palma de Mallorca, 1953) y toda ella se propone como un naufragio que adapta el texto del segundo muy atenta a la fiebre del primero. El resultado es una de las producciones más notables, y a buen seguro protagonista indiscutible, del Festival de Málaga que empezó ayer. Rodada en blanco y negro, la cinta hace coincidir tres hilos narrativos entre el pasado cruel, el presente herido y el futuro imposible. Es cine que se alimenta de una puesta en escena teatral con la misma soltura que indaga en los mecanismos primarios y puros del propio cine. Y hasta de la literatura. Y todo ello para configurar un espacio a la vez mítico e irreal tan políticamente oportuno (se habla de todos aquellos que naufragan a fecha de hoy) como existencialmente revelador. «A mí, la verdad, me gusta mucho», dice Villaronga. Y añade: «Y eso no siempre me pasa».

La película es un producto de la pandemia en sentido literal y no sé si, del mismo modo, figurado.

Es tal cual porque el proyecto surgió cuando, por culpa del confinamiento, se canceló a pocos días del estreno la obra de teatro que yo mismo había escrito adaptando el texto de Baricco. La película fue una respuesta casi instintiva también para rebelarse contra lo que ocurría. Me gusta compararme con los que salían en internet cantando en una azotea. Esto fue lo mismo, pero más complicado porque involucraba a más gente.

¿Por qué cree que el texto original de Baricco habla de nosotros ahora mismo?

Lo relevante es que se cuenta algo profundamente dramático como fue aquel naufragio de un modo poético sin quedarse nunca en los elementos tremendistas o anecdóticos. Baricco transciende lo histórico para contar la herida del hombre sin más. De alguna manera, en mis películas hay esa misma mezcla de lirismo y crueldad. No me costó identificarme. En mi cine existe una constante: indagar cómo un instante puede cambiar una vida para siempre hasta convertir la existencia en inconsolable.

¿Diría que vivimos rodeados de naufragios?

Hay naufragios en las fronteras de aquí al lado, en el conflicto palestino-israelí, en las vidas de mucha gente en la pandemia... El mundo está un poco raro.

Defina raro.

La rareza de este mundo es que pese al progreso y la riqueza, cada vez hay más desigualdad. Por otro lado, miras la historia y te das cuenta de que no hemos vivido momentos mejores. Dice Yuval Noah Harari, por ejemplo, que el hombre está enfrentado a las hambrunas, las guerras y las pandemias desde el principio de los tiempo. Es desolador ver que, pese a todo, ahí seguimos. Nosotros vivimos en un mundo muy amable y justo al lado... Nosotros pasaremos la pandemia, pero en más de la mitad del planeta, de un modo u otro, la pandemia ha estado y estará ahí siempre. Naufragamos, pero unos mucho más que otros.

Hace nada vivíamos el caso de Ceuta. Se diría que la realidad se empeña en promocionar su película.

El impulso de buscar un mundo mejor es universal e intemporal. Siempre ha estado y estará con nosotros. Poco antes de lo de Ceuta, hubo un cayuco que se encontró con tres supervivientes. Leí el diario del chico de Mali que contaba lo que ocurrió y era alucinante cómo coincidía su descripción con la de los supervivientes de la Medusa. Cuenta que al poco de estar a la deriva la gente se lanzaba al mar. Uno se fue a comprar tabaco, otro veía a su madre... Igual que los fantasmas del barco francés. No se suicidaban, cuidado. La cabeza se les iba al mar. El mar, escribe Blai Bonet, es como el hombre, penetra y es penetrado. No lo decía en el sentido sexual.

Sigamos con la pandemia. ¿Cree que el cine, así en general, conseguirá superarla?

El cine en las salas, sinceramente, ha sufrido una estocada definitiva. Pero la forma de comunicarse con imágenes no sólo no ha sufrido sino que tiene más vida que nunca. Yo mismo no he trabajado tanto en mi vida y eso que tendría que estar jubilado. Es una forma de hablar. No soy nostálgico. El mundo no va como nosotros queremos. Hay que adaptarse a él. Antes que lamentarse hay que aprovechar las oportunidades que surgen. El cine ya es otra cosa.

¿Tiene todavía fuerza y ganas para reinventarse?

He vivido esta película como si fuera mi primera vez. Si faltaban muertos en el plano, ahí que iba (se ríe). Lo que importa es mantener la curiosidad. Esta película es básicamente un ejercicio de libertad y de ganas. Y ése es el futuro.


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