Al Atlético le sale todo al revés
09:24
23 Diciembre 2021

Al Atlético le sale todo al revés

Sufre en Los Cármenes su cuarta derrota seguida, a pesar de adelantarse con un gol de Joao Félix. Los locales dieron la vuelta con dos contragolpes

Directo Narración y estadísticas 10 años de Simeone La llamada que cambió el destino del Atlético

Lo único que pudo celebrar el Atlético en Granada es que el 2021, un año de ensueño allá por mayo, de pesadilla ahora en diciembre, ya es historia para ellos. La cuarta derrota consecutiva, lo nunca visto desde que aterrizó Diego Simeone, se consumó ante la atenta mirada de la Alhambra. No habrá cumpleaños feliz para el Cholo, que alcanzará su década en el banquillo con el equipo fuera de los puestos de Champions. Con el Rayo Vallecano por delante. Con apenas tres zarpazos quedó tendido sobre la hierba nazarí. Le faltó esa pegada que volvió a sobrarle a su rival. Hace tiempo que perdió su duende. El tanto de Joao Félix, excelso, habría bastado en cualquier otro momento. Pero no ahora, donde el destino asoma amenazante. Quizás no sea casualidad.

No goza este Atlético de mucho tiempo para el ocio y disfrute personal. Cada satisfacción viene siendo contestada últimamente por una bofetada que ve venir, pero es incapaz de sortear. Desde hace semanas, salvo en la conquista de Oporto, la mano abierta del rival acaba impactando sobre su rostro.

Porque para ocio y disfrute fue el destello de Joao Félix, cuando amanecía en Granada. En las estadísticas quedará reflejado que Thomas Lemar fue el autor de la asistencia, pero los garabatos de ese gol sólo los podía imaginar el joven portugués. Con un leve toque burló a Germán. Con una carrera en diagonal buscó ese ángulo imposible. Con un delicado golpeo adelantó al Atlético. Y eso, que antes dejaba entrever una conquista, ahora significa más bien poco. Hace tiempo que un gol a favor ha dejado de ser algo definitivo para este equipo.

A nadie se le habría podido pasar por la cabeza que Jan Oblak, autor de un sinfín de milagros hasta el pasado verano, dejaría de ser inmortal. Ahora el veneno ajeno desemboca en intoxicación. Mucho más, si los dioses bajan a alumbrar la bota del adversario. Ocurrió hace cuatro días, en el Sánchez-Pizjuán, con aquel latigazo teledirigido de Rakitic, que acabó en la escuadra, y se repitió en el Nuevo Los Cármenes, con un potente lanzamiento de Darwin Machís. El meta esloveno acompasó la travesía del balón con su cuerpo. Como si los milagros nunca hubieran existido. Este curso, cada disparo en contra suele desembocar en malas noticias.

La mala racha de Luis Suárez

En ese primer acto hubo dos nombres por encima del resto. Aparte de Machís, el goleador nazarí, Luis Suárez. El otro Luis Suárez, el colombiano, convertido en una roca cada vez que chocaba en busca de un balón. Él pudo haberle dado la vuelta al marcador. Y, por supuesto, Joao Félix. El Joao que Simeone anhela encontrar de una vez. Por su cabeza, por su frescura, transitó buena parte del destino de su equipo. Llegó a marcar el segundo, pero su salto con Suárez, con el rival, desembocó en una falta que el VAR no se atrevió a discutir. Y lo volvió a intentar por arriba, como si fuera Luis Suárez, el uruguayo, su compañero, otra vez desdibujado (ocho partidos seguidos sin marcar), pero asomó decisivo el portero Maximiano.

La tarde, noche cerrada en la ciudad andaluza, parecía escrita para Joao. Habría sido capaz de tomar la Alhambra, flotando como estaba sobre el césped de Los Cármenes. Suyo fue un zapatazo endemoniado que se estrelló sin miramientos en el poste y, paradójicamente, desató un contragolpe letal del Granada certificado entre el veterano Jorge Molina, con la rodilla hecha unos zorros, y el VAR. El desliz de Kondogbia fue clave. Oblak, en lo que va camino de ser una maldición, volvió a seguir con la mirada la ingrata desembocadura del balón.

Correa, al cielo

Caminó de nuevo por el fango, a contracorriente, el Atlético, como lleva haciendo desde hace un mes. No era inferior, al contrario, sin embargo, cada impacto del adversario desataba un mareo. Y se lanzó cuesta abajo en busca de la meta de Maximiano, convencido de que la muralla nazarí caería en algún momento. Se volvió a equivocar. La alambrada de Robert Moreno resultó insuperable. Por más que Lemar y Joao sacaran el tiralíneas. Correa se encontró con el cielo y Cunha con el duro suelo. El caso es que nadie logró enderezar el rumbo.

Ahora es el Atlético quien recibe de esa dosis que antes suministraba a sus rivales sin ningún miramiento. En dos contragolpes volvió a quedar tendido en la cuneta. Por eso Simeone no podrá celebrar en paz su décimo cumpleaños. Por eso las cuatro derrotas consecutivas con las que acaba el año. Sólo queda confiar en que las campanadas rompan el sortilegio. Tal vez ahí acabe todo.


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