Alberto Ammann: ''Hollywood, a nivel político, es como la mafia''
08:15
27 Julio 2022

Alberto Ammann: ''Hollywood, a nivel político, es como la mafia''

El actor argentino protagoniza 'La noche más larga', un 'thriller' de Netflix que descubre su sorprendente biografía política : nieto de menonitas, hijo de activistas, antiguo currante precario y ahora partidario de la democracia directa

"La moral", se lanza Alberto Ammann (Córdoba, Argentina, 1978), "tiene que ver con hacer lo correcto". ¡Lo correcto! Ay, Dios mío, ¿qué es lo correcto, Alberto? "Lo correcto es lo que está socialmente aceptado como correcto, porque puedes pensar lo que quieras, pero hay una serie de normas que divide las cosas entre lo que está bien y lo que está mal y no te puedes desprender de eso".

Pongamos un ejemplo: si usted tiene que elegir entre la vida de su hija o la de varios trabajadores de su empresa, ¿qué sería lo correcto? "Yo salvo a mi hija, y después ya veré cómo duermo", contesta Ammann. Es este uno de los conflictos a los que se enfrenta el personaje al que el actor da vida en La noche más larga; un thriller de Netflix que ya se ha colado entre lo más visto de la plataforma.

¿Cómo se ve en la serie? Leí que antes se examinaba demasiado.

Ahora ya tengo un poco de tablas y me distancio. Veo en qué he contribuido a la historia y en qué no, veo cuánto hay de Alberto en el personaje. En los mejores trabajos consigo distanciarme, le presto mi cuerpo al personaje.

¿Cómo es eso de que piensa en animales para preparar los papeles?

A veces, me gusta imitar animales pero es junto a otros elementos. Tiene que ver con recrear la esencia del animal, más que con imitarlo. Algo de esa energía, algún gesto del animal... eso es lo que le das al personaje. Por ejemplo: un deje de la cabeza puede venir del trabajo con una paloma. Lo interesante es poner algo externo en el cuerpo de uno, dialogar con el ego y apartarlo a un lado. Que haya una libertad creativa más allá de lo que uno tiene como carácter, eso es lo más difícil de este trabajo. A Meryl Streep en La dama de Hierro la ves caminar como una señora muy mayor, cuando ella está espléndida físicamente... Es lo que que logran los que están en las primeras ligas.

¿En qué liga está usted?

No estoy en la primera liga. Creo que soy un actor que va trabajando mejor cada vez, que va creciendo. Tengo 43 años, no 28 como en Celda 211, he trabajado mucho. La experiencia me va dando pistas.

¿Se considera ambicioso profesionalmente?

¿A dónde espera llegar?

A mí me gustaría tener algo que no conozco que es la seguridad económica.

Y se troncha de la risa. En 2020, en una entrevista en plena pandemia, Alberto Ammann dijo que menos mal que tenía unos ahorros. ¿No venía entonces de triunfar con la serie Narcos? "No sé qué se piensa la gente, pero los actores y actrices que ganan muchísimo dinero son esos que juegan en primera línea. El resto... puedes cobrar bien, pero luego pagas el 47% a Hacienda y luego no trabajas durante dos años y ¿qué haces? El problema de nuestro trabajo es la intermitencia".

Pero Narcos fue un éxito global...

Le puedo asegurar que no soy el único. Tengo compañeros que trabajan súper bien y están con líos de dinero. Yo estaba rodando Narcos: México, la temporada tres, y se paró el rodaje. Volví a Madrid, a encerrarme en casa. Y a comer de los ahorros, como todo el mundo, supongo, salvo la gente que vive al día, la que no come si no trabaja un día.

Usted sabe de eso, ¿no?

Yo trabajaba como camarero y cobraba una porquería. 72 horas semanales, de lunes a sábado, me acuerdo, 12 horas al día; eso me liquidó físicamente. Pero era joven, y argentino, que, para lo malo y para lo bueno, nos ha abierto más puertas que a bolivianos o ecuatorianos. La discriminación estaba a la orden del día, pero no es una discriminación que no haya en Argentina. A mí me explotaron. Cuando no tienes papeles el ejercicio de presión es más fácil, porque no tienes dónde elegir. En la construcción, donde tengo amigos, se da mucho eso. Yo no he vivido esa parte, es peor.

Ammann, claro, es argentino. Pero su apellido tiene origen suizo-alemán; viene de la congregación de los menonitas. "He tenido unos acentos duros, ¿eh?", se bromea. "Gente muy muy fundamentalista en su religión, personas que vivían bajo el miedo a Dios de una manera extrema. Y en la familia había una división tremenda con los nazis: había muchos a favor y muchos en contra. Mi bisabuelo estaba en contra y un día echó de su casa a un primo alineado con los nazis. Es lo que hacen los movimientos políticos que tienen un discurso agresivo: separan a la gente. En Argentina he visto familias rotas por discusiones políticas y eso viene de los medios, que dejan que dos tarados se escupan en público. Luego la gente se compromete de una manera tan loca con los que están ahí, en la tele, que hace lo mismo con su hermano".

¿Usted es religioso?

No practico ninguna religión, pero sí hay algo inexplicable, que pertenece al misterio. A veces le pido a Dios.

Sobre la política, le he escuchado que le habría gustado participar.

Mi padre y mi madre fueron activistas políticos, fundadores del Partido Humanista argentino en 1984. Cuando tenía ocho años mi padre hablaba conmigo de política como con un adulto... Yo estuve aquí, en España desde los dos meses hasta 1982, cuando volvimos a Argentina y estalló la guerra de las Malvinas. Aquello salió mal, porque mi madre no quería criarme aquí por los líos que había con la heroína y todo esto, estaba asustada. Se fueron a Argentina y estalló la guerra.

¿Dónde querría haber sido político?

En Argentina, pero esa ensoñación ha ido desapareciendo. Me considero una persona que sabe de política porque he estudiado y porque he vivido muchísimos años rodeado de gente que estaba en la acción política. Pero cuando vine aquí en 2001 porque en Argentina estábamos al borde de una Guerra Civil, llegué a estudiar Arte Dramático, no Políticas.

Ahora le tengo que pedir un análisis de la política española...

He tenido la fortuna de viajar mucho por el mundo, por esta profesión. Creo que los problemas son más o menos lo mismos en todos los países. Creo que hasta que el pueblo no tenga realmente una democracia real no va a haber un cambio.

¿Qué es una democracia real?

No concibo que para votar a una persona haya que esperar cuatro años, eso no es una democracia, es un paripé y una mentira. Hay una tecnología, el blockchain, que en teoría es incorruptible. Podríamos votar desde el teléfono, le daríamos a la gente una herramienta con la que tomar decisiones, no digo sobre todas las leyes, porque eso sería un caos...

¿No sería una locura cambiar de presidente, por ejemplo, cada seis meses?

Creo que al año y medio puedes saber si las medidas prometidas por un presidente están en marcha. Y, en cualquier caso, es la voluntad del pueblo. El pueblo se va a equivocar, pero... ¿no nos equivocamos ya cada cuatro años? Claro que sí, una vez tras otra. Aquí hay mucha gente que hace política para inflarse los bolsillos de dinero, les importa un carajo la gente. Y hay que sacar a esa gente, quien quiera dinero que se haga futbolista, qué se yo, pero que no se meta en política, porque la política es un servicio para la gente.

Ahora dice que es abstencionista y esto se acaba.

No, no, yo voto siempre que puedo. Voto con mis eternas dudas de qué irá a pasar con mi voto, porque no creo en esta sistema, creo que este sistema está construido por los que hacen dinero, para ellos, por los grandes centros del poder y al resto que nos den. Y eso me lastima porque veo a gente sufrir.

También ha denunciado la presión política que se ejerce en el cine, desde EEUU a otros países.

Hollywood es, por un lado, una industria de gente talentosa creando contenido y sacándolo adelante... Por otro lado, es una herramienta de poder enorme. Lo que yo he escuchado de gente que está metida, que ha estado en reuniones, es: "Si no tengo 60 salas para Spiderman II te dejo de comprar zapatos". Así de claro, es como la mafia a nivel político. Pero esos no son los artistas, son los que tienen reuniones políticas, eso es política.

¿Teme que frases así puedan afectar a su carrera?

Sí, pero yo quiero ser sincero. No voy a hablar aquí como hablo con mi mujer o mis amigos en mi casa, pero el contenido de lo que digo es lo que siento y lo que pienso. Yo sé que esto me puede afectar negativamente, pero tampoco estoy diciendo una marcianada, está en la historia. Lo que pasa es que la historia parece que no hay que verla mucho, porque no vaya a ser que se nos muestre dónde estamos hoy. Antes me preguntaba sobre España: en este país quedan miles de personas en cunetas, aquí hay mucho por hacer. España tiene que sacar a esa gente y enterrarla donde las familias quieran, de un lado y del otro.


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