Ana Peleteiro: ''Que los dos medallistas fuéramos negros le joderá a mucha gente''
07:20
3 Agosto 2021

Ana Peleteiro: ''Que los dos medallistas fuéramos negros le joderá a mucha gente''

Atiende a EL MUNDO desde la Villa Olímpica de Tokio 24 horas después de ganar el bronce en el triple salto. '¿Dónde tiene la medalla?' Mejor no decirlo.

Crónica Ana Peleteiro fue más allá de sí misma para alcanzar el bronce en la final de triple Perfil Ana Peleteiro, la nieta de marinero que no quiso ser bailarina

¿Y la medalla? "¿La medalla? Mira, no me hables. Llevo todo el día buscando dónde dejarla en el apartamento para que no me la roben porque el otro día nos entraron unos... Oye, si te la roban, ¿Sabes si te dan otra?". Y así, Ana Peleteiro, diáfana como nadie, en su primer día como medallista olímpica, habla con EL MUNDO en la Villa. "Aquí hay juerguilla, eh, hay juerguilla en las zonas exteriores, pero llegué tan reventada del estadio que lo único que quería era estirarme en la cama. Eso sí, me fue imposible dormir. Pasé toda la noche comiendo pared", reconoce y, en su cara, el cansancio.

¿Ha podido al menos hablar con sus padres tranquilamente?

No, no, tranquilamente es imposible. Por Whatsapp tampoco es lo mismo, el wifi en la Villa no va muy bien... Hablé con ellos de lo básico, les dije lo que les quería decir, pero prefiero guardarme la charla larga para cuando llegue a Galicia. Eso es lo mejor que me espera. Va a ser brutal. Mi padre es un fanático del deporte de toda la vida y cuando vea la medalla va a flipar. Me dicen que va levitando por la casa, que camina como un Sim.

Allí no tendrá problema por dónde poner la medalla.

Allí ya tiene su huequecito reservado. Las medallas se quedan en Galicia porque allí mi padre las cuida muy bien: las limpia, las mima... Nunca pensó que tendría que guardar una medalla en los Juegos Olímpicos y mira.

Empezó el día de la final, ayer, hablando con su amiga Fátima Diamé de lo mucho que en unas horas le podía cambiar la vida.

Mi pareja, Nelson [Évora, triplista portugués], siempre me lo dice: 'Cuando me proclamé campeón olímpico me cambió la vida'. Yo no soy campeona, pero soy medallista y, aunque aún no soy consciente de cómo me va a cambiar, viendo la repercusión me lo puedo imaginar. Ahora la gente no me conocerá por la tele o por Instagram, me conocerá por mi trabajo. Que te cambien la vida gracias a tu trabajo es a lo que todo el mundo aspira. Aunque yo seguiré siendo la misma, ya tuve mi época de que se me subiera a la cabeza, de no saber gestionarlo.

Ganar un Mundial junior siendo una niña, con 16 años, perder el camino y volverlo a encontrar tiene mérito.

Es muy difícil. Hoy me he encontrado dos chicas que estuvieron conmigo en el Mundial juvenil de Lille, en 2011. '¡Ya han pasado 10 años!', me dice una y le digo: 'Calla la boca, no me lo digas'. ¡10 años! Y resulta que ellas no se clasificaron para la final y yo conseguí una medalla. Eso quiere decir que algo estoy haciendo bien. Me daban por muerta y enterrada durante años y aquí estoy. Quizá podía tener más medallas en Mundiales o Europeos, me perdí durante un tiempo, pero fueron años en los que maduré.

¿Ahora qué recuerda de su adolescencia en el CAR de Madrid?

Yo en el CAR disfruté, me lo pasé pipa. Cuando eres una chavala y estás sola en Madrid lo normal es que te despistes. Y más yo, que soy hija única, que mis padres me habían llevado siempre en brazos. De repente caí en Madrid, con muchas distracciones... pero mira, a día de hoy, tengo 25 años, no me gusta salir de fiesta, no me atrae en absoluto y eso me ayuda a centrarme en mi trabajo. Quemé la fiesta, estuve saliendo desde los 14 y me aburrí de ese mundo. Mira dónde estaba hace cinco años.

...

Ayer, antes de la final, el iPhone me recordaba una foto de hace cinco años: no había ido a los Juegos [por lesión] y estaba de fiesta en Sanxenxo, puedes imaginarte cómo. No me sentía nada orgullosa de esa foto, pero al mismo tiempo pensé que me fue bien aquel verano para replantearme mi vida y empezar de cero. Miraba el teléfono y pensaba: 'Madre mía, chavala, cómo te ha cambiado la vida. Olé tú'.

Después de ganar la medalla habló de los "demonios" en su cabeza. ¿A qué se refería?

Todos tenemos nuestros demonios en la cabeza, nuestros miedos y debemos aprender a frenarlos, a decirles que no. De repente, ves que tienes una inseguridad que nace de un trauma de cuando eras pequeña y dices: '¿Pero cómo aquello me puede afectar ahora?'. Pues te afecta. Tengo la suerte de trabajar con una profesional, mi coach Rebeca [López], que es muy empática, que me entiende, con la que he conseguido abrirme y me ha ayudado mucho. Desde el Mundial de Doha de 2019 me ha ayudado muchísimo.

¿Por qué desde entonces?

Fue un mal año. Venía de ser campeona de Europa, pero tuve muchos problemas, muchas lesiones y quedé sexta en el Mundial. Jolín, fue un bajonazo. Estaba muy, muy mal psicológicamente y el año pasado, en 2020, con el confinamiento, me replanteé mi vida al completo. Empecé a cuidar mi cabeza, a tratar mi salud mental porque estaba muy, muy, muy mal. Tenía un luto por el fallecimiento de mi abuela que no había superado, tenía muchas heridas del pasado por curar... Todo eso no me dejaba ser feliz. Ahora sé gestionar mis emociones. De hecho, si gané una medalla olímpica es porque supe gestionar mis emociones. El coronavirus fue un desastre, tuvo cosas horribles, pero todo lo malo trae algo bueno y yo supe sacarle provecho a estar cuatro meses sola en casa. En vez de quedarme llorando porque estaba sola, me dediqué a sanarme.

Habla de su 'coach'. En estos Juegos ha reivindicado el equipo por encima del individuo.

Es que, aunque el atletismo sea un deporte individual, una sola no es nadie. Yo me puedo esforzar mucho, pero si no tengo un equipo detrás que me levanta cuando caigo, que me pone en el camino cuando me despisto, que me dice 'tranquila, Ana, poco a poco'... Si no tengo ese equipo, no soy nadie. Sin ellos no estaría aquí hoy. Estaría donde estaba hace cinco años.

Y otra reivindicación: con su bronce y la plata de Ray Zapata, está claro que España es diversa.

A mucha gente le joderá que los dos medallistas de España ayer fuéramos negros. Pero es la evidencia de un cambio. De que la mezcla es súper buena, de que la mezcla enriquece a un país, de que la mezcla es lo mejor que hay. Quien no lo quiera ver es porque es tonto porque no hay nada más bonito que mezclar dos cosas buenas, joder.

La última: ¿Qué le dice Yulimar Rojas?

Con Yulimar estamos todo el día de risas. Hoy hemos ido juntas a por las medallas, hemos comido juntas... con ella todo son risas. Para mí es una suerte entrenar con ella y es una suerte haber nacido en su tiempo. Podría agobiarme y pensar que es una desgracia haber coincidido con ella, pero es todo lo contrario. Ella hace que crezcamos todas las demás. Ahora está en otra galaxia, eso es obvio, pero si trabajo un poco más, si me cuido un poco más, si me esfuerzo un poco más, quizá en un tiempo esté sólo en otro planeta. Y luego todas tenemos días buenos y días malos. Igualmente espero que todo el mundo disfrute de ella porque una atleta así nace cada 100 años.


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