Aquella navidad de Harry Potter y El Señor de los Anillos
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26 Diciembre 2021

Aquella navidad de Harry Potter y El Señor de los Anillos

Se cumplen 20 años del estreno en cines de las dos sagas que cambiaron la historia de la cultura popular.

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Corrían las navidades de 2001 y la odisea no sucedió en el espacio, sino en las salas de cine. Allí se reunieron niños, adolescentes y adultos en torno a dos películas-evento que marcarían el devenir del cine... y lo siguen haciendo a día de hoy. Hablamos de La comunidad del anillo y Harry Potter y la piedra filosofal, las primeras entregas cinematográficas de las sagas creadas por J.R.R. Tolkien y J.K. Rowling, los dos mejores ejemplos de cómo los mundos fantásticos, el fandom y las franquicias iban a tomar por asalto la cultura popular.

Si La guerra de las galaxias y Star Trek habían convertido la ciencia ficción en un género apetitoso para las majors, hasta la llegada de Frodo, Gandalf y Aragorn a los cines, la fantasía épica seguía considerada como exclusivo reducto de chavales con gafas que se pasaban las tardes jugando al rol (¡y a mucha honra!). En cuanto a las adaptaciones de sagas literarias para público juvenil, tampoco parecían la mejor de las inversiones. Aunque la versión cinematográfica de Potter vino precedida por récords de ventas en librerías, nadie se había atrevido a plantear una epopeya juvenil en ocho entregas como el faro que iba a señalar el camino a seguir para las futuras adaptaciones de Las crónicas de Narnia, Crepúsculo o Los juegos del hambre.

Hace dos décadas, en taquilla reinaban aún las películas que no formaban parte de ninguna franquicia: en el top 50 con mayor recaudación de la década de los 90 sólo aparecen 10 secuelas, tres de ellas con James Bond al frente. Las mayores superproducciones de género de aquellos años -Parque Jurásico, Men In Black e Independence Day- se plantearon originalmente como una sola película, y sus secuelas fueron una consecuencia de sus respectivos éxitos, no parte de un plan prefijado.

Escena de 'La comunidad del anillo'.Escena de 'La comunidad del anillo'.

Por eso era tan arriesgado el movimiento de New Line Cinema y Warner, las productoras de estos dos hitos del cine millennial. La segunda entrega de Harry Potter se rodó pocos días después de que se estrenara la primera, mientras la estrategia de El Señor de los Anillos fue aún más ambiciosa: se rodaron las tres partes de la trilogía de manera simultánea Nueva Zelanda para ahorrar dinero, aprovechando los decorados y la disponibilidad del reparto. Una idea que podía haber acabado en catástrofe financiera si la primera entrega no hubiera arrasado en taquilla.

Potter, además, demostró el poderío de los fans y su apego incondicional a la franquicia, con su propensión a volver una y otra vez al cine para ver cómo se desarrollaba una historia de largo recorrido contada a lo largo de toda una década. Toda una generación de espectadores creció a la par que los protagonistas de la saga. De hecho, es muy posible que el Universo Cinematográfico de Marvel y su crecimiento exponencial fueran una quimera si el niño mago y sus amigos no hubieran demostrado primero que el terreno que pisaban los superhéroes era seguro.

Tampoco se entendería el descomunal impacto de Juego de Tronos sin la épica aventura de Frodo y compañía. En el documento original que elaboraron D.B. Weiss y David Benioff para vender la serie a los mandamases de HBO, describieron el mundo creado por G.R.R. Martin como «Los Soprano en la Tierra Media». La trilogía de Peter Jackson, al igual que hizo la de Tolkien en lo literario, abonó el terreno para presentar un mundo fantástico más oscuro, sucio y realista. Para que Juego de Tronos subvirtiera las expectativas pasándose por la piedra (en muchos sentidos) a varios de los personajes principales, El señor de los Anillos tuvo que crear esas expectativas con anterioridad. Sin ese paso inicial, tampoco estaríamos hablando ahora mismo de las adaptaciones de The Witcher y La rueda del tiempo, dos de las series más vistas en Netflix y Prime Video en este preciso instante, aunque el resultado diste mucho de alcanzar el de sus referentes literarios.

Las consecuencias parecen claras, pero ¿cuáles fueron las razones de semejante éxito? La resaca del 11-S, con la ficción convertida en refugio y escape ante un mundo que se desmoronaba, el colosal sentido del espectáculo de ambas películas pero, sobre todo, la devoción y el respeto de sus responsables por lograr la máxima fidelidad posible a los universos originales de los libros. El productor de Harry Potter, David Heyman, y el director detrás de la recreación de la Tierra Media, Peter Jackson, supervisaron sus respectivos dominios con un amor desbordante por el material de Tolkien y Rowling. ¡Chupaos esa, Sauron y Voldemort!


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