Arde el Oeste americano: un cóctel de sequía, calor extremo y tormentas eléctricas aviva los incendios
12:46
14 Julio 2021

Arde el Oeste americano: un cóctel de sequía, calor extremo y tormentas eléctricas aviva los incendios

Una nueva ola de calor ha alimentado una cadena imparable de incendios que ha calcinado ya más de 400.000 hectáreas, una superficie equivalente a la mitad de la Comunidad de Madrid

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Las alarmas se han encendido temprano este verano en el oeste de Estados Unidos. Una nueva ola de calor, con temperaturas récord en varias partes del país, ha contribuido a una cadena de incendios -unos 60- que ya ha consumido más de 400.000 hectáreas de terreno, aproximadamente la mitad de la comunidad de Madrid.

Una docena de Estados se están viendo afectados por un cóctel letal de sequía, calor extremo y tormentas eléctricas que ha puesto en jaque a los equipos de bomberos, desde California hasta Alaska y con Canadá como parte del inquietante escenario.

En Oregon la preocupación es máxima por el Bootleg, un incendio que ha calcinado más de 80.000 hectáreas -el doble del área de Portland- y que está fuera de control. Su avance se ha convertido en una amenaza para la red eléctrica que conecta el Estado con California y ha desembocado en miles de evacuados que temen perder sus casas. Unas 2.000 están bajo amenaza y 21 ya se han perdido.

La situación fue tan compleja el sábado que los bomberos tuvieron que abandonar la escena "por temor a perder la vida", de acuerdo al relato de las autoridades locales. La preocupación es máxima por la violencia del fuego, que se ha duplicado en tamaño en solo tres días, y por producirse al inicio de la temporada de incendios. "El comportamiento del fuego que estamos viendo en el Bootleg está entre los más extremos a los que nos hemos enfrentado", según indicó en un comunicado el jefe de bomberos Al Lawson.

Temperaturas sin precedentes

Los expertos locales hablan de una situación sin precedentes, lo mismo que las altas temperaturas que han vuelto a reventar récords en varias localidades. Se han marcado máximos históricos en lugares como Grand Junction, Colorado (41 grados) y Salt Lake City (40). Aunque nada como Death Valley, en pleno desierto californiano, que el viernes coqueteó con la temperatura más elevada jamás registrada a nivel planetario: 56,6 grados centígrados.

En Portland, los 44 grados centígrados de hace unos días constituyeron una nueva marca que dejó un saldo de 116 muertos en todo el Estado, muchos de ellos hallados en casas sin aire acondicionado o ventilador. Al norte, en Washington, la cifra de fallecidos asciende a 78 desde finales de junio, con más de cuatro incendios activos.

En California se han quemado más del doble de hectáreas en los primeros seis meses del año en comparación con el mismo periodo del año anterior, y eso que 2020 fue el peor año en ese aspecto en la historia del Estado Dorado. Junio se saldó con varios incendios en las zonas rurales y el norte de la región. Julio va camino de superarlo con creces.

El llamado Sugar fire ya ha arrasado 33.500 hectáreas y se ha llevado varias casas por delante en la pequeña localidad de Doyle, obligando a otras 3.000 personas a evacuar sus residencias en los condados de Lassen y Plumas. Es uno más que añadir a un 2021 con 4.600 incendios registrados solo en California, 800 más que hace un año. De ahí que el gobernador, Gavin Newsom, haya declarado el estado de emergencia y haya pedido a la población una reducción del 15% en el consumo de agua.

"Los números dan miedo y la aceleración en el número de incendios este año es realmente preocupante", dice a PAPEL William Deverell, profesor de Historia de la Universidad del Sur de California y cabeza del programa The West on Fire que estudia el impacto de los incendios en el oeste del país. "Estamos ante un problema científico mayúsculo que requiere que actuemos con urgencia".

Deverell habla de "una cultura de supresión del fuego de más de 100 años" que ha desembocado en este fenómeno de incendios cada vez "más poderosos y agresivos, alimentados por la relación indisoluble entre cambio climático y sequía". Su propuesta pasa por volver a los incendios controlados "que revitalizan el bosque, ayudan a que se regenere y añade nutrientes a la tierra. Los pequeños incencios de forma regular son necesarios, forman parte de un ciclo regular con el que hemos acabado y que hay que recuperar".

Por delante quedan los peores meses históricamente, septiembre y octubre. Lynne Tolmachoff, portavoz Cal Fire, la autoridad antiincendios del estado, teme que persistan las olas de calor y la sequía. "Creo que no veremos lluvia significativa en meses", aseguró. Eso después de una temporada seca y con escasez de nieve en las cumbres que ha propiciado incendios en zonas de mayor elevación que en el pasado.

En el norte de California, los rayos desataron las llamas en el llamado Beckwourth Complex, el foco más peligroso hasta el momento, con un 26% controlado hasta el momento tras días de batallas contra el viento y el calor extremo. Las órdenes de evacuación para más de 3.000 residentes de áreas remotas del norte también han afectado a Nevada. Otros Estados como Wyoming, Arizona, Idaho o Montana se han sumado a la lista de la lucha contra las condiciones meteorológicas adversas. El panorama en el viejo oeste empieza a ser desolador.


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