Autónomos y pymes, sin colchón para una nueva crisis: ''Hemos gastado todos los cartuchos que teníamos y ya no queda más''
12:48
1 Agosto 2022

Autónomos y pymes, sin colchón para una nueva crisis: ''Hemos gastado todos los cartuchos que teníamos y ya no queda más''

Asociaciones y empresarios se muestran preocupados ante la llegada de una nueva crisis cuando ya se han agotado sus recursos financieros

Punto de inflexión (IV) La congelación de precios en telefonía crea nuevos gigantes en el sector Punto de inflexión (III) De transición energética a soberanía energética: "No estamos viendo bombardeos físicos, pero estamos viendo bombardeos económicos"

La crisis sanitaria y el confinamiento forzoso de varios meses a comienzos de 2020 pueden parecer ya lejanos, pero sus consecuencias se siguen notando. Está ligada, en cierto modo, a la crisis energética y, de forma más directa, a la de materias primas. Con la luz ya disparada se produjo la invasión de Ucrania y el gas y el petróleo se encarecieron aún más. Todo ello afectó directamente a los autónomos y pymes de España, que no terminan de salir a flote en medio de aguas turbulentas y advierten que ya no hay músculo financiero para hacer frente a otro golpe de mar. Si viene otra crisis, para muchas será la última.

"La vaca se ha quedado sin leche", ilustra el presidente de ATA, Lorenzo Amor. "Muchos autónomos ya no tienen colchón, ni económico ni financiero", continúa el directivo. Eduardo Abad, presidente de UPTA, coincide en valorar la situación con preocupación: "Hemos gastado toda la sangre que teníamos y ya no queda más en el banco". Demasiadas crisis y demasiado juntas han acabado con la capacidad de hacer frente a los problemas del tejido empresarial español, compuesto en su mayoría por pequeñas y medianas empresas.

El problema, en opinión de Amor, es que "se ha recuperado la actividad, pero no el colchón financiero de los autónomos y las pequeñas empresas". A esto se suma que, además, "ahora están haciendo frente a la devolución de los ICO y préstamos de la pandemia" en un momento en el que la inflación también preocupa. Varios sectores afectados por el aumento del coste de la luz -industria, agricultura, comercio o transporte- han perdido autónomos en el último año.

En este sentido, el directivo recuerda que los datos de afiliación a último día de junio "han sido nefastos" y por primera vez en 11 años se pierden autónomos en este mes. Para ATA, incluso datos positivos como el crecimiento de autónomos tienen una lectura negativa, porque son pobres comparados con los últimos ejercicios no pandémicos. "Con estos datos en primer semestre, apunta que 2022 será un año en el que se pierdan autónomos", explica Amor.

También Abad cree que los números son malos incluso cuando en términos netos se puede apreciar una subida del número de trabajadores por cuenta propia. "Esto es engañoso porque cíclicamente en todas las crisis ha pasado que cuanto peor y más dura era la crisis, más autónomos se daban de alta", explica. Si el mercado de trabajo expulsa a los trabajadores, muchos se dan de alta para continuar con algún tipo de actividad, como sucedió en 2008. En este caso, sin embargo, no aparecen nuevos autónomos en el mercado. "Por ejemplo, el sector del pequeño comercio, lejos de parar o frenar su caída, continúa en caída libre", detalla. El verano da un respiro, pero temporal: "Cuando termine el periodo vacacional, lo que se ha perdido en estos sectores no se va a haber recuperado".

Lo excepcional en este caso es, por un lado, la naturaleza sanitaria de la crisis y, por otro, que se entrelazan y convergen varias relacionadas entre sí. La de materiales, por ejemplo, fue causada en parte porque con la llegada de las vacunas y el fin de las restricciones la economía se puso de nuevo en marcha a mayor velocidad que las cadenas de suministros. Pero todas tenían en común que golpearon a negocios y ciudadanos.

"Nunca se había dado esa situación de dos factores simultáneos que pongan patas arriba la economía española, europea y mundial", contextualiza Abad. Ni siquiera la de 2008 -"una crisis muy dura"- le parece comparable, aunque sí quiere recordar que "se tomaron decisiones muy equivocadas de las que pagaron las consecuencias fundamentalmente las clases menos pudientes". Para esta, la receta debe ser otra: "No se trata de bajar salarios para amortizar la situación". Es una crisis de consumo y Abad cree que hay que volver a poner en marcha la locomotora para que la economía sea capaz de coger velocidad. Si no, cerrarán las empresas.

Endeudados

Paloma Jáudenes, dueña de la cadena Pequeña Moma, es una de las empresarias que deberán cerrar. O no; depende de cómo se den los próximos meses. Por el momento está en preconcurso de acreedores por el dinero de los créditos ICO que debe al banco. "El pequeño comercio, el autónomo y la mediana empresa es quien más lo ha notado", se queja. Respecto a las ayudas que hoy tiene problemas para devolver, considera que "es pan para hoy y hambre para mañana", sobre todo, según denuncia, porque muy pocas compañías han podido extender los plazos. Pasó -en cierto modo- la pandemia, pero la crisis vino acompañada de otras: "Nadie sabía que esto iba a durar más y no nos hemos recuperado".

"Suben los salarios, sube la luz... Estamos sobreviviendo", lamenta la empresaria. "¿Cómo no voy a poner el aire acondicionado? Las tiendas las tengo en la región de Murcia, con el calor que hace. Es que se me van las clientas. Y no te digo las trabajadoras, que se asfixian".

Una queja común entre empresarios y asociaciones es la dificultad de repercutir estos precios a los clientes, porque todos los productos están más caros. La competencia es mayor y el margen de maniobra, menor. "A mí, por ejemplo, no se me ocurre repercutirle al cliente la luz porque a mí me haya subido", explica Jáudenes, que también se queja de que de un mes para otro también puede subir, por ejemplo, el algodón, por lo que debería cobrar a distinto precio una misma prenda, pero no puede hacerlo. Además, la inflación también les afecta cuando tienen que hacer ellos la compra. "Yo, como autónoma, lo noto en la empresa y lo noto en mi casa, que encima tengo cuatro hijos", recuerda Jáudenes. "Es una espiral".

Invierno sin gas ruso

El contexto no da mucho espacio para el optimismo. Hay datos positivos y se ven los proverbiales brotes verdes de la recuperación, pero la duda es si tendrán tiempo a madurar; si esta vez se fortalecerán las raíces y el árbol crecerá hasta dar frutos o si se secará para siempre. En el horizonte, el otoño y el invierno sin gas procedente de Rusia y el temor a que caiga la economía alemana y arrastre con ella la de toda Europa, que depende de su plan de contingencia para evitarlo.

"Estamos vendiendo, pero también estamos pasmados porque todo el mundo avisa de lo que viene en septiembre", expone la autónoma. "Hemos hecho de todo, como miles de empresas; hemos negociado los locales, con proveedores, contención del gasto, reducción de jornada, hasta nos hemos cambiado de almacén logístico a uno que el alquiler costaba la mitad", enumera. "Vamos hacia un tiempo incierto, duro y muy complicado".

Eduardo Abad también advierte de la necesidad de proteger a trabajadores y pequeños empresarios, especialmente ahora que no tienen colchón. "Al final estamos todos en el mismo barco, lo que pasa es que parece que unos viajan en primera clase", expone. "Es como el Titanic: los que pagaban más pensaban que habría botes salvavidas para todos, pero al final los pobres se murieron... ¿y cuántos ricos quedaron?". Así, el presidente de UPTA denuncia que "no podemos destruir el 90% del tejido productivo para que el 10% sea el que acapare económicamente y financieramente todos los resultados". Paloma Jáudenes, mientras, resume estos dos años y tres crisis de lucha con resignación: "Hay decepción, pero bueno, yo voy a seguir luchando; no tiro la toalla".

Menos altas, más bajas y mayores costes

Lorenzo Amor cree que no hay que esperar al invierno para hablar de recesión, porque "la crisis está aquí". "Hay menos altas por la incertidumbre y más bajas por no poder aguantar los incrementos de costes", contextualiza el directivo. "Los costes de la energía han fundido a muchos autónomos", explica, mientras que con la pandemia "caímos de golpe de la planta 12 a la 0". Tras dos años "muy duros", todavía no se puede hablar de recuperación: "Algunos están en la tercera o la cuarta y otros en el sótano".

En cualquier caso, están "muy preocupados por lo que pueda venir en otoño, cuando, desgraciadamente, si no cambia la situación socioeconómica en España y en el entorno europeo, va a ser complicado mantener los empleos que se están creando en estos momentos".

Eduardo Abad también cree que, pasado el verano, "vamos a ver que ha desaparecido de forma neta el número de autónomos" en los sectores con más actividad en esta época. La solución pasa por hacer "una transformación total del mercado de trabajo por cuenta propia". "Tenemos que diseñar una estrategia que cambie totalmente la forma de entender lo que son los nuevos yacimientos de autoempleo, la transformación a través de la digitalización, de la formación", expone. Si se consumen los fondos europeos sin transformar el mercado, "lo único que tendremos será una incontinencia económica fugaz que va a llegar cuando los recursos económicos estén, pero que se acabará cuando los recursos se marchen".


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