Benzema acaba con la resistencia de un encomiable Espanyol
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29 Agosto 2022

Benzema acaba con la resistencia de un encomiable Espanyol

El delantero francés resuelve un duelo en el que el conjunto blanquiazul remontó el gol de Vinicius y llevó al límite al Madrid en Cornellà.

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Un equipo es mucho más que una suma de nombres. Lo demostró este Espanyol que Diego Martínez cose con retales, aunque acabara hasta sin portero tras una controvertida jugada, VAR mediante. Ahí tienen a un entrenador de los buenos. Después de verse sometido por un Madrid autoritario, reaccionó con un plan y un corazón para exigir lo mejor del campeón, y lo mejor siempre lo pone Benzema. [Narración y estadísticas: 1-3]

El entrenador del chaleco es otro y no es hombre de frivolidades. Ancelotti es un clásico, y a los clásicos no les gustan los cambios radicales. Las rotaciones lo son. Las anuncia como necesarias, pero no son de su gusto. En Cornellà, un lugar intenso, las justas. Sabía por qué. Apareció Rüdiger para desplazar a Alaba a la banda, además de Lucas Vázquez en la derecha. El resto fueron los que, hoy, jugarían un clásico.

Entró duro el Madrid porque este es un equipo duro, a cuya calidad se añade un nivel físico espectacular. La llegada del central alemán o Tchouaméni lo acentúan, a pesar de la salida de Casemiro. Que Valverde se mantuviera en el once, también el día en que regresaba Rodrygo, tiene mucho que ver con eso. El brasileño saltó al campo, junto a Camavinga, cuando era necesario algo más frente a un rival más incómodo de lo esperado. El entrenador clásico acertó.

Se trata de un Madrid autoritario en la disputa, con los recursos ofensivos que ofrecen Vinicius y Benzema, en el desborde o la asociación y la definición, y temible a balón parado. Pero no es invulnerable, como demostró un Espanyol desacomplejado. Como ya probó en el Granada, Diego Martínez sabe lo que hace. Con lo poco que le han dejado y Raúl de Tomás en tierra de nadie, fue capaz de dar batalla al Madrid. Los tiempos de necesidad son también de oportunidad y a por ella va con fuerza el joven Rubén Sánchez, que pasa de un filial del montón a ganar duelos a futbolistas del Madrid, como un maletilla que hace lunas en cueros. Con tipos como él, el fútbol vuelve a los orígenes, sin tanto confeti.

EL VALOR DE TCHOUAMÉNI

La marcha de Casemiro no ha asustado a Tchouaméni. Al contrario. Si en Vigo ya tuvo participación en dos goles, en Cornellà fue capital en el primero. Tiró una pared en los tres cuartos y filtró un pase al espacio mirando al tendido, a lo Laudrup. Vinicius lo atacó como un felino y prolongó el balón en diagonal para engañar a Lecomte. No era casual que Tchoauméni estuviera en ese lugar, en absoluto. Pasó el francés buena parte del partido en la posición del interior, la propia de Modric, en una floja versión el croata, mientras Kroos daba un paso atrás. Puede hacer cosas de las que hacía Casemiro, y será necesario, pero tiene más vuelo y un físico imponente.

La profundidad y descaro de Vinicius son tales que el Madrid lo busca permanentemente. Su peso ofensivo crece, sobre todo cuando es necesario superar piezas en una defensa muy replegada, como la que dispuso Diego Martínez. Vinicius sometió a Óscar Gil, bravo en el duelo, provocó una parada de Lecomte y lanzó ligeramente alto en otro remate, además del gol logrado en el primer tiempo. Fagocitó el peligro del Madrid, quizás demasiado.

RUBÉN, UN JOVEN EJEMPLAR

Al Madrid le faltaron otras opciones para haber constatado en el marcador un dominio aplastante durante media hora. El Espanyol salió de su cueva para evitar el bombardeo y en la estirada se encontró a sí mismo. Darder decidió, el ejemplar Rubén empujó y Joselu marcó después de forzar a Courtois y de que el rechace del balón le favoreciera.

El empate no le hizo volver al punto de partida. Todo lo contrario. Aceptó el intercambio de golpes tras el descanso. Courtois sacó su mejor mano a remate de Joselu y Lecomte detuvo el disparo de Benzema, ya conectado, después de que Ancelotti pusiera en el campo a Rodrygo y Camavinga. Dos agitadores para abrir el campo, para zarandearlo.

Lo hizo Camavinga a la primera, en solitario, depositario de un fútbol salvaje. En su mejor carga, el francés conectó con Benzema en ligerísimo fuera de juego. A la siguiente asistencia, esta vez del brasileño, Benzema estaba un paso atrás, en el sitio justo para sostener el pleno del campeón casi en el límite. Más allá añadió otro gol, de falta y de cómic, sin barrera y sin portero, con Cabrera bajo palos por expulsión de Lecomte. Ese final no lo merecía el Espanyol.


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