Beyoncé, dueña y señora de 2022 con un disco para la historia
18:21
17 Diciembre 2022

Beyoncé, dueña y señora de 2022 con un disco para la historia

Su disco de celebración tras la pandemia es una obra maestra de la música de baile que combina a la perfección innumerables referencias y estilos

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Esto ya lo saben, pero se lo voy a decir de todos modos: hay muy pocas cosas que nos hagan humanos. Es decir, ¿qué define a toda la humanidad en su conjunto? ¿Qué compartimos en todas las culturas, en todas las épocas, a lo largo de la Historia, con hache mayúscula? Las grandes preguntas lo dejan a uno con cara de bobo. Vayamos a lo más elemental: compartimos la música, el baile y las ganas de echar un quiqui. Tres deseos universales interconectados, todo seguido, una cosa detrás de la otra, música-baile-quiqui, una cadena como una ristra de salchichas. No me pregunten qué tienen que ver las salchichas con todo esto, era solo un ejemplo.

Beyoncé pasó la primavera de 2020 confinada en alguna de sus mansiones. Aquello también definió a toda la humanidad. El confinamiento, no las mansiones. Estar encerrados durante meses con nuestras familias y cientos de rollos de papel higiénico no ayudó a la salud mental de los que poblamos esta pequeña canica azul que da vueltas sobre su eje a una velocidad de 110.000 km/h alrededor del Sol. Pero también nos empujó a reflexionar sobre las cosas esenciales de la vida.

Y Beyoncé, que en 2022 ha celebrado 25 años de carrera discográfica, algo sobre lo que por cierto también pueden y deben reflexionar porque ya nada dura 25 años, y menos los mitos, pues Beyoncé, como digo, tras esos largos e intensos 25 años de ser una diosa pluscuamperfecta del pop, 25 años siendo la mejor mientras el resto de estrellas intentaban desesperadamente diferenciarse y pasar por artistas únicos, va y hace el mejor disco de su vida, y, ajá, el disco del año: Renaissance, un canto al renacimiento existencial tras una temporada de dolor y muerte. Beyoncé confinada (en su mansión) pensando que era el momento de recuperar todo lo que habíamos perdido. Lo más elemental, ya saben: la música, el baile y las ganas de echar un quiqui, en cadena e, incluso, en tirabuzón.

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La música es uno de los grandes vertebradores de las comunidades, el es superglú de los pegamentos sociales, una energía atómica que fortalece a los grupos y las relaciones, su cohesión, su identidad y, no menos importante, sus ganas de jarana, y con la música va el baile, y no se aflija si usted no baila como Beyoncé porque eso es imposible, varios premios Nobel de Física han intentado explicar cómo demonios lo hace y aún no lo han conseguido. Es mejor hacerlo mal que no hacerlo, y liberar endorfinas, que son la cocaína del cerebro, y dejar que el ejercicio cardiovascular embrutezca los sentidos y encierre en el sótano a ese pelmazo sabelotodo que todos llevamos dentro, y de ahí a intentar arrimar el ascua a la sardina solo hay un paso, uno pequeño para el hombre, pero grande para la humanidad.

Renaissance es literalmente interminable. Acaba y lo vuelves a poner, y lo pones mil veces, luego te aburres, lo dejas un tiempo a un lado, un día vuelves a ponerlo y comienza un nuevo ciclo de mil veces. Es una noche que no quieres que acabe nunca. Sabe saladito, suena cachondo, te inunda de calor, contiene ritmos como azotes, va a una velocidad de 110.000 km/h y es tan sexy que da miedo. Es un delirio. Es una liberación. Es el gran regalo de Beyoncé al mundo. Ya saben a qué suena, pero se lo voy a decir igualmente: tiene disco, funk, house y dance-pop de los años 70, 80 y 90 actualizados de una manera tan brillante que en sus momentos de clímax es una pedrada en la parte posterior del córtex, que es donde se aloja la consciencia: ¡cállate y baila, idiota!

Y sobre este jamelgo de cristal, Beyoncé cabalga como una amazona de fantasía. Cuando el mundo más necesitaba divertirse, la cantante, compositora y productora concibió astutamente, elaboró meticulosamente y remató exuberantemente una catedral del gozo y el disfrute: con rigor académico, sobrada de autoridad, atiborrándose de referencias, con mensajes liberadores y con un amor a la música y al baile que son una celebración en sí mismos.

Eso es: una gran, hermosa e inspiradora celebración de vida.


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