Bruselas ofrece ajustes en el protocolo irlandés, pero no la renegociación total del acuerdo
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14 Octubre 2021

Bruselas ofrece ajustes en el protocolo irlandés, pero no la renegociación total del acuerdo

La UE propone reducir el 80% de los controles sanitarios y el 50% del papeleo aduanero que atormentan a los norirlandeses

Brexit Londres pide a la UE "cambios importantes" en los protocolos aduaneros en Irlanda del Norte

A problemas prácticos, soluciones prácticas. El protocolo de Irlanda del Norte no está plenamente operativo, genera costes económicos y burocráticos importantes y los más afectados en la isla han pedido ajustes, así que Bruselas propone ahora reducir hasta en un 50% las trabas administrativas aduaneras y hasta en un 80% los controles físicos de bienes que no sean de alto riesgo. No es lo que pedía Londres pero sí lo máximo que la UE parece dispuesta a conceder sin poner en riesgo el Mercado Único, la autoridad del Tribunal de Justicia y el espíritu de lo firmado con Boris Johnson tras tres años largos de negociación extenuante. Eso sí: todo condicionado a que Johnson empiece de una vez a cumplir lo firmado, etiquete los bienes que no pueden llegar a Irlanda, construya instalaciones para los inspectores y da acceso en tiempo real a las bases de datos de entrada de bienes.

El paquete anunciado por la Comisión Europea responde a cuatro áreas: las mencionadas de aduanas y exámenes fitosanitarios, pero también al ámbito de los medicamentos y la participación de los actores principales de la zona, desde partidos políticos que quieren interlocución directa con Bruselas a asociaciones civiles y grupos empresariales. La idea es reducir drásticamente el tiempo y los costes necesarios para procesar pedidos, descargar barcos, comprar en Reino Unido. Los empresarios locales se han ido adaptando a la nueva realidad, tienen más o menos controlado el procedimiento, pero explican que es demasiado oneroso, y la nueva batería de sugerencias podría aliviar el grueso de su carga. La decisión, sin embargo, no la tienen ellos, sino el Ejecutivo británico.

La UE está dispuesta a ajustar, a aliviar, a retocar todo lo que es susceptible de mejora, pero se niega a renegociar el protocolo y a renunciar a salvaguardas, tal y como el discurso de Lord Frost de ayer en Lisboa parecía exigir. "Es la única solución viable", explican altas fuentes comunitarias, asumiendo en todo caso que, una vez más, se van a hacer cesiones sin ninguna garantía de éxito y a pesar de los incontables desaires, provocaciones e incumplimientos. Un ejemplo ilustrativo para los vecinos, como Suiza o Turquía, que sí van cumpliendo.

El protocolo se tardó tres años largos en consensuar y está claro que es complicado, duro y conlleva sacrificios, pero es el resultado inevitable del Brexit. No era la única salida pero Londres rechazó todas las demás, desde seguir en el Mercado Único a permanecer en la Unión Aduanera, pasando por el llamado 'backstop', la garantía de última instancia que Theresa May aceptaba para cubrir a todo el Reino Unido. Johnson se negó y prefirió una solución que dejaba expuesta a Irlanda del Norte, y ahora se notan en las calles las consecuencias. "He escuchado a las partes interesadas de Irlanda del Norte y las propuestas de hoy son nuestra respuesta, sincera, a sus preocupaciones. Hemos trabajado mucho para lograr un cambio real sobre el terreno. Esperamos colaborar seria e intensamente con el Gobierno del Reino Unido, en interés de todas las comunidades de Irlanda del Norte", ha dicho asépticamente este miércoles el vicepresidente comunitario Maros Sefcovic, el negociador con Londres desde la salida de Michel Barnier. Lo que hay es culpa de Londres y sus elecciones, pero el pragmatismo debe primar, dice el equipo de Von der Leyen.

Las ideas son sencillas, pero la implementación es complicada, pues Londres no ha cumplido su parte en ningún momento del proceso. No ha dado acceso en tiempo real a las bases de datos aduaneras, no está etiquetando productos, boicotea a los inspectores. La idea es que los bienes que llegan de Reino Unido a Irlanda del Norte para quedarse ahí, sin llegar al mercado único vía la República de Irlanda, pasen menos controles reales. Pero para ello Reino Unido debe comprometerse a hacer lo que debe, desde el etiquetado especificando que los productos no pueden salir de Reino Unido a construir las instalaciones pactadas para los controles fronterizos, pasando por efectuar de verdad exámenes en las cadenas de suministros buscando irregularidades. Bruselas pide a cambio también un mecanismo de reacción rápida para resolver cualquier problema detectado y el derecho a medidas unilaterales si Londres no resuelven deficiencias claramente identificadas. De haber entendimiento, cuatro de cada cinco controles fitosanitarios realizados ahora (sin contar animales vivos) desaparecerían.

En cuanto a la cuestión aduanera, si Reino Unido articula controles y da acceso en tiempo real a las bases de datos se podría eliminar el 50% de todo el papeleo que en la actualidad es una pesadilla para las empresas, importadas o exportadoras. Lo que pasa es que eso ya estaba firmado y nunca se ha aplicado, así que el incentivo perverso para que Reino Unido persista en el incumplimiento es claro.

Si todo saliera adelante, y depende de la negociación que arranca hoy, más empresas, sobre todo pymes, se podrían beneficiar del régimen de exenciones de productos, y la lista de bienes considerados sin riesgo se ampliará. Sobre las medicinas, una de las principales preocupaciones en las calles norirlandesas, la Comisión aceptaría que las farmacéuticas con sede en Gran Bretaña, pero que suministra a Irlanda del Norte, puedan mantener sus funciones regulatorias como hasta ahora, sin necesidad de una sede local como estaba fijado en el protocolo. Quizás el elemento más complicado porque obligaría a la UE a modificar sus problemas reglas, y eso, en función de la fórmula que se escoja, aún por determinar, podría requerir el visto bueno de un Parlamento Europeo muy hostil a Londres.

Bruselas juega la carta de la madurez, un tono paternalista ante un ex socio irresponsable e incumplidor. Hay una parte de la Unión, liderada por la Francia que choca estos días por cuestiones de pesca con sus vecinos del otro lado del canal, que quiere más firmeza, que piensa que hay demasiadas concesiones. Y otra, tan pragmática como conservadora, que prefiere pequeñas concesiones, por injustas y peligrosascomo antecedentes que sean, que ir al choque abierto y arriesgarse a que Londres active el Artículo 16 del protocolo, lo paralice y se desate una batalla legal y arancelaria. Sin Gobierno en Berlín, con elecciones en primavera en Francia y una crisis por el precio de la luz, ya hay demasiados frentes abiertos. Algo que Londres sabe y explota, aunque sea desde una posición debilitada y, en muchas latitudes, incluso ridiculizada.


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