C. Tangana: ''A mi generación le cuesta mucho apropiarse de la bandera de España''
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25 Febrero 2021

C. Tangana: ''A mi generación le cuesta mucho apropiarse de la bandera de España''

“No soy individualista, hago un elogio de la libertad: las mujeres que me atraen siempre son libres” / “Creo en las relaciones abiertas: he estado con chicas y nos liábamos con más gente los dos” / “La apropiación cultural debería llamarse ‘robo’: sacar beneficio económico de una cultura que no visibilizas” / “Soy regulacionista de la prostitución” / “No me identifico con la

Estamos en la planta 20 del hotel Riu de Plaza España: cerquita del cielo nublao’ gracias a un ascensor que habla solo y que no tiene números, como un cohete misterioso que no sabes hasta dónde te va a subir, si allá donde vive ahora Lola Flores, allá a donde se fue El Parrita hace poco o donde se echa dios los cigarros para que hoy estén los aires tan encapotados. Se ven las casitas de ladrillo enanas desde aquí. 

C. Tangana, Pucho, Puchito, acaba de publicar El madrileño -indiscutible disco del año, si no del lustro-, un álbum donde tontea con todos los géneros: lo mismo se hace una rumba pop con los Gipsy Kings que unos acordes con el guitarrista cubano Elíades Ochoa; lo mismo mete a La Campanera de Joselito que a Jorge Drexler, Calamaro o Kiko Veneno en sus temas -ojo a Los tontos, que traslada a las buenas ferias-.

Entrevista a C. Tangana: "Nos ha costado mucho apropiarnos de los símbolos de España" Carmen Suárez

Viene a confirmar, El Madrileño, que si existe una patria, seguro que arranca en España y va a romper en Iberoamérica. Casi todo el rato la patria es la lengua; casi todo el rato la patria son las canciones de amor, las coplillas sentías de acá o de allá sobre los romances abortados, los quiero y no puedo, los te quiero y no puedo, las grandes preguntas del queré, los desencuentros en los puentes y en la vida, como en Rayuela.

Casi todo el rato, la patria es en C. Tangana un ansia de libertad -“te lo juro por mi libertad”, que decía el protagonista de Deprisa, deprisa, colocándola como valor absoluto- que se ve atacada por los demonios del romancero gitano, sus quejíos, sus dolores en las costillas y en las palmas de las manos, allí donde decían que estaban las llagas de Cristo. Hay aquí un sentido sacro del amor, del romanticismo, hay una pasión angustiosa que choca con un hedonismo expectorante que sabe encauzar los dolores de cabeza echándose un after largo y rojo de esos que parecen un sueño. Y mira tú si sanan.

Después del pelotazo de Nunca estoy en plena pandemia -donde cantaba en femenino porque se cansaba de "escuchar a C. Tangana hablando de sí mismo", como nos contó en esta entrevista-, del Demasiadas mujeres -se expió por los dolores de la promiscuidad en medio de un imaginario cañí donde las plañideras y examantes le lloraban-, y tras el éxito de Tú me dejaste de querer donde reivindicaba la música de banquito, de novias del barrio, de pipas y tardes, llegan todas las demás canciones, como catorce cuentas de rosario, y sorprendentemente, se mantiene el nivel. 

Aquí conviven, apretaítos, los dos C. Tangana: el sensible y el desafiante, el poroso y el estoico, aunque ahora va ganando más el primero, porque el artista viene a quitarse las escamas de la tosca masculinidad impuesta para dejar salir a otro tipo que está preguntándose por qué pesan tanto las cadenitas de oro que lleva al cuello y para qué toda esta verbena de billetes, de egos y de marcar paquete, como los toreros.

Un tipo que le canta, fascinado y absorto, a mujeres auténticas y levantiscas que son más rápidas que él, que son más fuertes que él, que son -todavía- más libres que él. Un tipo que empieza a entender que lo mejor de la vida nunca se posee, sólo se admira. Como el arte de los otros; como la belleza de los otros; como la personalidad de los otros.

Lo canta en Cambia y también lo dejó caer en Guille Asesino, que no ha entrado en el álbum. Lo subraya en Ingobernable, un señor temazo que huele a Bamboleo y que sabe a España -como los calamares en un bar del centro, como las servilletas de las tascas, como el cocido y las monjas paseando el Palacio Real-. Ser madrileño, en el fondo, es una forma de estar en el mundo. Un picotear de todas las cosas. Una actitud prometedora donde ninguna caña es la última, donde la fiesta es más larga que la noche y que el tiempo. Una juerga. Un vacileo. Un compadreo. Un no pedir permiso. Un no necesitar invitación para colarte en todos los sitios. 

¿Cuál es el after de referencia de ‘el madrileño’? ¿Qué no debe faltar en el after perfecto? A eso huele Hong Kong

Una casa y una buena selección de música es inigualable. Si fuera un after de Little Spain vendríamos del reguetón de por la noche, de mucha música urbana, y luego eso se va tendiendo a bajar un poco y hay un momento que sale la guitarra y estamos con Víctor y cantamos canciones y a las tres horas vuelve la música pero en otro tono: empieza a salir el son cubano, Elíades Ochoa, Compay, Buenavista… luego de repente hay un momento en el que se pone A tu vera o Sarandonga y llegamos a Lola…

Estamos hablando de un after de tres días, ¿no?

(Ríe). Sí, sí, un after largo. Siete u ocho horas por lo menos. Y acabamos seguramente en Gipsy Kings y El Pescaílla.

Venimos de canciones de Los Chichos que dicen “la honra de una mocita se mancha y no brilla más” y ahora tú cantas “reina dentro y fuera de casa” o “ingobernable, el amor de mis amores”. ¿Hacía falta esta revisión feminista o este cambio de roles dentro de la rumba o de la copla?

Creo que es interesante. Yo he intentado utilizar estructuras, formas y sensibilidades de otra época, de las coplas clásicas, de la música popular clásica pero actualizar el contenido. Algunas palabras, alguna forma de hablar, jerga… y sobre todo las ideas. Ingobernable me gusta mucho. En las pocas veces que me he posicionado políticamente siempre digo lo mismo: hablo sobre la libertad, aunque haya gente que piense que lo hago porque soy muy individualista.

No es así, yo hago un elogio de la libertad. Y las personas por las que más me siento atraídas son completamente libres, que hacen lo que les da la gana, digamos, que son independientes, que no dejan que nadie se les anteponga. Esas personas me enamoran sean quienes sean. Es una personalidad que me atrae mucho. Me gustaría que me echasen ese piropo, que me escribieran ese tipo de canción.

Uno a veces hace las canciones que quiere que le dediquen. 

Ingobernable sí. Ingobernable es una canción que me hubiese gustado que alguien me escribiese. Y además creo que recupera la palabra de otra forma, porque “gobernar” es algo que no sé si tú lo has oído, pero en mi familia se dice lo de “éste se cree que me va a gobernar a mí”, ¿no? Era algo que se decía y es como darle la vuelta a esa expresión popular.

También decía Amadeo de Saboya que los españoles somos ingobernables.

Pues mira (ríe).

En realidad este es un disco de amor sumiso, con excepciones, quizá, como Los tontos o Demasiadas mujeres. ¿Tú amas así, o es que sólo se puede amar así, de forma un poco sometida o fascinada por algo que es más grande que tú?

Fascinado sí. A toda la gente que me ha interesado en la vida he tenido que admirarla; todas las chicas que me han gustado siempre he tenido que admirarlas de alguna forma, ¿sabes? Muchas veces en cosas muy estúpidas, como cómo gestionan sus problemas, pero eso ya me produce fascinación. Y a veces puede ser cualquier cosa. Cuando dicen “¿cuál es tu tipo?”. Yo digo: una mujer a la que pueda admirar. El disco hay muchas formas de verlo. Desde luego es un disco romántico.

Estás blandito, eh.

(Ríe). Es un disco emocional y romántico, yo lo quería hacer como al estilo antiguo, buscar esa sensibilidad.

¿Tú has sufrido mucho por amor?

O sea, yo soy una persona nostálgica y vivo de la nostalgia, entonces… no he sufrido tanto, pero sí me he regocijado ahí muchas veces.

Y de ahí salen cositas.

Sí, es muy inspirador.

Eres un poco maldito.

Eh… sí, sí. De joven era muy bohemio. De adolescente tenía esa cosa… luego te das cuenta de que a nadie le apetece estar en la pena de verdad, pero sí que soy muy nostálgico y mi padre es gallego y tengo como la morriña y un poco de lejos la saudade si me toca. Sí. Vivo en eso.

C. Tangana.

C. Tangana. Carmen Suárez.

¿Tú crees en el poliamor, en las relaciones abiertas: podrías practicarlas en tu vida sin morirte de celos?

Sí. Sí. Yo creo que cada relación con cada persona es completamente distinta y que estaría bien que tratásemos de catalogar menos las relaciones para que todas las relaciones puedan ser todo lo que ellas sean. Que no haya fronteras tan determinadas ni unos patrones que haya que seguir en cada tipo de relación, sino que sean más abiertas. También con amigos, con familia, con cómo deberías comportarte con tu padre, con tu madre… creo que en general debería ser más abierto. A veces he estado con chicas y nos liábamos con más gente los dos.

Y bien, ¿no?

Sí.

Contento.

Sí. Me parece que se puede llevar. No es para tanto, no hay tantos celos.

Demasiadas mujeres. ¿Cuántas? ¿Tantas como Julio Iglesias o menos?

Eh… supongo que menos, pero ya hablaré con Julio.

¿Le conoces?

No, pero me gustaría. Siempre ha sido… no un referente directo, pero hay algo: el rollo que tiene él de internacional y de croner, aunque yo no cante ni mierdas. Tampoco es que él tuviera la mejor voz, pero algo hay ahí.

¿Qué más tienes que hacer para quitarte el machirulismo de encima? Te han criticado por el verso antiguo de “tengo un cohete en el pantalón” -que venía de Mil horas- y por Calamaro tocándose el paquete en el vídeo de Hong Kong.

No lo sé. Que hablen lo que quieran. Yo creo que tengo un disco que habla desde muchos sitios, desde muchos puntos de vista y que es muy interesante y que es muy bonito y creo que hay un discurso detrás y no es el discurso evidente que podía hacer, no es un panfleto que podía hacer para quedar bien. Estoy contento con eso. Y realmente orgulloso de las letras de este disco y de su imaginario.

Últimamente Calamaro cae regular, desde que dijo que era de Vox. No sé si eso te lo planteas a la hora de colaborar con alguien: hostia, esta persona ha sido enjuiciada públicamente y lo mismo me salpica a mí la vaina.

Sí, bueno. Hay muchas cosas en las que no estoy de acuerdo con muchísima gente, pero para empezar yo no creo en la democracia representativa, o sea que por ese mismo argumento no podría llevarme con casi nadie.

Entonces, ¿en qué crees?

Yo creo en que poco a poco nos eduquemos para ser más libres y para tener más responsabilidad sobre nosotros mismos y delegar menos en el poder. Tener más capacidad de tomar decisiones reales sobre lo que nos sucede. No tomar la opción de que la historia de la política se ha acabado en el momento en el que hemos aprendido a delegar el poder en otros cada cuatro años, ¡si es que cada cuatro años cambia algo y no es realmente todo algo un poquito más poderoso que no se puede cambiar y que va más allá de las legislaturas y de una votación…! Es más difícil de cambiar. Yo abogaría por irnos educando poco a poco para no tener que delegar el poder y ser más responsables.

Vamos, anarquista.

No me hace falta que sea una anarquía. Creo en un camino progresivo hacia la emancipación de los poderes públicos.

C. Tangana.

C. Tangana. Carmen Suárez.

Es un disco lleno de referencias, de colaboraciones… de La Campanera a Kiko Veneno pasando por La Húngara. ¿Si se paga, no es apropiación cultural? Quiero decir: si las referencias son pagadas, compartidas, representadas, citadas. Parece que el problema del debate de la apropiación cultural viene por robar símbolos ajenos para blanquearlos y no contextualizarlos ni visibilizar de dónde vienen. En el caso del andalucismo o del gitanismo, como con Rosalía. Sin embargo, tú has colaborado directamente con la gente que te inspira o que quieres incluir en tu imaginario.

Sí. Primero creo que yo tengo la dignidad cultural para hacer todos los temas que he hecho y que nadie me la puede quitar. Si alguien considera que es suyo lo que he hecho, que lo hubieran hecho ellos porque no lo han hecho ninguno. Lo he hecho yo y es mío. Estas referencias son mías, y la música española, y una persona nacida en Madrid con lo que yo he viajado y la gente que he conocido tiene derecho y tiene dignidad cultural para hacer lo que he hecho.

No he representado a nadie en el disco para que no me digan que hago apropiación cultural, sino porque uno aprende más con los maestros cerca. Para mí sólo existe apropiación cultural cuando tú coges algo, cuando tú robas. Esa apropiación debería llamarse “robo”. Cuando tú intentas aprovecharte y sacar beneficio económico de una cultura a la que no estás dando visibilidad o por la que no estás haciendo nada. Yo creo que no hago eso. Si mi referencia es Gipsy Kings para hacer un tema y en el tema salen Gipsy Kings…

Hemos visto artistas que se han acercado al arte gitano y les han entrado bien, y se han convertido en uno más (pienso en Lorca, por ejemplo) y otros que no, quizá por esto que comentamos.

Habría que verle a Lorca. Ahora a Lorca le reivindica todo el mundo, pero no sé si todo el mundo era amigo de Lorca cuando era joven o cuando no tenía éxito o cuando no era un artista tan consagrado.

O cuando Lorca era gay en una sociedad retrógrada.

¡Por ejemplo! A mí me gusta la gente que está al margen y yo creo en una cultura española y en una canción española más allá de los folclores particulares. Creo en la canción española más allá de la jota, más allá del fandango, más allá de la bulería y de la rumba. Creo en una canción española y si no puedo creer en ella porque no existe, la creo porque la hago y porque la estoy haciendo ahora; y a partir de ahora todo el mundo se va a poder afiliar ahí si quiere y ya no es de nadie en concreto.

¿España es Andalucía?

Para mí no, mi padre es gallego.

El imaginario de Demasiadas mujeres es entre Andalucía y La Mancha, ¿no?

No, de hecho está rodado en León, de donde es Santos. Es de Navalacruz, y eso es el norte. Creo que tenemos asociadas muchas cosas a un solo imaginario pero no es cierto, para mí la rumba que aparece en el disco es sobre todo de El Pescaílla y mis referencias son Gipsy Kings, que son franceses, y que probablemente tienen mucho de Andalucía, pero no sé. De mis cantaores favoritos es Porrina, y eso es Extremadura; y semana santa hay en Galicia y es increíble, y tiene su música. Mi abuela era de Ceuta y mi abuelo de Córdoba y toda mi familia por ese lado viene de ahí, y tengo una tía sevillana… que también tengo de ahí, ¿sabes? Pero no creo que España sea Andalucía ni que este disco sea particularmente andaluz.

¿Qué relación tienes con dios?

Una relación personal e intransferible.

¿Crees en algo?

En las personas, principalmente.

Pero bebes mucho del imaginario sacro. Ese poderío de las vírgenes llorando.

Sí, sobre todo en lo que significa la religión en la cultura española. Tiene mucho que ver la religión con cómo entendemos el arte, cómo entendemos el amor. La devoción, el amor, la pena, los celos, el dolor…

La culpa.

Sí, La culpa era el nombre de una canción que escribimos y una de las principales referencias a nivel de dirección creativa de todo lo que eran las letras y todo lo que era el álbum.

¿Qué hay de los toros?

Pues… digo dos cosas contrapuestas y te puedes quedar con la de la izquierda o la de la derecha.

Hombre, que no.

Es una opinión larga y tendida que alguna vez haré pero me parece interesante poder hablar de cómo entendíamos qué era lo artístico y lo cultural hace unos años y qué es lo que entendemos que debe ser lo artístico y lo cultural ahora.

Un poquito cobarde, ¿no? Para ser mataor, regular.

Bueno (ríe).

C. Tangana.

C. Tangana. Carmen Suárez.

¿Y qué hay de la bandera de España? Has hablado en alguna ocasión de jugar a una performance que consista en “quitarnos la bandera”. Quitarle la bandera a la derecha.

Yo siento que cuando he estado fuera de España los símbolos significaban cosas distintas de lo que significan aquí y he visto la posibilidad de que los símbolos signifiquen muchas cosas distintas. Creo que para una generación como la mía, nos ha costado mucho apropiarnos de los símbolos españoles. Ha sido muy difícil.

Casi todo el mundo ha sido capaz de reinterpretar sus propios símbolos, en casi todas las culturas, y en España nos ha costado mucho, tienen demasiado peso. Y a mí me gusta la idea de jugar con eso, aunque sea un juego en los límites siempre y aunque genere polémica creo que está bien y que es sano y hace que las cosas cambien, que se replanteen, que se piensen distinto, que avancen. Da una posibilidad de cambio en este enfrentamiento constante.

De desacomplejar, ¿quizá?

Respecto de los símbolos no estoy seguro de si es desacomplejar, pero si alguien ha vivido fuera de España lo ha podido sentir cómo los símbolos cambian de significado. Me parece sano que mi generación se apropie de esas cosas. 

¿Qué piensas de la Ley Trans y de la cuestión de la autodeterminación de género?

Creo que estaría bien que respecto a ciertos temas que ocupan directamente la vida de ciertas personas, dejemos a esas personas que tomen opinión y no opinar todo el mundo. En general, en democracia, da la sensación de que uno debería opinar sobre todo lo que sucede, pero no creo que deba ser así.

Creo que cada uno se debe ceñir a los asuntos que le tocan para que las cosas vayan bien, porque si no gente que no le toca el tema o que no debería opinar acaba opinando o mete mano en cosas. Una sociedad en la que el poder esté más diluido y todos tengamos responsabilidad sobre nuestros actos funcionaría así, funcionaría con cada uno responsabilizándose de las cosas que le importan y todas las decisiones estarían enfocadas a que las cosas fuesen mejor, no al “vamos a ver qué opinamos todos primero y luego hacemos una lucha y nos matamos por un tema para nunca reconciliarnos”. No creo que esa sea la forma de hacer nada.

Dijiste una vez que eras trans.

Sí.

Una pequeña vaciladita que te marcaste en la Ser.

(Ríe). Fue una provocación sabiendo que estábamos a punto de sacar una colaboración con un colectivo queer que pone en la mesa todas estas discusiones sobre qué es ser hombre y qué es ser mujer que se llama El Palomar y que recomiendo.

¿Abolicionista o regulacionista de la prostitución?

Regulacionista, sin duda. No considero que haya dar un porqué: que se regule y ya está. El crimen está donde no está la ley, pues pon la ley y dejará de haber crimen.

Qué legal te has puesto de repente.

No, a la gente le gusta la ley, a mí no me gusta particularmente pero el problema está donde tú lo quieras poner.

Has hecho un vídeo en defensa de Hasél. ¿Tú crees, como él, que éste es un Estado fascista?

Yo creo que todo lo que está proponiendo Amnistía Internacional sobre la reforma del código penal es una buena idea.

Muy elegante. ¿Me haces un menú de tus tres canciones favoritas del disco?

Un veneno, Tú me dejaste de querer y Nunca estoy. Aunque la que más me gusta ahora es Cambia, aunque no sé si es tan representativa. Es la canción y la letra que más me gusta ahora mismo.

Que precisamente habla de que te dicen que ahora dejes atrás todo lo que has conseguido, la pasta ganada, el éxito tenido… un “¿ahora que estoy aquí, esto ha dejado de molar? ¿Ahora tengo que ser un hippie?”.

(Ríe). Me considero una persona sensible, siempre he sido un chico sensible y me he dado cuenta de que el hombre que se supone que debería ser, una vez que he llegado a la madurez, las cosas han cambiado y todo lo que me habían dicho no funciona. Estoy orgulloso de haberme dado cuenta pero siempre cuesta cambiar. Quería hacer una canción hablando sobre eso.

Va en la línea de Guille Asesino. De desprenderse de esa masculinidad.

Una masculinidad con la que ya no me identifico. La que me han inculcado. Sí, va en esa línea. No me había dado cuenta.

Lo sé mejor yo que tú.

Gracias.


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