Caeleb Dressel I de Tokio, rey del Olimpo, líder de un país
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1 Agosto 2021

Caeleb Dressel I de Tokio, rey del Olimpo, líder de un país

El nadador estadounidense logra su objetivo, cinco oros, tras ganar el 50 y rescatar a EE.UU. en el relevo de 4x100 estilos, con otro récord. Emma Mckeon lidera a las grandes australianas

Los Juegos tienen su rey, Caeleb I de Tokio. Pocos van a disponer de la oportunidad de recoger una cosecha como la de Caeleb Dressel, cinco oros, coronados con la heroicidad del buen ciudadano estadounidense en el último relevo, fiel a la máxima 'kennedyana': pregúntese qué puede hacer usted por su país, no al revés. Dressel lo rescató cuando Estados Unidos dejaba el rastro de la sangre en la piscina. Es rey y es líder.

La quiebra mental de Simone Biles, el último juguete roto del deporte, deja al nadador en la cumbre de Tokio, sin que la pista del Estadio Olímpico vaya a ofrecer, inicialmente, una obra semejante. Son finalmente cinco los oros de Dressel, ya que a su triunfo en el 50 libre, en el arranque de la última jornada en el Aquatic Centre, añadió el de 4x100 estilos de forma extenuante, en una tercera posta de mariposa en la que, incluso, fue más rápido que en el récord del mundo que realizó el día anterior en la especialidad (49.45). Hizo un parcial en 49.03, aunque los valores sean indicativos, no homologables, para llevar la prueba también hasta la plusmarca mundial (3:26.78). Había que ser inhumano para compensar la ventaja que el británico Adam Peaty había logrado en la braza. Lo fue.

Entonces sí, entonces Dressel estalló, como Michael Phelps en Pekín. Marcó su musculatura, liberó toda su ira y dejó gritar a los animales que se tatúa para sentir su fuerza, águilas, osos..., todos en un mismo rugido, como el grito de la selva.

Los cinco oros de Dressel son dos menos que los de Phelps en Pekín 2008 y dos por debajo de Mark Spitz en Múnich 1972, pero la hazaña de este nadador de nombre bíblico rehabilita la natación y permite liderarla en Tokio a Estados Unidos, amenazado por un sobresaliente equipo femenino australiano. Sus 30 medallas (11 oros), no obstante, son menos que en Río o Londres (33 y 31, respectivamente). Australia es segunda, con 20 y nueve oros. Detrás, una rehabilitada natación británica.

DRESSEL Y LAS VALQUIRIAS DE OCEANÍA

Tokio es, pues, la historia de Dressel y las nuevas valquirias que llegan de Oceanía. En la última jornada añadieron el tercer relevo (4x100 estilos) a su botín, uno más arrebatado a las norteamericanas, además de volver a conquistar un oro Emma McKeon, en 50 libre. Es la reina de su equipo, con siete medallas y cuatro oros. Comparable a su obra, por el valor cualitativo, puede considerarse lo conseguido por Ariarne Titmus, al derrotar a la gran referencia femenina de la natación, Katie Ledecky, en 200 y 400 libre.

Dressel ha respondido en todo lo que se proponía, insuperable en el sprint, donde su salida y nado subcuático es la mitad de oro, tanto en 50, donde ganó con 21.07, como en 100, y poderoso en la mariposa. El 100 de esta última especialidad ha sido la prueba de mayor competencia y nivel, en la que el estadounidense ha mejorado en Tokio el récord del mundo con el que llegaba, por no hablar de su posta en el último relevo. El pulso con el húngaro Kristof Milak, de 21 años, augura más duelos camino de París.

En el ciclo que llegaba desde Río a Tokio, Dressel ha sido incontestable en la velocidad. En 2016 fue únicamente relevista. Un año después, en el Mundial de 2017, en Budapest, ya fue el mejor, con siete oros. Al siguiente, en Gwangju, en 2019, seis oros y dos platas. Sólo se le escapó el título en lo que compartía, los relevos.

UN VELOCISTA, DISTINTO A PHELPS

Por sus condiciones de velocista, Dressel no podrá abarcar un programa como el que acometía Phelps. No le obsesiona. En Tokio, por ejemplo, renunció al 4x200. Estos cuatro oros colman a un nadador al que se ha observado satisfecho en Tokio, donde, además, ha ejercido de capitán con gestos que demuestran su inteligencia emocional. Regaló el oro del 4x100 libre al relevista suplente y levantó la mano del inconformista Milak con el disputó uno de los grandes duelos de la piscina del Aquatic Centre. El 'fair play' ha marcado los grandes pulsos de la piscina, al contrario de lo que sucedió en Río.

El futuro es prometedor para Dressel, que a sus 24 años está en el momento de gran madurez deportiva. En lo personal, además, acaba de casarse. Muy religioso, este hijo de un granjero del profundo sur, con antepasados alemanes, recibió el nombre de uno de los enviados por Moisés a explorar la tierra de Canaán. Tokio ha encontrado la suya.


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