Carmen Machi: ''No entiendo Twitter y tampoco entendí nunca Gran Hermano''
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6 Enero 2022

Carmen Machi: ''No entiendo Twitter y tampoco entendí nunca Gran Hermano''

La actriz encara el final de 'Prostitución', que este fin de semana llega a Palma de Mallorca, y protagoniza el corto 'Mindanao', nominado al Goya, en el que interpreta a una alcaldesa corrupta

Carmen Machi "Gestioné fatal la fama, sufrí ansiedad y me diagnosticaron fobia al ser humano"

Carmen Machi pasa la sexta ola de la pandemia entre un retiro en el campo (prefiere no especificar dónde se encuentra) y la recta final de la gira de Prostitución, que este fin de semana llega al Teatro Principal de Palma de Mallorca. La obra escrita y dirigida por Andrés Lima consta «literalmente, de las palabras de las prostitutas». Es duro también el argumento del corto Mindanao, del que es protagonista y que está nominado al premio Goya. Machi interpreta a una alcaldesa corrupta: Marisol.

Terminé empatizando con su personaje, le confieso.

(Se ríe) Sí, viéndolo desde fuera, puede suceder... Es un político público, en este caso una mujer con un alto cargo, una alcaldesa acusada de corrupción. Pero lo que se ve es su vida íntima, la de un ser humano relacionándose con su compañera, y esto resulta atrayente. Un político es alguien muy particular, tiene algo de frío... Pero, de repente, ves a esa persona en su fragilidad, en su vulnerabilidad, con esa máscara de poder, y es como si le vieras el alma. Esto puede llevarte a empatizar, como me puede ocurrir a mí.

En ocasiones me recuerda a Rita Barberá.

Nunca se quiso hacer un reflejo de ella, ni mucho menos. Pero es cierto que hay similitudes, estéticas sobre todo. El personaje tiene un rol muy valenciano y es verdad que me dicen mucho 'oye, he visto esto que has hecho de Rita' y yo respondo 'no se llama Rita'. El personaje no está basado en ella, pero nuestro imaginario sobre la corrupción puede recordárnosla. El entorno valenciano sirve de inspiración.

Es nuestro pasado reciente y, ahora, pandemia mediante, parece lejano.

Alguien puede pensar qué cabida tiene, en medio de una pandemia, un corto sobre corrupción, pero Mindanao, en contra de lo que suele pasar, es consecuencia de un largo. Borja Soler lo escribe hace cinco años y me manda el guión, que es impresionante. En aquel momento, los periódicos hablaban de cierta corrupción, de cierto partido, de cierto mundo. Pasado el tiempo, hubo problemas de financiación y el proyecto se cayó, como sucede con tantos. La dirección decidió entonces hacer un corto para buscar esa financiación. Ojalá le den el Goya y pueda llevarse a cabo porque Borja es un tipo muy inteligente, muy sabio y trabaja muy bien.

En el trasfondo, el poder.

El poder es muy peligroso. Tuve la oportunidad de hacer de Creonte en la función Antígona, de Sofocles. El poder cambia a la gente, la vuelve loca, los cambia la ambición, el no conformarse... Hay que tener la cabeza no ya bien amueblada sino una carga de honestidad tan enorme que pueda al poder, que sea más grande que él, y esto es de lo que se carece. Se llega al poder sin estar suficientemente armado moralmente y, por lógica, el poder puede más que esas personas. Uno ve que mueve los hilos y lo hace sin pensar en los demás, sólo en él. De esto también habla Antígona. Y sucede en el mundo entero.

¿Usted llegó a empatizar con la mujer corrupta?

Cuando un actor se enfrenta a su personaje lo tiene que defender a muerte, quererlo mucho para poder entenderlo, porque si no lo entiendes es imposible. Como si tienes que hacer de Hitler o de un asesino en serie, hay cosas que como actor debes defender porque si no tu punto de vista puede ser fatal. No hay que tener punto de vista, de hecho, sino intentar darle entidad desde la comprensión y desde la empatía.

En sus dos últimos trabajos se tratan temas duros como la prostitución y la corrupción, ¿detrás de sus elecciones hay una intención social?

No, te lo digo claramente, no persigo eso al trabajar. Tengo mucha suerte, van pasando trenes por mi lado con gente que es mucho más lista que yo y que sabe más que yo, que me ofrece proyectos de los que formar parte. Ni lo busco ni pretendo tener intención social pero, luego, reconforta hacerlo, aunque también lo sufres. Prostitución es una obra tremenda, se genera una catarsis con el público. Tuvimos conversaciones con muchas prostitutas y fue un trabajo muy enriquecedor. Les damos vida y decimos literalmente lo que ellas nos contaron. Es decir, la dramaturgia parte de la realidad, de sus palabras, damos voz a las prostitutas, algo que no suele pasar, y ellas están muy agradecidas. Se dan además todas las voces: las de la regulación, las de la abolición y las de la legalización.

A menudo el público la identifica con la comedia. ¿Le cuesta saltar de un género a otro?

Un actor no tiene un rol concreto. Puedes ser más conocido por un tipo de trabajo pero esto no quiere decir que sea lo que más haces, quizá sea lo más visto... No hago tanta comedia, la he ido picando entre otros trabajos, pero los primeros han sido más mediáticos, con mucha audiencia y mucho público. Es el teatro lo que más he trabajado toda mi vida, me embarco en proyectos más de texto porque es mi línea natural, me gusta el poder de la palabra.

¿Qué género le cuesta más, entonces?

El género más difícil es la comedia, en contra de lo que la gente pueda pensar. Hacer Mindanao, Prostitución o Antígona, género dramático, no conlleva para mí más dificultad por ser drama, al contrario, porque normalmente tienes alrededor mimbres en los que apoyarte. Pero la comedia no tiene nada en que apoyarse, es el ritmo, el texto, el tempo y punto. Lo que sí me supone es mayor responsabilidad es hacer algo verdadero porque impone mucho respeto, detrás hay una persona real, como en Prostitución, son vidas, mujeres con nombre y apellido y eso sí puede darte vértigo, pensar si estás faltando el respeto a esa persona.

Usted no tiene redes sociales pero, ¿alguna vez las tuvo?

Nunca he tenido redes sociales, pero no hay misterio en esto: soy vaga. Trabajo mucho pero soy vaga, no perezosa, vaga. Si las cosas se hacen en menos tiempo, mejor... Ahora estoy en el campo para no hacer nada y ya está. Fue Paco León quien me habló por primera vez de Twitter, era 2005 quizá, y no lo entendía. No entiendo ni Twitter ni Gran Hermano.

Deduzco que cuida usted de su vida íntima.

La primera vez que yo me vi en un reportaje robado en una revista sentí como si me hubieran robado en casa, que mi propio pudor... A ver cómo te lo explico, que todo el mundo pudiera ver una cosa como estar en la playa me pareció terrorífico y me asustó mucho. Yo soy muy pudorosa, pero no por nada, en realidad todo es muy sencillo. Admiro mucho a los que lo dedican tiempo a sus redes sociales, la mayoría de mis amigos son unos cracks y a mí no me importa salir en sus fotos. Pero, si lo pienso conscientemente, dice mucho de mí misma que no tenga redes porque soy muy pudorosa y me da mucho corte todo.

Pues va usted a la contra.

Es verdad, el pudor está totalmente demodé. En mi caso, bastantes personajes hago ya, porque por fortuna trabajo con continuidad y estoy contenta de haber hecho el 99,9% de lo que he hecho...

Cuéntenos algo de usted, lo que el pudor le permita.

Pues me gustaría tener más tiempo para ponerme mi propia ropa (se ríe), no por enseñarla en Instagram (vuelve a reír) sino porque es mía, sencillamente. Ah, te puedo contar otra cosa: soy rubia, soy más rubia que cualquier otra cosa. No sé por qué se tiene esta imagen de mí más de morena.


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