Carnaval, salsa y tele de relleno: las raíces del éxito del rap canario
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2 Octubre 2022

Carnaval, salsa y tele de relleno: las raíces del éxito del rap canario

El estallido de Quevedo descubre una tradición cultural adelantada a la de la península Ibérica

Quevedo, en la última de EL MUNDO "En Canarias hay mucha influencia de Latinoamérica" Don Patricio en Ídolos "No me veía capaz de hacer canciones que gustaran" Ptazeta "Nos camuflan los ojos con una venda de progreso que no existe"

Es probable que la mayoría de los oyentes de Quevedo, nacidos después del año 2000, lo ignore, pero hubo una época en la que la palabra «escena», en el sentido de territorio musical, era fundamental para explicar la música pop. Cualquier ciudad de 300.000 habitantes que tuviese tres buenas tiendas de discos y cuatro bares que programasen música en directo, en la que se juntasen alguna circunstancia más o menos cosmopolita (un vuelo directo a Londres, la cercanía a la frontera francesa, la existencia de una universidad pujante o de una comunidad extranjera) y alguna clave socioeconómica tomada por los pelos, podía convertirse en «una escena», en un paisaje propicio en el que florecían bandas de rock o de música electrónica relacionadas entre ellas por vínculos personales y semejanzas artísticas. Bristol en los años 90,Washington D.C. en los 80, Sevilla en los 70... A todo el mundo le encantaba hablar de «escenas» en esa época.

El concepto quedó desfasado en el siglo XXI, cuando la información y el acceso a la tecnología se volvió universal, pero «escena» es aún es un símil que viene a la cabeza para explicar casualidades sospechosas: 2022 está llena de músicos canarios, casi todos artistas de hip hop que hacen frontera con el gran océano de la música latina y urbana, y que alcanzan éxitos insólitos para un archipiélago en el que la industria musical y sus artistas tuvieron una escala local hasta ahora. Hace una semana, Bzrp Music Sessions, Vol. 52, la canción de Quevedo producida por el argentino Bizarrap (más conocida por su estribillo como Quédate) ha sido durante varias semanas la canción más escuchada en Spotify del mundo y suma 500 millones de plays y otras 300 millones de reproducciones en YouTube en menos de tres meses. Quevedo es el penúltimo eslabón en una cadena en la que le precedieron DonPatricio, autor del siete veces platino Contando lunares en 2019, su colega en Locoplaya Bejo, Ptazeta (tres millones de oyentes mensuales), Maikel Delacalle, Cruz Cafuné, St.Pedro, Danny Romero, Sara Socas... Los más veteranos graban con majors y giran por América desde 2015.

Vistos en conjunto, los nuevos raperos canarios no forman una escena como las del viejo mundo: Canarias es un territorio complejo, y fragmentado, no una ciudad de 300.000 habitantes, y sus estrellas no han coincidido en un colegio británico ni en una discoteca de arte y ensayo. Muchos de ellos se han conocido entre sí en Miami, cuando sus carreras ya habían arrancado y sus voces son fáciles de diferenciar. Pero sí que hay un paisaje cultural que explica su semejanza y su éxito.

Ptazeta.Ptazeta.

La tesis, en resumen, dice que la música popular que se escuchó en Canarias siempre fue, al menos en parte diferente, a la que sonaba en la península. Que la música latina siempre estuvo en el paisaje y que el hip hop tiene una historia paralela pero no del todo común con la del resto de España. Que así ha ocurrido durante 60 años y que, en realidad, ha sido el mundo el que ha evolucionado en sus gustos hasta alinearse con la cultura popular de Canarias.

«Es un tópico un poco manoseado, pero la conexión de Canarias y América Latina es real. Si busca en la obra de Los Sabandeños y de Los Gofiones verá que en los años 60 años ya sacaban discos hechos de cancionero latinoamericano. Y si piensa en los cantantes melódicos de los años 70, José Vélez triunfó más en Argentina que en la península», cuenta Diego F. Hernández, periodista y Premio Canarias de la Música en 2018. Esa tradición se renovó e institucionalizó a partir de la Transición española, cuando los carnavales se convirtieron en el gran acontecimiento de la música popular en las islas. «Los carnavales de Las Palmas y, sobre todo, los de Santa Cruz de Tenerife, se convirtieron en el gran banco de pruebas para la música latinoamericana en Europa. Celia Cruz y Juan Luis Guerra debutaron y se pusieron a prueba en Canarias antes de probar en Madrid. El Gran Combo Dominicano venía todos los años y era un fenómeno de masas», recuerda Hernández. La salsa, que en el resto de Europa es una música más bien culta, dirigida a las clases medias universitarias, es un fenómeno verdaderamente popular en Canarias: suena en los taxis y en las fiestas de pueblo.

«Yo eso lo viví con Orishas en 1999. Vivíamos en Francia y la compañía nos hizo mudarnos a España porque sentía que teníamos que probarnos en Canarias. La frase que nos dijeron es que si Canarias nos aceptaba, el mundo nos aceptaría», dice el rapero cubano Yotuel Romero. «Lo que vi es lo mismo que veo ahora cuando voy, un lugar en el que encontrar mucha inspiración».

Quevedo.Quevedo.

Hacia aquel 1999, los carnavales ya habían dejado un legado, habían creado cierta estructura, aunque fuese frágil: había una pequeña industria musical en la que destacaba la lagunera Discos Manzana y la temporada de festivales se había ampliado con el SonLatinos en el sur de Tenerife y el Womad de Las Palmas. El salseo había empezado su viaje, de los riscos (el equivalente canario de las favelas) hasta el centro de la ciudad.

«Hay cosas que parecen absurdas pero que tuvieron importancia. En los 90, las cadenas privadas de televisión vendían sus espacios de publicidad para la península por un lado y para Canarias para el otro. Muchos anuncios no estaban contratados para Canarias y las cadenas llenaban el hueco con videoclips por los que no tenían que pagar. Estoy seguro de que el reguetón sonó en Europa por primera vez en esos vídeos de relleno».

Quien habla ahora es Carlos Cabrera Suárez, conocido como Sao ST, rapero y cineasta, autor de Piélagos, morir de éxito, un documental que narra la historia de la música pop en Canarias desde los 60.

Don Patricio.Don Patricio.

Su película empieza en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria, un lugar expuesto a la cultura del Reino Unido por el que el rock entró en las islas, antes incluso que en Madrid y Barcelona. ¿Por qué no ha habido ningún grupo de rock canario relevante fuera de las islas desde la época de Los Canarios de Teddy Bautista? «En cada generación hubo un grupo de rock que estuvo cerca de trascender y no lo consiguió», explica Sao. «En los 90, ese grupo era Los Coquillos, pero sus canciones hablaban muy específicamente de Canarias. Cuando iban a la península, no conectaban del todo con la gente».

«Y puede que el seseo fuese parte de esa barrera», dice Sao. Durante décadas, el público peninsular ha visto con ironía el seseo como algo propio de los cantantes románticos más kitsch. En eso, el mundo también ha cambiado hasta alinearse con Canarias.

Maykel Delacalle.Maykel Delacalle.

Falta por demostrar lo más complicado de la hipótesis: ¿hay un vínculo entre la casi escena del hip hop canario de 2022 y esa apertura a la música latinoamericana? «Creo que tenemos un oído independiente», decía Ptazeta en una entrevista publicada por ELMUNDO en mayo pasado. «En Madrid se escucha bastante pop y en Las Palmas nos vamos más a la vena latina. Con eso podemos sumar». Su colega Cruz Cafuné fue aún más tajante en estas páginas: «Yo no conozco a ningún canario que haya escuchado un tema de flamenco alguna vez o a Sabina. Y no es malo, es otra idiosincrasia».

«Para mí, es evidente que hay una relación», añade Sao. «El primer grupo de hip hop canario que recuerdo es Soul Sanet, que es más o menos contemporáneo a Violadores del Verso y Siete Notas Siete Colores. Y por supuesto que a Canarias llegaban Violadores y aquel rollo más hardcore, pero si busca SoulSanet escuchará un sonido distinto, un sentido mucho más R&B, más melódico. Y estoy seguro de que eso venía de la influencia latina».

Bejo.Bejo.

«En Tenerife, los grandes animadores del hip hop fueron Veneno Crew, un colectivo de raperos de La Laguna que nos atraía a muchos chicos de mi edad. Yo no los recuerdo tanto en la influencia de la música urbana, pero sí que sonaban muy jamaicanos», recuerda desde Miami el tinerfeño St. Pedro. Su paisano Maikel de la Calle aporta su experiencia familiar: «En mi caso particular, le puedo contar que mis padres son público de rock de toda la vida, pero que Celia Cruz ha sido una obsesión en su casa. La vieron en los carnavales de Santa Cruz y se convirtieron en fans. Está claro que eso me dejó huella».

Hay más derivadas que parten en direcciones inesperadas. Al escuchar a PtaZeta es fácil pensar en el realismo sucio de la novelista grancanaria Meryem El Mehdati, igual que algunas canciones tropicalistas de Locoplaya remiten a la efímera carrera en solitario de El Guincho. Pero en el fondo, lo que importa es el matiz socioeconómico que está explorar. Los fans de Quevedo no lo saben pero el rap y la música latina fueron mucho tiempo una cultura casi lumpen que sólo en una comunidad de economía frágil y con problemas sociales evidentes como Canarias encontró su refugio cuando el resto del mundo la miraba con desdén.


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