Castillo afronta una ''crítica'' crisis de Gobierno
21:02
1 Febrero 2022

Castillo afronta una ''crítica'' crisis de Gobierno

La dimisión de la primera ministra agudiza el desgobierno en Perú

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Seis meses de presidencia, tres gobiernos distintos. Pedro Castillo buscó en tiempo récord un nuevo primer ministro, tras la dimisión del lunes de la moderada Mirtha Vásquez, quien no fue capaz de sobrevivir en las turbulentas aguas de la administración del maestro de Cajamarca.

Menos de 24 horas para sustituir a la protagonista de la crónica de una renuncia anunciada "ante la imposibilidad de lograr consensos en beneficio del país", como explicó la propia Vásquez en su carta de despedida. La activista de derechos humanos, que llegó avalada por su moderación para sustituir al izquierdista radical Guido Bellido, es la principal víctima de los errores políticos del presidente, perdido en su propio laberinto.

Como si fuera el Poncio Pilates de los Andes, Castillo no intervino en el pulso desatado entre el ministro de Interior, Avelino Guillén, y el comandante Javier Gallardo, de la Policía Nacional, lo que forzó la dimisión de uno de sus ministros más prestigiosos. Gillén contaba con el apoyo de Vásquez, lo que a la postre ha convertido la inacción de quien fuera abanderado presidencial del radical Perú Libre (PL) en el detonante del efecto dominó que se ha llevado por delante a todo su gobierno.

"Hemos llegado a un momento crítico", advirtió Vásquez, quien relacionó la crisis en el Ministerio de Interior con "un problema estructural de corrupción". La ex premier también advirtió al país sobre el "círculo de asesores del presidente", incluso describió cómo uno de ellos se guardó durante 15 minutos su carta de renuncia. El "sótano" de la Casa presidencial de Pizarro maneja los hilos del país en la absoluta oscuridad.

Durante el pulso entablado entre Guillén y el comandante Gallardo no sólo estaban en juego los ascensos y la operatividad de la policía en plazas clave, como Lima; también las investigaciones que persiguen a Gallardo tras las reuniones que mantuvo con el presidente y con una antigua oficial, acusada de lucrarse durante la pandemia.

Los mismos nubarrones acechan a Rubén Pacheco, el antiguo secretario del presidente, o al propio sobrino de Castillo, que ahora se ha sabido falsificó una prueba de Covid para no acudir a declarar.

La salida estrepitosa del ex fiscal Guillén también certifica el caos y el desorden que reina en la Presidencia. Ya lo confesó el propio Castillo ante la CNN: "Nunca me formé como político, nunca fui entrenado para ser presidente". Algo que casi todo el Perú ya barruntaba.

Las primeras entrevistas que concedió Castillo tras casi medio año en silencio desnudaron a un "político improvisado, pícaro y exasperante. Evasivo ante las preguntas, sin coartadas verosímiles. Su ideología es el populismo pero en una versión raquítica", resumió el analista Gonzalo Banda. Según la última encuesta, el 63% de los peruanos no creen en su presidente.

"Del presidente no se espera mucho. Se le pidió muchísimas veces que diera explicaciones, pero ahora, al constatar su nivel, cabría invitarlo a guardar silencio hasta 2026, si para entonces continúa en su cargo", resumió el escritor Renato Cisneros.

Empeñado en dar la razón a sus detractores, en esa misma entrevista con CNN, Castillo también patinó al abrir la posibilidad de que Bolivia recuperara su acceso al mar, por lo que tuvo que pedir disculpas. El Congreso convocó al canciller Óscar Maúrtua para que dé explicaciones sobre el asunto en las próximas horas.

"Castillo tiene malos asesores, pero el problema no es ese. El problema es Pedro Castillo y el abandono de su oferta de cambio y su falta de plan. Eso no lo resuelve el mejor asesor", subrayó el analista Juan de la Puente.

Pese a su distanciamiento de Castillo, el fracaso del primer gabinete izquierdista y la fragmentación de su grupo parlamentario, Vladimir Cerrón, líder de PL y aliado de las dictaduras continentales, acaricia la idea de que uno de los suyos recupere la jefatura del gobierno. Incluso su hermano Waldemar Cerrón, jefe del grupo parlamentario, anunció por Twitter que él sería el señalado para sustituir a Vásquez, aunque después borró el tuit y se escudó en que fue hackeado. Todo un clásico.


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