Cate Blanchett: ''Sufrimos una sociedad patriarcal, pero confío en que nunca vivamos su contrario: un matriarcado de mierda''
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19 Enero 2023

Cate Blanchett: ''Sufrimos una sociedad patriarcal, pero confío en que nunca vivamos su contrario: un matriarcado de mierda''

La actriz va camino de su tercer Oscar con la descomunal interpretación ofrecida en 'Tár', de Todd Field, donde encarna a una directora de orquesta camino de la perdición, la suya y la de todos

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En lo que lleva de carrera, Cate Blanchett (Melbourne, 1969) ha sido la reina Isabel de Inglaterra, Katherine Hepburn, Bob Dylan y hasta Galadriel, la elfa eterna. También fue Jasmine y Carol (lástima que, de momento, se haya truncado el sueño de verla encarnar la voz de Lucia Berlin en el proyecto de Almodóvar sobre Manual para mujeres de la limpieza). Digamos que la australiana ha sido capaz de todo y su último trabajo, Tár, es la prueba de que cuando decimos todo nos referimos al viejo e inabarcable concepto de absoluto. Su descomunal interpretación en la piel de una directora de orquesta al borde de sí misma la confirma como una actriz de época. Todd Field insiste después de 26 años lejos de las cámaras en ofrecer una despiadada radiografía del poder. De nuevo, como ya hiciera en En la habitación y en Juegos secretos, la manipulación y el acoso guían los pasos a una historia de abusos, perplejidades e imposturas. Y en medio, una Blanchett que tras conseguir la Copa Volpi en Venecia y un renacido Globo de Oro se ofrece como la más obvia e indiscutida candidata al Oscar que vendrá. Y será el tercero.

Se diría que 'Tár' discute una de las creencias más comunes en una sociedad civilizada. De repente, el arte no nos hace mejores y el arte más excelso asociado a la música clásica menos que ninguno. ¿Es posible ser un genio y poner todo ese genio al servicio del mal?

Si nos centramos en la música clásica, pienso en todas las horas y esfuerzos que dedican los músicos a su arte y no veo una sola sombra. Lo suyo es vocación, es talento y es trabajo. Con los actores quizá es algo diferente. Ahí influyen elementos externos como fama y cabría dudar de ellos...

La pregunta, antes que discutir el mérito de nadie, quería ser una reflexión sobre la función social del arte.

Creo que el arte es un buen barómetro para saber cómo una sociedad se siente consigo misma, con su moral, por así decirlo. Pero no creo que ninguna forma de expresión artística tenga una función educativa. El arte no está ahí para que nos sintamos mejor con nosotros mismos. Es curioso porque a veces observas que el público se enfada cuando los artistas no dicen exactamente lo que quieren oír. Lo que creo es que la calidad del arte no depende de la cualidad moral del artista. Ni de su estatus social. Antes los artistas eran casi indigentes que necesitaban de mecenas para trabajar en lo suyo y ahora muchas veces los artistas son celebridades muy poco de fiar precisamente por el poder que acumulan.

Me pierdo.

Diría, para concretar, que el arte es una herramienta de civilización para los seres humanos. Pero eso no significa que no pueda ser brutal o profundamente ingrato. El arte no es un espejo para enseñarnos lo que queremos ver, sino, bien al contrario, para discutir nuestras creencias más comunes y no reflexionadas. Por resumir, sí se puede ser un artista fantástico y ser un mala persona. Por otro lado, me vienen a la mente mis hijos. Ellos me preguntan constantemente si esta o aquella persona es maja. Pero, ¿a qué nos referimos con esta palabra? De hecho, yo les repregunto y les digo: "Qué quieres decir con 'maja'? ¿Me preguntas si es agradable, simpática, generosa...?". Pobres hijos míos [se ríe]. Quiero decir, lo de ser bueno o malo es subjetivo. ¿Se puede ser malo o bueno siempre? El ser humano es mucho más complejo que eso y es equivocado intentar reducir rápidamente todo a un simple concepto. Por eso, imagino, hacemos películas como ésta, para evitar la tentación del reduccionismo. Las personas cambian, el poder nos cambia.

¿Quiere decir que determinados comportamientos deben de ser perdonados?

Existen acciones que son intolerables y que están en mente de todos. Pero cuando se trata de cosas como prohibir libros, por ejemplo, es otro asunto. Soy más partidaria de esforzarse en comprender el contexto en el que se escribieron, incluso si son extremadamente desagradables o inadmisibles. Pueden ser ofensivos, pero hablemos entonces de por qué lo son. Me interesa más conversar con personas que piensan diferente que simplemente mandar callar.

Plantear una situación de abusos de poder desde la posición de la mujer y no la del hombre como hace la película, ¿cuenta como provocación?

El problema no son los hombres. El problema es la concentración de poder y cómo se ejerce esa concentración de poder. Sufrimos una sociedad patriarcal, pero, dios no lo quiera, confío en que nunca vivamos su contrario: una sociedad matriarcal de mierda. ¿Qué más da si el poder en vez de estar concentrado en manos de los hombres lo está en manos de las mujeres? Se trata de poder, no de género.

Lo que cuenta la película guarda paralelismo, no diré similitudes, con lo sucedido alrededor de la figura de Plácido Domingo...

No hay una inspiración concreta en un caso concreto. En lo que respecta al tenor español, la película lleva escrita desde hace mucho tiempo y, por lo que me dice Todd, siempre fue una protagonista mujer. Por otro lado, no soy partidaria de generalizar. A menudo hablamos de grandes escándalos como el de Plácido Domingo que tienen enormes repercusiones sobre muchas personas con una única frase: el caso Domingo. Y ya está, lo ventilamos así. Y es muy injusto porque hay muchísimos matices que son los que hacen relevante todo que simplemente desechamos. Hablar así no nos permite examinarlo y ver con precisión la manera de que eso no vuelva a suceder. Lo importante no es condenar a nadie, sino ver por qué ha sucedido lo que ha ocurrido y hacer lo necesario para que no vuelva a pasar.

Cate Blanchett en un momento de 'Tár'.Cate Blanchett en un momento de 'Tár'.

Es usted muy cauta...

Intento serlo siempre porque es raro encontrar en los medios espacios para debates en profundidad y matizados sobre temas complicados. Vivimos un tiempo en el que estamos digiriendo muchas cosas. Movimientos como el Metoo o el Black Lives Matter están ahora mismo en proceso. Y en ese proceso hay mucha rabia, mucha ira... Lo que es bueno para avanzar, para cambiar, pero no te deja mirar las cosas con la objetividad y la distancia necesarias. Y sí, hay que ser cauta.

No le preguntaré por el MeToo directamente, pero sí, de forma más general, de cómo ha cambiado la posición de la mujer en Hollywood en estos últimos años. ¿Cuánto falta aún para que esta pregunta desaparezca de las entrevistas?

El problema es que la perfección no existe. Digamos que de lo que se trata es de mantener el fiel de la balanza en su sitio. Y ésa es una lucha constante. Para todos. Pienso, por ejemplo, en el aborto que no es más que el derecho a elegir el destino de tu propio cuerpo. De repente, cuando parecía algo del pasado vuelve a la agenda convertido en un acto político. Pues bien, como la igualdad, es un derecho humano básico y ni uno no otro se han logrado plenamente.

¿Y cómo ve la actual posición de la mujer en Hollywood?

Empecé a hacer cine tarde, tendría 25 años. Entonces recuerdo que pensé que en cinco años me estaría dedicando a otra cosa porque pocas mujeres progresaban mucho más allá. Eso ha cambiado y la razón es simple: hay más mujeres al mando y muchas más haciendo cosas impresionantes.

¿Qué espera de su próximo trabajo con Almodóvar? [La entrevista se realizó en Venecia antes de que el director anunciara que renunciaba al proyecto de rodar en inglés 'Manual para mujeres de la limpieza', de Lucia Berlin. Posteriormente, Blanchett ha declarado que no desiste de trabajar con el director manchego].

No tengo ninguna expectativa. Sé que encontraremos la manera de trabajar juntos y estoy convencida de que va a ser fascinante. Él es quien es porque tiene una estética y una mirada del mundo muy particulares. Pero hay que tener en cuenta que va a trabajar en una lengua diferente al suyo y al de todo su cine. Así que todo cambia para él: un ritmo diferente, un país diferente, un idioma diferente, unas referencias culturales diferentes... Soy consciente de que para él es un reto desproporcionado.


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