Certezas y dudas de Luis Enrique a cinco meses del Mundial de Qatar
16:54
13 Junio 2022

Certezas y dudas de Luis Enrique a cinco meses del Mundial de Qatar

La fuerza del grupo, con la consolidación de Gavi, es una de las bazas. La incertidumbre atrás, con la lupa sobre Eric García, es la mayor inquietud.

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A poco más de cinco meses para viajar a Qatar, Luis Enrique, que ha vivido como jugador situaciones de todos los colores en Mundiales, no se inquieta por lo que está por llegar. "Tengo las mismas certezas que antes de empezar esta ventana", aseguraba satisfecho por lo que había visto en los cuatro partidos de la Liga de Naciones. Antes del estreno en la Copa del Mundo (23 de noviembre), aún dispondrá de dos pruebas más en septiembre (Suiza y Portugal). El técnico asegura tener un abanico de "45 o 50 jugadores", aunque muchos de los que el domingo pisaron La Rosaleda parecen, salvo imprevisto, inamovibles en su partitura. Siempre hay dudas, claro, pero son muchas certezas las que maneja en este tránsito hacia el ansiado desierto qatarí.

+ FE EN LA IDEA DE JUEGO. En sólo tres días, los que transcurrieron desde el exiguo triunfo en Ginebra hasta la fiesta de La Rosaleda, Luis Enrique cambió nueve jugadores de su once inicial. Todo lo que había entre su portero (Unai Simón) y su delantero (Álvaro Morata) era nuevo. Esos giros tan radicales, con la idea de repartir minutos, no alteran el plan. Ocupe quien ocupe las alas (Olmo, Asensio, que lo bordó en La Rosaleda, Ferran, Sarabia...), sostenga quien sostenga la medular o alce quien alce el muro defensivo, la idea, ofensiva en muchos momentos, menos lucida en otros, es inamovible. Aunque Ansu Fati no ha disputado ningún minuto en esta ventana, se ha hartado a ver vídeos tácticos para que esa idea, la del seleccionador, esté bien presente cuando llegue su momento.

+ LA FUERZA DEL GRUPO. Hay una imagen que habla por sí misma. Minutos después de la victoria ante la República Checa en Málaga, de dar la vuelta de honor al estadio y, también, de saltar y bailar sobre el césped como en aquellas fiestas de fin de curso del colegio, los 23 jugadores (incluidos Ansu Fati, Robert Sánchez o David Raya, que no disputaron un solo minuto en esta ventana) posaban exultantes en el vestuario, como quien acaba de conquistar un título. En los pasillos de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas destacan esa fuerza del grupo que ha tejido Luis Enrique. Una química que no necesita explicación. Las imágenes, como las del cumpleaños de Unai Simón, el sábado pasado, hablan por sí solas.

Gavi, durante el partido ante la República Checa.Gavi, durante el partido ante la República Checa.Jose BretonAP

+ LA CONSOLIDACIÓN DE GAVI. En la sala de prensa de La Rosaleda, el mismo escenario donde el día anterior le había dado un toque de atención, Luis Enrique se rindió ante sus encantos. "Es un volcán en erupción. Es difícil no enamorarse de él", reconocía el seleccionador, que apostó por él hace ocho meses, durante la 'Final Four' de la Liga de Naciones, y cayó de pie, a pesar de esos debates sobre su juventud y falta de experiencia que ignoró el técnico. Desde entonces, ha jugado los nueve partidos de la selección, sumando 673 minutos y siendo importante en algunos. En esta ventana ha salido aclamado de Sevilla y Málaga y, con su tanto en Praga, se ha convertido en el goleador más joven en la historia de la selección, rebajando en una semana el registro de su compañero y amigo Ansu Fati, que parecía inalcanzable: 17 años y 304 días. Para el Mundial ya será mayor de edad en todos los sentidos.

+ MUCHA HAMBRE, POCOS COCOS. "Preguntad a los rivales si somos candidatos a algo", soltaba con una media sonrisa Luis Enrique, acostumbrado a tener siempre atado cada detalle que rodea al combinado nacional. No ve a su equipo inferior a nadie en Europa y sólo Argentina, quizá Brasil, vive un piso por encima camino de su primer Mundial como seleccionador. Al frente de un grupo de jóvenes, hilvanado por la veteranía de Busquets o Alba, también de Koke o Carvajal. Todos han vivido meses de felicidad con esas insospechadas semifinales de la Eurocopa ante Italia o la final de la Liga de Naciones, frente a Francia. Hasta ahora, siempre a un paso del cielo. Ese es también el combustible de esta selección, que tiene hambre de lograr algo que les haga eternos.

- INCERTIDUMBRE ATRÁS. Aunque el seleccionador sacaba pecho tras la fiesta de Málaga, desafiando a emitir algún juicio de valor sobre Eric García, el debate atrás no ha quedado zanjado. Ni mucho menos. No para la afición. Sin Laporte, lesionado, han sido Íñigo Martínez, Diego Llorente, Pau Torres y el propio Eric quienes se han repartido los minutos en el eje de la zaga. Tras su desliz en Praga, el zaguero azulgrana ha vivido bajo la lupa durante toda la ventana. Incluso en la grada de La Rosaleda hubo un runrún inicial cada vez que el balón se acercaba a su zona. Han sido tres goles en cuatro partidos los que ha encajado España, pero, de no ser por Unai Simón, decisivo el domingo, habría sido alguno más. Ese ajuste en la retaguardia es imprescindible para tener un papel importante en el Mundial. Puede que no se trate sólo de nombres.

Íñigo Martínez, frente a la República Checa.Íñigo Martínez, frente a la República Checa.Jose BretonAP

- AUSENCIA DE JUGADORES CON JERARQUÍA. El capitán del Barcelona (Busquets), del Atlético (Koke) o del Chelsea (Azpilicueta) aportan su fuerza y experiencia en un vestuario que, sin embargo, carece de la jerarquía que transmitían futbolísticas icónicos en otras épocas no tan lejanas. Desde Sergio Ramos a Iniesta, pasando por Xavi o Iker Casillas, por hablar de épocas recientes. Y sobre el césped, a las espera de que Ansu Fati esté preparado física y mentalmente, de que Pedri regrese en plenitud y de que Gavi alcance la mayoría de edad, ocurre un poco más de lo mismo. Tal vez baste así para la Liga de Naciones, pero el Mundial, con la experiencia aún reciente de la Eurocopa, requiere algo más.

- FALTA UN PLAN B. Cualquier enredo durante un partido afecta (y mucho) a esta selección. Porque su virtud de llevar hasta el final su idea de juego, a veces se convierte en una suerte de condena. España va adelante con su plan pase lo que pase. Y a veces, aunque quede menos bonito, el asunto requiere medidas menos ortodoxas. Medidas tan básicas como colgar balones en busca de una cabeza en el área. Así de simple. Ese plan B, por el momento, no parece ser una opción para este equipo. Y eso, obviamente, conlleva sus riesgos.


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