Coachella: un gran laboratorio de arquitectura
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20 Abril 2022

Coachella: un gran laboratorio de arquitectura

Las instalaciones, los

Tokio El último día de la torre cápsula

Hubo un tiempo en el que el otro gran asunto del Festival de Coachella, al margen de la música, eran las ropas, las fotos de modelos, actores y émulos que llegaban al Valle de Indio, California, disfrazados de hippies ibicencos, de Kate Moss en los 90 o de versiones irónicas de la historia del rock. Luego, hubo un momento en el que esa atención a la pasarela Coachella se volvió incómoda, una prueba de que la cultura de los festivales de música se había vuelto un asunto de adultos de rentas altas, con tiempo libre y, probablemente, tendencias narcisistas. El conflicto se ha resuelto de una manera inesperada: todas las fotografías de ambiente de Coachella que en 2012 hablaban de moda, en 2022 hablaron de arquitectura.

¿Qué arquitectura? El festival, celebrado el pasado fin de semana después de dos años de suspensiones a causa de la pandemia del coronavirus, ha ocupado un recinto de 315.000 metros cuadrados de un club de polo (la cifra no incluye las zonas de cámping y aparcamiento), sin orografía relevante ni una ciudad consolidada en el entorno. El municipio de Indio, en el valle de Coachella, es el suburbio de un suburbio de Los Ángeles, de cuyo centro dista 200 kilómetros. Tiene una densidad de 1,1 habitantes por kilómetros cuadrados y soporta temperaturas de entre 41ºC y 6ºC en la época en la que se celebra el festival.

Cocoon (BKF + H300), del bonaerense Martín Huberman.Cocoon (BKF + H300), del bonaerense Martín Huberman.

Desde 2019, el Festival de Coachella, el más grande de Norteamérica, se está creando una colección de arquitectura/arte que funciona como entretenimiento y aliciente para sus espectadores y que lo hace reconocible a simple vista. En 2019, Francis Keré, el ganador del último premio Pritzker, creó para el festival Sambaré Ké, una instalación hecha con 12 torres de 19 metros de alto que emulan a los baobabs del país de Keré, Burkina Fasso. Este año, una de las grandes atracciones ha sido obra de Alessandro Orsini y Nick Roseboro. Su obra,The Playground, es una gigantesca estructura de colores que recuerda a los castillos infantiles de los años 80 y que también parece un guiño irónico a la arquitectura historicista de esa época... que, a su vez, ya empleaban un lenguaje irónico.

La otra gran pieza de Coachella 2022 ha sido Spectra, de Newsubstance, es una especie de Torre de Pisa pop, de colores que ofrecía vistas de colores del recinto desde una altura de siete pisos. Éxtasis para los usuarios de Instagram. Y hubo más: Cocoon (BKF + H300), del bonaerense Martín Huberman, y Circular Dimensions x Microscape, de Cristopher Cichocki, son arquitecturas-esculturas quehacen pensar en las exposiciones universales de los años 90. Y Buoyed, de Kiki Van Eijk, remite a los escenarios oníricos de los cuentos infantiles.

Spectra, desde los campos de polo.Spectra, desde los campos de polo.

¿A qué suena todo ese esfuerso por crear un lugar en medio de la nada? Javier Arnaiz, responsable del festival Mad Cool de Madrid, ya había caído en que algo pasa con la arquitectura del Coachella: "Coachella y Tomorrowland en Europa son dos referentes que trabajan mucho la arquitectura, tratan de impactar en sus clientes desde el momento de entrada al evento. Ambos tienen diferentes formas de arquitectura, su toque personal. Tomorrowland se asocia más a un cuento de fábula, con sus montajes escénicos y áreas configuradas con tintes mágicos. Coachella tiene una línea mucho más minimalista y menos recargada, con una serie de instalaciones artísticas que son las que, año tras año, sorprenden y generan esa imagen más moderna".

Hay otro espejo con el que comparar la arquitectura del Coachella: el Festival Burning Man, que se celebra a finales de agosto en el desierto de Black Rock, en Nevada. "El lugar también es un lugar sin orografía, aún más en medio de la nada, pero el concepto del Burning Man es más amplio y más complejo que el de Coachella", explica María Calleja, arquitecta española y autora del estudio académico Burning man. La ciudad efímera. Arquitectura para un festival (Universidad de Valladolid).

La complejidad del Burning Man a la que se refiere Calleja consiste en que la música es sólo una parte de una reivindicación de otra forma de vivir que remite a las comunidades hippies de California de los años 60. Lo que hay de sorprendente en su manera de ocupar el espacio no está en un puñado de instalaciones virgueras sino "en la manera en que los asistentes ocupan su espacio dentro del recinto". Cada tienda de campaña y cada persona que se instalan en el desierto, es una performance, a medias teatro y a medias arte. Todos se disponen radialmente en torno al ídolo de madera que da nombre al festival, como si fuera un tótem. Si toda la arquitectura utópica de los últimos 70 años habla de una manera de habitar la ciudad más liviana, el Burning Man, una ciudad de 80.000 habitantes que se monta y se desmonta en un fin de semana, es su expresión más perfecta.

Regreso al mundo convencional. "En cada edición tratamos de gestionar la arquitectura del espacio dándole importancia a la habitabilidad del mismo y a la imagen del entorno, para que la experiencia de los usuarios sea la más positiva posible", explica Javier Arnaiz. "Tenemos un equipo especifico que trabaja en crear el entorno del recinto. De edición en edición se generan cambios, pero tratamos de mantener una línea muy concreta, que es la que nos da esa visibilidad vital que relaciona el recinto con la marca".

El Mad Cool ocupa un solar más o menos aislado y vacío, no tiene que adaptarse a una arquitectura previa como el Parque del Fòrum para el Primavera Sound. ¿Es eso una ventaja? "La ventaja evidente es tener un espacio con una configuración muy clara y definida desde el minuto uno, ya que esto ayuda a generar el ecosistema arquitectónico que el evento quiere desarrollar. Año tras año se implementan nuevos iconos al recinto que ayudan a seguir ganando en imagen corporativa del mismo. A rasgos generales, el público que repite sabe cuál es la distribución del recinto y sabe cómo moverse para que su experiencia sea confortante".


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