Cristiano, Balón de Oro de la egolatría: distanciado del protector Mendes y sin servilismo en la selección
12:54
22 Noviembre 2022

Cristiano, Balón de Oro de la egolatría: distanciado del protector Mendes y sin servilismo en la selección

El ocaso y las malas decisiones llevan al portugués a un proceso autodestructivo. La nueva generación no lo observa cómo lo hacían Pepe o Coentrao.

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Los Balones de Oro de Cristiano se produjeron en un pulso con Leo Messi que la dialéctica Real Madrid-Barcelona elevó por encima del debate futbolístico. La realidad es que ambos los merecieron, como estandartes de una era que encuentra en Qatar su final. Cristiano lo siente en carne y hueso, y eso hiere especialmente a quien, sin duda, es el Balón de Oro de la egolatría. Sobre eso no hay debate posible.

Ni Cristiano ni Messi están ya en los lugares desde los que alcanzaron la cima, pero ninguno lo quiere admitir. Eso no sería competir. "Me gustaría darle a Messi el jaque mate en el fútbol", dijo, ayer, en Doha, el portugués, después de posar junto al argentino, frente a frente sobre un tablero. Una imagen comercial que jamás se habría dado en el pasado. Ni la rivalidad de entonces es ya la misma.

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El individualismo del portugués le había enseñado a vivir solo desde que, como adolescente, dejó su Madeira natal para escuchar cómo se reían de su acento en las categorías inferiores del Sporting de Lisboa. No lo soportaba. Entonces fue cuando empezó a construir su personalidad y su coraza, pero jamás superó el síndrome de no sentirse querido. La confianza adquirida en sí mismo, casi paranoica, le permitió llegar a la cumbre del fútbol, pero, en el momento del ocaso, le llevó también a diseñar mal su final. De Madrid al desastre.

COMPETENCIA INTERNA

Messi era, en cambio, el mejor en el mejor contexto. Lejos del Barça, su obra es mediocre para el número uno de un tiempo extraordinario, un oro olímpico y una Copa América. En cambio, la antesala del Mundial en París le ha devuelto viejas sensaciones, y ahora las quiere volver a mostrar junto a una selección novel, donde le veneran. Para Cristiano, sin embargo, supone un doble tormento, porque, en el peor momento de su carrera, compite hacia afuera y hacia adentro, en una Portugal de grandes nombres, no ya de pajes del Balón de Oro. Ni Joao Félix o Leao sienten el mismo servilismo hacia la figura que sentían los Pepe o Coentrao.

El portugués rompió su cordón umbilical con el Manchester United, el club que le llevó a la primera Champions y el Balón de Oro, en una entrevista fratricida con el 'Daily Mail', cargada de resentimiento. Salvó a Alex Ferguson, con el que llegó a sentirse como junto al padre que perdió, pero las palabras se volvieron en su contra, porque pocos lugares como Inglaterra combinan la ira de los 'hooligans' con el respeto. Ahora está a un paso de abandonar Old Trafford, algo que ha provocado, pero difícilmente con un destino Champions. El fútbol de la Disney puede ser su destino.

LA DECISIÓN DE FERNANDO SANTOS

Ni siquiera su compañero en el equipo de Manchester y en la selección, Bruno Fernandes, lo entendió. Ha quitado importancia al desaire con el que le recibió en la concentración, pero la realidad es que Cristiano ya no tiene el predicamento de antes, porque sus compañeros sienten que Fernando Santos traicionaría el sentido de la justicia con su titularidad. Con Erik ten Hag no lo ha sido. La presencia que antes ofrecía la tranquilidad del gol a Portugal, ahora genera tensión. El debate en el país está abierto. La carga pesa sobre Fernando Santos, que ya sabe lo que es ganar un Eurocopa sin Cristiano en la final, lesionado en Saint Denis. Haga lo que haga, será un cisma.

Por esa razón, Cristiano estuvo más comedido de lo esperado en su primea comparecencia, con muy buenas palabras para la selección, a la que calificó de un "buen mix" entre jóvenes y veteranos. "A algunos les gusto más que a otros, pero si con 38 años tengo algo que demostrar, sería para preocuparme", añadió, como si quisiera dar por bueno lo que otros decidan. Por dentro, no lo piensa.

Ni el salto a la Juve ni el regreso a Old Trafford. En ese trayecto, Cristiano se ha colocado frente al espejo, que no le devuelve lo mismo, y con esa imagen llega a Qatar. La incomprensión no sólo le ha llevado a escupir sobre el club en el que se hizo estrella, sino también a distanciarse de su agente, Jorge Mendes. Le responsabiliza de no tener el destino que hubiera deseado. Toda incomprensión lleva a un proceso autodestructivo, pero sin perder el ego: "No me falta de nada. Lo tengo todo". Le falta un Mundial. Como a Messi.


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