Crucifixión del Barcelona de Koeman en otra humillante derrota en Lisboa
10:44
30 Septiembre 2021

Crucifixión del Barcelona de Koeman en otra humillante derrota en Lisboa

La deficiente gestión táctica del entrenador neerlandés, que sólo espera ya el despido, y el paupérrimo nivel de varios jugadores condenan a los azulgrana (3-0).

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El Barcelona es una calamidad. En Lisboa, en el mismo escenario donde hace un año el equipo vivió su mayor vergüenza europea, no se vivió la apertura de un nuevo ciclo. Sino el epílogo de la devastación del club. A Ronald Koeman le espera el despido. Y a su plantilla, un camino europeo marcado hasta ahora por dos actuaciones bochornosas. El Benfica propinó otra derrota humillante a un Barça que sólo transmite tristeza.

Es Koeman un entrenador testarudo. Tanto que le trae sin cuidado lo que opine de él un presidente al que no piensa hacer caso hasta el mismo día en que firme el finiquito. Él es el héroe de Wembley, faltaría más, debe de pensar. Tres días después de que un puñado de adolescentes se exhibieran ante el Levante, los que asomaron en el once inicial en Lisboa fueron las vacas sagradas. Sergi Roberto volvió al carril derecho. Nico y Gavi hicieron el camino de vuelta al banquillo para que ingresaran Frenkie de Jong y Pedri, recién salido éste de una lesión. ¿Y en la retaguardia? Sí, los tres centrales. Koeman calcó el planteamiento (5-3-2) y casi el once inicial (Dest por Jordi Alba) con el que fue goleado por el Bayern en el Camp Nou. El resultado fue el mismo (0-3 y 3-0).

Existen un par de evidencias con este Barcelona. El nivel de algunos futbolistas es paupérrimo. No hay más que ver la manera en que Luuk de Jong intenta marcar goles, con el corpachón desequilibrado y la bota incapaz de responder al sentido común. Las escenas que está dejando sobrepasan el surrealismo. Pero ni siquiera eso excusa las deficiencias tácticas que muestra Koeman, aún más evidentes en duelos de altura.

En 133 segundos

Debía de haber sabido el técnico neerlandés que el joven uruguayo Darwin Núñez era el futbolista más incisivo y con capacidad de desborde del Benfica. Qué más da. A saber por qué, colocó a Ronald Araujo, su mejor corrector, en el perfil izquierdo para que Eric García, líquido en los duelos individuales, experimentara con el tormento. El gol de Darwin tardó 133 segundos en llegar.

Sólo hizo falta un balón en largo hacia Darwin para dejar al Barça en cueros. Dibujó un par de bicicletas mientras Eric retrocedía sin remedio. Armó el disparo y encontró el palo corto de Ter Stegen. El alemán es ahora una sombra de lo que fue.

Koeman, consciente de su error inicial, intercambió las posiciones de Araujo y Eric. Lo fio todo a un tres contra tres en la retaguardia, y vio cómo Gerard Piqué, desbordado, se jugaba la segunda amarilla. ¿Qué hizo Koeman? Sacó a Piqué y, obsesionado con mantener su estructura táctica, reclutó a Gavi y mandó a Frenkie de Jong a ejercer de tercer central. Nada le importó que el centrocampista hubiera sido el único faro ofensivo.

Rafa Silva anota el 2-0 del Benfica en Da Luz.Rafa Silva anota el 2-0 del Benfica en Da Luz.REUTERS

De hecho, había sido Frenkie quien brindó a Luuk un gol que el ariete tuvo a bien fallar. Solo en el punto de penalti, y con el portero entregado, el delantero disparó a las piernas del defensor. Tampoco estuvo acertado el ex sevillista después de otra asistencia de Frenkie, esta vez con la cabeza. Tampoco fue el día de Memphis Depay, poco delicado al inicio, desnortado al final.

Mano irresponsable

Koeman, con Frenkie en galeras, permitió que el Benfica se creciera. Jorge Jesus debía de sentirse el mejor estratega del mundo. Bordeó la sentencia Darwin después de que a Ter Stegen le diera por iniciar una carrera hacia la nada. El uruguayo disparó al palo.

Intentó reaccionar el Barça. Aunque la frustración era creciente e insalvable. Eric García y Luuk de Jong fueron incapaces de empujar un balón sobre la primera línea de gol. Suerte tuvieron de que la acción estuviera invalidada por fuera de juego. Aunque lo peor estaba por llegar. Joao Mario y Yaremchuk se pusieron a hacer paredes en el área del Barcelona como quien da de comer a las palomas. Ajustició Rafa Silva. Y tras el segundo gol, el tercero, marcado por Darwin de penalti después de una mano irresponsable de Dest.

El Barcelona de Koeman sufrió una crucifixión en la ciudad de Fernando Pessoa. El poeta, muy miope y tan aficionado a la cazalla que acabó por reventarse el hígado, soltó a la enfermera justo antes de morir: «Dadme las gafas». Como si hubiera manera de ver algo cuando sólo hay oscuridad.


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