Cuando el estadio Rey Fahd pareció el Bernabéu: bromas con Luis Enrique y baño de masas de Florentino y un cántico: ''¡Bensimá, Bensimá!''
23:10
16 Enero 2022

Cuando el estadio Rey Fahd pareció el Bernabéu: bromas con Luis Enrique y baño de masas de Florentino y un cántico: ''¡Bensimá, Bensimá!''

El calor de la grada del recinto saudí hizo que pareciera que el Real Madrid jugaba en casa. El seleccionador eligió a Modric como MVP

Pese a la montaña de trocitos de purpurina y la humareda por los fuegos artificiales, Marcelo no aflojaba en su abrazo a la copa. Acababa de levantar su primer trofeo como capitán y el número 23 como jugador del Real Madrid, algo que sólo había logrado el mítico Paco Gento en la historia del club. Cuando el humo dio tregua, sonó el himno blanco y los fieles seguidores saudíes, lo corearon como si realmente fuera el de su país. Igual que toda la suerte de canciones que sonaron por la megafonía del estadio. La comunión fue total. Tanto, que a Florentino Pérez, aclamado como una estrella del fútbol, le faltó subirse a la valla para responder al calor del público. "El Madrid es universal, a cada sitio que vas está lleno de madridistas", presumía el presidente madridista, mientras Courtois y Casemiro, como los buenos toreros, completaban la vuelta al estadio. Y Ancelotti, sonriente, volvió a saborear un titulo con el Real Madrid: "Esto supone un impulso para seguir".

Y es que, a pesar de encontrarse a 7.000 kilómetros de casa, igual que el Athletic, resultaba evidente que el equipo local era el Real Madrid. Ni siquiera el marcador, que colocaba por delante al conjunto de Marcelino García, podía llevar a engaños. El estadio Rey Fadh, algo más equilibrado en el clásico ante el Barcelona, se entregó a los brazos del conjunto blanco. Desde uno de los fondos, un aficionado saudí, enorme megáfono en mano, dirigía los movimientos de la grada. Que si ahora una ola, que si toca encender las linternas de los móviles, que si vamos con los cánticos... En eso, en lo de las canciones, aún deben afinar un poco. De repente, aún con empate a cero, atronó un: "¡Así, así, así gana el Madrid!". Después vino un: "¡Vamos Real, hasta el final!". Y todos se volvieron locos para aclamar a Benzema, el ídolo, al que allí llaman Bensimá. En ese rincón afloraron pancartas con el rostro de Florentino Pérez enfundado en la vestimenta típica, con su pañuelo (kufiya) en la cabeza y la túnica blanca. También fueron tuneados algunos de los jugadores del Madrid. El ambiente superó al de muchas pausadas tardes del Bernabéu.

Minutos antes de que arrancara el partido, un buen puñado de aficionados apuraban sus rezos, sobre unas alfombras ubicadas a un par de metros de los accesos. Todos descalzos, por supuesto, pero cada uno con la vestimenta elegida para acudir a la final. Y eso implicaba ver a muchos con camisetas del Real Madrid y a alguno, que también los hubo, tanto postrado en la alfombra como en la grada, con los colores del Athletic. Mientras algunos ultimaban las compras de algún kebab, un café o incluso un cucurucho de helado, con los que aderezar el partido, otros zanjaban sus obligaciones con Alá.

'Bensimá', por aclamación

Minutos antes, también, en el exótico palco de autoridades, donde los asientos para la gente VIP son unos mullidos sillones, tapizados con arabescos sobre tela blanca. En la antesala, se encontraron el seleccionador nacional, Luis Enrique, el presidente de la RFEF, Luis Rubiales, y el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. A juzgar por las sonrisas, hubo intercambio de bromas, aunque la conversación quedó para ellos. El técnico asturiano tenía que hacer deberes, ya que es el encargado de elegir al MVP del partido. Y no tuvo muchos problemas para hacerlo. No necesitaba ayuda, pero el público le fue guiando con sus gargantas. Luka Modric recogió el trofeo al MVP, junto a un retrato a toda velocidad del artista español Mark Ríos, cuyo nombre artístico es MR. Dripping.

Si la grada se desgañitó cuando Modric adelantó al Real Madrid, aún en la segunda parte ("¡Luka, Luka, Luka!"), disfrutó de lo lindo con toda la ceremonia camino del 0-2. Un tipo con la camiseta de Bale reclamó que la pelota había golpeado en el brazo de Yeray, como si en realidad lo hubiera hecho en su propia cara. La grada se agitó cuando Soto Grado fue a revisar la decisión al monitor, tras el chivatazo del VAR. Y lo hizo aún más cuando señaló el penalti. Y, tras reclamar a Bensimá para que lanzara la pena máxima (algo que ya estaba decidido), completó su éxtasis cuando vieron a Unai Simón vencido sobre el verde. Ya en el ocaso, les faltó descorchar el champán (sin alcohol) con la entrada de Marcelo, otro de los tótems del lugar. Y besaron el cielo cuando Courtois adivinó la intención de Raúl García en otro penalti desvelado desde la sala VOR. Una parada que evitó un desenlace más apretado.

Fue la fiesta de una exótica Supercopa donde el Athletic perdió en el campo y en la grada. El Rey Fahd fue, por un día, el Santiago Bernabéu.


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