Cuarenta años del Guernica en España, el cuadro de las mil interpretaciones
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13 Septiembre 2021

Cuarenta años del Guernica en España, el cuadro de las mil interpretaciones

La paz, un recuerdo de la guerra civil y sus atrocidades, a la vez que un símbolo de la resistencia al franquismo, eran algunos de sus símbolos. 

Si hubiera que elegir un cuadro que representara lo que fue la transición, probablemente habría que decantarse por 'El abrazo', de Juan Genovés. Ahora bien, ninguno tuvo la importancia y la ubicuidad del 'Guernica' de Pablo Picasso durante los últimos años del franquismo y los primeros de la nueva democracia. El 'Guernica', cuya copia estaba presente en multitud de hogares españoles, era un símbolo de la paz, un recuerdo de la guerra civil y sus atrocidades, a la vez que un símbolo de la resistencia al franquismo: Pablo Picasso siempre repitió que ni él ni su cuadro pisarían España mientras el dictador siguiera vivo.

Por eso, cuando en 1981, en una operación casi secreta, el cuadro llegó escondido en un avión de pasajeros al aeropuerto de Barajas, el simbolismo aumentó. Ver el 'Guernica' en España, saberlo en nuestro país, era un paso más hacia la normalidad, igual que lo fue en su momento ver llegar a los destacados líderes de la oposición monárquica, socialista o, directamente, comunista.

El cuadro aterrizaba en Madrid apenas siete meses después del fallido golpe de estado del teniente-coronel Antonio Tejero y en un momento de enorme crispación y violencia terrorista. En un principio, se expuso en el Casón del Buen Retiro entre grandes medidas de seguridad; posteriormente, cuando estuvo terminada la reconstrucción del Centro de Arte Reina Sofía, en 1992, el cuadro encontró ahí su propia sala.

Pablo Picasso pintó el 'Guernica' para el pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937.

Pablo Picasso pintó el 'Guernica' para el pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937.

La historia del cuadro se explica perfectamente en la página web del museo: Pablo Picasso, nombrado director del Museo del Prado por el gobierno de la II República en septiembre de 1936 pese a residir en París, recibe a principios de 1937 el encargo de pintar una obra para la Exposición Universal de ese mismo año en la capital francesa. Picasso acepta, cobra, pero entonces llega el bloqueo.

Durante meses, no sabe qué pintar, está en una situación personal complicada y las ideas no llegan. Entonces, el 26 de abril, recibe la noticia de un bombardeo atroz de la aviación alemana sobre la población civil de Guernica. Poseído por la rabia y la indignación, Picasso empieza a dibujar bocetos y en un tiempo récord tiene listo el cuadro para su exposición en el pabellón español.

Un serio problema de fechas 

Esto es lo que dice la versión oficial y yo creo que, en general, es bueno creerse las versiones oficiales porque, si no, acaba uno con la cabeza como un bombo. Ahora bien, aquí hay cosas que no cuadran demasiado. La principal, la más discutida, es la vinculación del cuadro con el bombardeo. Incluso concediendo que Picasso tuvo hasta el 12 de julio -fecha de inauguración del pabellón español- para entregarlo a los comisarios, los tiempos parecen demasiado acelerados. Desde el 26 de abril al 12 de julio apenas hay dos meses y medio para construir una obra descomunal.

Es más, esas fechas tampoco son exactas. Según Picasso, el verdadero aldabonazo para su inspiración fue la manifestación por el Día del Trabajo que se organiza el 1 de mayo en París, convertida en una protesta por la masacre de la Legión Cóndor. También según su testimonio, el cuadro lo finaliza el 4 de junio. Treinta y cuatro días para completar un mural de 3,5 por 8 metros lleno de símbolos y que es una de las cumbres del cubismo y el surrealismo de la primera mitad del siglo XX. Posible, por supuesto; probable, de hecho, pero que levanta lógicas sospechas.

Según Picasso, el verdadero aldabonazo para su inspiración fue la manifestación por el Día del Trabajo

Una de las hipótesis alternativas más habituales es que el cuadro estuviera ya empezado, al menos en los borradores de los distintos animales y las figuras humanas, y pretendiera ser una condena sin más de la violencia en general y, en concreto, del alzamiento del 18 de julio y la sangrienta guerra civil española.

En realidad, esto cuadra mucho más y no le resta un ápice de simbolismo ni de importancia a la obra: Picasso estaba pintando contra la guerra y cuando oyó lo de Guernica, decidió que era un ejemplo perfecto y que podía servir como título para su cuadro. Durante años, esta versión compitió con la oficial en los foros académicos. Hoy en día, ha cedido paso a la épica de la sucesión manifestación-arrebato-entrega que, sin duda, es narrativamente más atractiva.

¿Otro llanto por Ignacio Sánchez Mejías?

En cualquier caso, estaríamos hablando de un cuadro contra la violencia, la guerra y el franquismo. Esta versión no altera mucho nuestro entendimiento del 'Guernica'. Hay, sin embargo, otras hipótesis más inquietantes y, probablemente, mucho más improbables… pero también más entretenidas. Durante años, los visitantes del Centro de Arte Reina Sofía solían encontrarse en la puerta con un señor de mediana edad, traje y corbata, que repetía una y otra vez con voz gangosa: “Toda la verdad sobre el Guernica, nada que ver con Picasso”.

La teoría de este profesor de arte presentaba el 'Guernica' como un cuadro sobre toros y, en concreto, sobre la muerte de Ignacio Sánchez Mejías el 13 de agosto de 1934, un hecho que también fuera inmortalizado por Federico García Lorca en su famoso 'Llanto'. Los símbolos aquí pierden su significado bélico: el toro sería el toro traidor que mató al matador; el caballo sería el de uno de los picadores; la luz correspondería a la enfermería iluminada como quirófano improvisado, y las figuras que se lamentan son las de la madre y la esposa del torero, esta última con su hijo pequeño en brazos.

Aceptar esta versión resulta demasiado complicado. Está claro que la República encargó el cuadro a Picasso con una intención política. De hecho, otra de las obras del pintor y escultor que se expusieron en el pabellón de la Expo 1937 fue la serie de aguafuertes en plancha de cobre 'Sueño y mentira de Franco', que deja poco margen a la imaginación. Picasso, miembro relativamente activo del Partido Comunista Francés, aunque no excesivamente beligerante en sus ideas, no dejaba de ser un cargo institucional de una república que ansiaba defender. Pensar que “Guernica” no tiene nada que ver con la Guerra Civil parece mucho pensar.

La interpretación autobiográfica

Aunque, bueno, aquí entra en juego el famoso bloqueo, el que le habría impedido pintar nada desde que recibió el encargo a finales de 1936 hasta mayo de 1937. ¿Y si Picasso aceptó el encargo, se gastó el dinero, fue dejándolo para luego y llegó a la fecha de entrega sin nada que entregar? En ese caso, sí, podría haber recurrido a alguna obra menor que tuviera ya desarrollada, de cualquier otra temática, y con su ingenio habitual, haberla disfrazado de propaganda para satisfacción de los comisarios españoles.

Una de las hipótesis que van por este camino y que más llaman la atención es la que presenta el 'Guernica' como un cuadro autobiográfico

Ahora bien, si aceptamos esto, podemos aceptar cualquier cosa. Una de las hipótesis que van por este camino y que más llaman la atención es la que presenta el 'Guernica' como un cuadro autobiográfico. Es la teoría del catedrático jubilado José María Juarranz de la Fuente, expuesta en su libro 'Guernica. La obra maestra desconocida' (Juarranz, 2018). Según este catedrático, el cuadro es una mezcla de tres momentos de la vida de Picasso: el terremoto de Málaga de 1884, que dejó más de mil muertos en sus réplicas por toda Andalucía; la relación con su padre José Ruiz y Blasco -el soldado muerto en el suelo- y el divorcio con Olga Khokhlova, que nunca llegó a producirse, aunque la bailarina rusa abandonó al pintor cuando supo que una de sus amantes esperaba un hijo. Olga, por cierto, es el caballo.

El problema de esta interpretación, entre algún otro, es que Juarranz de la Fuente insiste en que toda la obra de Picasso es autobiográfica y por lo tanto el 'Guernica' no puede no serlo. Eso borra de un plumazo la serie de aguafuertes antes mencionada en un momento muy especial de la historia de España. Es cierto que no es fácil encontrar más obras de intención claramente política -más allá del costumbrismo social de varios de sus períodos-, pero como único punto de apoyo no parece bastar.

Lo divertido del arte conceptual es precisamente investigar en el concepto e intentar desentrañarlo. Un juego que, a Picasso, sin duda, le habría hecho mucha gracia. Al fin y al cabo, él mismo tituló 'Las señoritas de Avignon', haciendo pensar a todo el mundo en la ciudad francesa, a lo que en realidad eran “las señoritas de la calle Avinyó”, de Barcelona, es decir, prostitutas. Hasta ocho años tardó Picasso en ponerle un nombre más “comercial” a lo que en principio no llevaba nombre alguno.

Estos juegos y estas trampas siempre se han dado entre los artistas. Si Picasso quiso ayudar a la República con su 'Guernica' o simplemente salió del apuro como pudo de un encargo irrechazable, queda en el aire. Que sea el lector -y el observador- los que interpreten.

Guernica Pablo Ruiz Picasso

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