Cumbre descafeinada en Bruselas: desafío mayúsculo, consenso mínimo
10:08
20 Octubre 2022

Cumbre descafeinada en Bruselas: desafío mayúsculo, consenso mínimo

Los líderes de los 27 se ven las caras divididos todavía sobre los topes al gas y la intervención a fondo del mercado energético

Guerra La UE sanciona a Irán por su ayuda militar a Rusia en Ucrania Comisión Europea Bruselas propone compras conjuntas y cambiar los índices de referencia del gas, pero decepciona de nuevo por la falta de ambición contra la crisis energética

Hay cumbres europeas críticas donde se toman decisiones vitales, hay cumbres 'puente' que hacen de transición para que en la siguiente se puedan cerrar todas las cosas pendientes y cumbres de puro trámite, que se celebran porque están en el calendario, pero de las que se espera poco y en las que se consigue menos. El Consejo Europeo que reúne hoy y mañana a los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 apuntaba hace unas semanas a ser de los primeros, tras la escalada bélica de Rusia en Ucrania, la implicación iraní y, sobre todo, la crisis energética. Con el paso del tiempo esas expectativas se han ido rebajando. Pese a la grandilocuencia del último encuentro informal en Praga, donde parecía que los líderes del continente habían aceptado por fin que había que ir mucho más a fondo, las negociaciones no prosperan, las propuestas hechas esta semana por la Comisión Europea se quedan cortas y la reunión, que parecía destinada a la mera transición, corre el riesgo de acabar siendo poco más que un trámite sin consecuencias.

La UE lleva meses aprobando medidas, pero todas parecen quedarse cortas, y aunque el problema es evidente para todos, y las consecuencias llegan a las calles, la división al más alto nivel sigue siendo muy profunda sobre cuáles son las soluciones necesarias. Parecía que con la pandemia, tanto por la parte de las vacunas como de las reacciones económicas y la respuesta a la invasión, habían quedado atrás las prácticas de la década pasada en la Unión, la de parálisis, bloqueos e infinitas reuniones para acabar aprobando lo que se debería haber hecho años antes, con un impacto y un daño enorme. Pero en el tema energético se perciben con claridad ecos de aquellos errores.

Hace un año cualquier intervención estaba descartada y la Comisión y buena parte de los Estados Miembro decían que la crisis energética sería corta, que los precios bajarán rápido, que la inflación era pasajera y que tocar el mercado (el eléctrico, el del gas, el energético en general) era un error y que cualquier remedio sería peor que la enfermedad. Se burlaban de los que pedían "medidas audaces", una "revolución", como España, Grecia o Portugal. Con el paso del tiempo, y los avances de la guerra, todo lo que era tabú se ha roto. Todo. Pero a pesar de ellos la reacción sigue siendo lenta, llena de tropiezos, obstáculos.

En Praga los líderes de los 27 parecieron mandatar a la Comisión para que fuera más allá de todo lo hecho hasta la fecha (flexibilidad en el marco de ayudas de Estado, ayudas directas a los más vulnerables, relajación de requisitos de financiación, reducciones voluntarias u obligatorias del consumo de gas y de electricidad, compras conjuntas, impuestos a los beneficios extraordinarios de las empresas del sector, pero también la excepcionalidad ibérica) y explorara formas de poner tope a nivel de toda la UE a cómo el precio del gas afecta a la generación de electricidad, para poner topes al gas que se compra fuera (desde Rusia a aliados como Noruega) y para cambiar el índice de referencia (TTF, de la bolsa holandesa) que se usa en gran parte de las transacciones del mercado. La respuesta de Ursula von der Leyen, sin embargo, volvió a quedarse a medias.

La tesis de Von der Leyen es que la división y polarización es tan grande en algunos temas que no tiene sentido poner algo de legislación negro sobre blanco y que lleve a más choques. "Hay dos bloques, los que creen que vamos demasiado deprisa y los que se quejan de que vamos muy lentos. Si todo el mundo está un poco enfadado no debe ir tan mal", explican fuentes comunitarias. Esa visión enfurece a muchos países y a parte de la burbuja de Bruselas. "La Comisión tiene la iniciativa legislativa, no puede ir siempre a remolque, es absurdo. Si espera a que haya consenso en el Consejo para todo, jamás avanzaríamos. El consenso se construye con ideas y se impulsa con propuestas legislativas, no al revés", dice un alto funcionario frustrado.

Varias delegaciones diplomáticas añaden otro factor: aunque la presión parece alta, algunos líderes están razonablemente tranquilos porque creen que este invierno no será tan duro como se temía. Hay reservas, los precios han bajado algo, la dependencia de Rusia se ha reducido enormemente y los especuladores pueden dar parcialmente marcha atrás ante las intervenciones.

Puso sobre le mesa compras conjuntas de gas (obligatorias para las empresas, pero sólo hasta un 15% del total), un cambio del índice de referencia de aquí a seis meses, el establecimiento de un tope "dinámico" para el gas hasta entonces, que evite la especulación en el mercado de derivados. Usar parte de los Fondos Estructurales no gastados todavía para mitigar la subida de la luz (pero no un nuevo fondo de deuda común). Y relajaciones en las demandas de colateral a las empresas más asfixiadas por liquidez, con umbrales más amplios para operaciones over-the-counter también. Pero nada más. Nada de topes todavía, ni a las importaciones ni a la generación de electricidad. Nada de impulsar un mecanismo que sea siquiera remotamente parecido al que usan España y Portugal. La presidenta Von der Leyen volvió a elogiar este miércoles esa "excepción ibérica", diciendo que ha funcionado y que "merece la pena estudiar" algo similar a gran escalada. Pero todo se queda ahí, en la lista de pendientes y buenos deseos.

La Comisión teme tres consecuencias si se lanza algo parecido al mecanismo ibérico, que limita el efecto del gas en la generación de electricidad y que es costeado por los usuarios del sistema para compensar a los generadores de energía. El equipo de Von der Leyen cree que generalizar esa excepción puede provocar aumentos del consumo y del uso de gas para producir electricidad. La segunda consecuencia es que hay distorsiones en el mercado único. Francia se está beneficiando de electricidad española subvencionada, y eso es controlable porque precisamente la península Ibérica está muy mal interconectada. Pero si todo el continente lo replica podría haber problemas. La tercera razón, la que más preocupa en Bruselas, dicen, es que un mecanismo así beneficiaría claramente más a unos que otros, y mientras las dos primeras variables son "mitigables", ésta no, o no de forma muy clara. Por lo que siguen explorando y trabajando las soluciones técnicas.

Países como Alemania y Holanda, que siempre se han opuesto a intervenir el mercado, siguen sin verlo claro. Creen que es un error, que es peligroso. Siguen pensando que los precios bajarán pronto o que se han estabilizado lo suficiente. No quieren intervenir el mercado, ni poner topes. Aceptan que se tenga que cambiar el índice del gas licuado, pero no ven necesidad de hacer un tope dinámico temporal hasta entonces. Sería perder el tiempo y los precios ya están controlados, apuntan. Y, además, los mercados pueden entrar en pánico si se va demasiado lejos, demasiado deprisa o se alteran los contratos a largo plazo.

Está previsto que tras escuchar al presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, se pase al tema de energía directamente, y que dure lo que tenga que durar. Los borradores del Consejo Europeo redactados por el equipo de Charles Michel buscan un lenguaje algo más claro. Si en la anterior reunión se pedía a la Comisión que "explorara" poner un tope a cómo el precio del gas fija el de la electricidad en el mercado marginalista, las últimas versiones mandatan a la Comisión a que lo "proponga" sin más dilación. Pero según explican fuentes diplomáticas, ese texto "no está estabilizado". Los líderes se remangarán y dependiendo de las dinámicas, del tono y la ferocidad se podrá ir más allá.

Hay una reunión de ministros de Energía la semana que viene en Luxemburgo, pero ya parece claro que será necesaria antes de final otro Consejo de Energía extraordinario. No de jefes de Estado, sino de ministros. La propuesta de la Comisión avanza en algunos aspectos, pero ni cubre todo lo que se le pidió ni ha dado tiempo a estudiarla en profundidad. "Dos días no bastan y lo sabíamos desde el mismo día de Praga. Estaba claro que no llegaría a tiempo. Es verdad que es algo muy técnico, muy complicado, y que la división es real, pero da la sensación de que algunos se han relajado y creen que lo peor ha pasado, y van sin prisa", lamentan fuentes diplomáticas. Cuando el resumen de los más ambiciosos es que se conforman con no ir para atrás, o con que no hay estancamiento, y que cualquier avance es mejor que nada, es que las expectativas no están a la altura. Ni del desafío, ni de los gritos de la calle.


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