Damián Quintero, el karateca-ingeniero al que no le gusta pelear: ''Pongo sentimiento en el tatami''
19:56
16 Julio 2021

Damián Quintero, el karateca-ingeniero al que no le gusta pelear: ''Pongo sentimiento en el tatami''

Dejó su trabajo en una multinacional para apostar por un sueño que cumplirá en Tokio. Él y Sandra Sánchez son dos de las opciones de medalla más seguras para España en un deporte sin futuro olímpico. El local Kiyuna es su gran rival por el oro: ''Compito en territorio hostil''

LUCAS SÁEZ-BRAVO @LucasSaezBravo Madrid Actualizado Viernes, 16 julio 2021 - 11:51Enviar por emailComentarTriatlón Anna Godoy, la hija del 'Tiburón': "Heredé la capacidad de sufrimiento" Judo Garrigós, el judoca que estrangula con sus mangas Atletismo Mohamed Katir, el repentino fenómeno español del mediofondo

Serán como dos medallas fugaces, las de Damián Quintero y Sandra Sánchez en katas, referentes mundiales de un deporte que nace y muere olímpicamente en Japón, su cuna. «Tenemos una responsabilidad con el kárate», pronuncia este malagueño nacido en Buenos Aires, un tipo tan seguro de sí mismo que un día dejó su trabajo de ingeniero aeronáutico en una multinacional para apostar por un sueño que se cumplirá el próximo 6 de agosto en el Nippon Budokan de Tokio.

Con 37 años recién cumplidos, Quintero fue campeón mundial en 2014, es seis veces campeón de Europa, número uno del ránking y favorito al oro junto al japonés Ryo Kiyuna. Compite en «territorio hostil», por eso la ausencia definitiva de público en las tribunas no es tanto drama para él. «Lo que me parecía menos correcto es que sólo se permitiera la entrada de espectadores locales», cuenta. Porque lo suyo, aunque es kárate, no consiste en pelear -«nunca me gustó que me tocaran la cara», bromea-. Tiene claro que para ganar una medalla en katas, «un combate imaginario», tiene que impresionar: «Poner el vello de punta al jurado, la piel de gallina». Y eso, desde siempre, se le da muy bien. «Poner corazón en el tatami. Que no seas un robot, que se vea la parte explosiva, pero también la técnica y el sentimiento. Se tiene que transmitir sentimiento», insiste.

Por eso impresiona verle entrenar en directo, una coreografía hipnótica, el sonido del karategui, el grito gutural de los kiais. Repetir, repetir y repetir hasta alcanzar la perfección, pues en tres minutos les va la vida. «Lo llevo en la sangre, son tantos años haciéndolo.... No tenemos margen de error. Porque no es un combate en el que puedes remontar. Un fallo a nosotros nos manda para casa», cuenta sobre ese estado de éxtasis en el que parecen levitar. «El nivel de concentración mental tiene que ser excelente. Evadirte de todo. Jueces, público, pabellón, evento. Sólo están el tatami y tú. Y tienes que intentar disfrutar del kata, esa es la clave», explica.

Más presión todavía a ellos, que no tendrán ya el colchón de París 2024. Y bien saben la colosal diferencia entre ser deporte olímpico o no. Las becas, el reconocimiento, la exposición... Hubo campeones mundiales españoles en el anonimato. «José Manuel Egea, Iván Leal, Óscar Vázquez... Han sido los que han abierto el camino. Porque por los años 90 ya se hablaba de que el kárate iba a ser olímpico y mira lo que ha costado. La medalla será por todos ellos», proclama con la rabia aún clavada de la exclusión del programa de los Juegos.

Aunque, pase lo que pase en esos cuatro katas que lleva grabados a fuego a Japón -tras una concentración de 15 días en Sierra Nevada junto a su entrenador, Jesús del Moral, parte para otra previa en la ciudad nipona de Fujinomiya-, ya no hay vuelta atrás para Quintero. «Además de mi carrera, tengo dos másters en gestión deportiva. El final no está lejos, uno va pensando, son 20 años en el equipo nacional, hay que ir dando un paso a un lado. Ya tuve mi tiempo como ingeniero de cálculo y me gustaría quedarme en el deporte, porque creo que tengo mucho que aportar», admite.

Durante la pandemia, además de la incertidumbre, los «momentos de locura» y de las dificultades para entrenar -se las ingenió en el sótano de su casa-, Damián no perdió el tiempo. Añadió a su repertorio un nuevo arma, el Ohan Dai. «Un kata nuevo, que ya he probado en competición. Se me ha valorado muy bien y me encuentro cómodo con él. Me lo llevo en la lista de cuatro que utilizaré en Tokio. Esta última semana he estado puliendo los otros katas para sorprender. Estoy contento», anuncia.

Quintero, que llevará en la maleta el ordenador bien cargado de series, que celebró el triunfo de Argentina en la Copa América a pesar de que «me siento 100% español» (llegó a Torremolinos junto a su familia a los cinco años), que no «es muy fan» del éxito de 'Cobra Kai' -«En la antigua de Kárate Kid sí que hacen algún kata más real»-, y que arrastra «a modo toro» los pies en el tatami antes de la competición, tiene bien claro a quién le haría un kata en la vida real. «Me molesta cuando la gente habla sin saber, los listillos de las redes sociales. De política, de deporte... Hay que saber aceptar las críticas, pero los haters que van a hacer daño...», se queja.


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