David Mitchell: ''La mejor música de los años 60, además de buena, era nueva''
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15 Julio 2022

David Mitchell: ''La mejor música de los años 60, además de buena, era nueva''

'Utopia Avenue' emplea la efervescencia de la edad dorada del rock en el Reino Unido para ilustrar la transformación de la sociedad.

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Cuando Utopia Avenue se publicó en Estados Unidos en 2020, un periodista llamó al editor norteamericano para cerciorarse de que la banda que protagoniza y da título a la novela nunca había existido: le resultaba poco verosímil que aquel conjunto formado en 1967 en el apogeo del Swinging London, perfecta síntesis de la efervescencia musical del momento a ambos lados del Atlántico, fuera un artefacto estrictamente narrativo fruto de la imaginación de su autor, y que los tres álbumes de la banda, minuciosamente descritos en el texto, no estuvieran disponibles en Discogs o Spotify.

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Dos años después, al teclear «utopia avenue» en la ventana de búsqueda del popular servicio musical brotan varias playlists que recopilan los muchos temas reales que resuenan en el libro, recién publicado en España por Literatura Random House con traducción de Javier Calvo. Y su autor, David Mitchell, recuerda con alborozo la anécdota de aquel periodista concienzudo, que no hace sino avalar el éxito de su operación literaria. La de mezclar a sus criaturas de ficción -la cantante Elf, el bajista Dean, el guitarrista Jasper, el batería Griff y Levon Frankland, el atildado mánager de la banda- con personajes de carne y hueso como David Bowie, John Martyn, Roger Waters, Marc Bolan, Allen Ginsberg o Steve Winwood. Todo ello, en la reconocible geografía del Soho londinense de la época, con lugares icónicos como el club Marquee, el 2i's Coffee Bar, Les Cousins, el UFO Club, las discográficas de la calle Denmark, el café Gioconda o el Scotch of Saint James.

«La idea no es original. Tolstoi lo hace cuando introduce a Napoleón en Guerra y paz. Si veo a lo lejos es porque camino a hombros de gigantes», bromea Mitchell por videollamada desde su casa cerca de Cork, en Irlanda.

En efecto, se trata de un juego literario con ilustres antecedentes; no podemos evitar citarle a Galdós. Pero el reto es conseguir que la cosa funcione. «Un novelista es como un ilusionista que crea la impresión de que la ficción es real, y para ello necesita pequeños engaños e ilusiones. El mago sabe utilizar sus trucos para que estos sean invisibles. En el caso de incorporar a la narración personajes históricos, si abusas caerás en la biografía ficcionada, y si te quedas corto será como jugar al mero avistamiento de aves. Tienes que encontrar una regla y, en mi caso, es bastante sencilla: la aparición del personaje histórico debe cambiar la escena, pero no la dirección narrativa del relato».

David Mitchell.David Mitchell.ÁLEX ZAPICO

Tras varias incursiones en la fantasía, con caprichosas historias cruzadas entre el pasado y el futuro como las de El atlas de las nubes, adaptada al cine por Tom Tykwer y las hermanas Wachowski hace ahora 10 años, Mitchell escogió un momento y un lugar muy concretos para escribir la que considera su novela más relevante hasta la fecha. «Creo que la mejor música de finales de los 60 es tan increíblemente buena porque, además de buena, era nueva. Para nosotros ya es antigua, pero el público de entonces no había oído nada igual. No existía nada parecido a un álbum como el Sgt. Pepper's de The Beatles. Nunca se habían escuchado canciones como You can't always get what you want de los Rolling, See Emily play de Pink Floyd, o All day and all of the night de The Kinks. El álbum como secuencia de canciones, como viaje narrativo, era una forma de arte que estaba en sus comienzos. En muy pocos años, entre 1966 y 1968, se produjo un extraordinario salto evolutivo en el pop y el rock, un acontecimiento de los que suceden muy pocas veces. La revolución, en el arte y en la política, estaba en el aire, y la revolución siempre es amiga de la narrativa. Así que, además de que me encanta la música, tenía todo el sentido situar mi novela en esa época».

En la banda de Utopia Avenue están representados los dos polos de la sociedad británica de entonces: Dean y Griff encarnan, respectivamente, a la clase obrera del sur y el norte de Inglaterra; Elf y Jasper, el amplio pero acomodado espectro entre la clase media y cierta burguesía bohemia. «Tenía la aspiración de que Utopia Avenue fuera un poco una novela del estado de la nación en aquel momento. Su tema principal es la música, pero hay un subtema que es el cambio social», reconoce Mitchell. «Cada 40 años la sociedad se acelera y da un salto. Quizá hoy, con Trump, el Brexit y el genocidio de Putin en Ucrania estamos viviendo una época parecida, en la que la baraja de la sociedad se vuelve a mezclar y a repartir, pero en el momento no puedes verlo con claridad. Yo he querido reflejar eso en Utopia Avenue. A finales de los años 60 nace la preocupación ecológica, surge el feminismo de la segunda ola, y con ello una primera conciencia de la toxicidad potencial del privilegio del hombre blanco heteronormativo. Buena parte de los cimientos de la democracia liberal se asentaron entonces».

Después de su experiencia como guionista en Matrix Resurrections -«siempre he admirado a los guionistas, pero ahora más si cabe»-, Mitchell compagina la escritura de su nueva novela con un par de proyectos para televisión. «Es un mundo que te atrae como un agujero negro. Pero siempre digo que sí a los proyectos paralelos que me surgen, porque creo que puedo aprender mucho de ellos. Seguramente lo hago en parte para luchar contra ese gran miedo del escritor de mediana edad que es la repetición».

Por eso también ha escrito libretos de ópera, esa obra de arte total, que diría Wagner. «Y que si viviera ahora», responde risueño, «probablemente diría que la obra de arte total es el videojuego. Con su narrativa, la música, el uso de los visuales, el desarrollo de personajes, el drama... Por culpa de mi hija estoy un poco enganchado a Red Dead Redemption II. Si no lo conoce, se lo recomiendo».


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