De la apoteosis del drama a las incógnitas sobre Hamilton
07:28
29 Diciembre 2021

De la apoteosis del drama a las incógnitas sobre Hamilton

Max Verstappen conquistó el título en la última vuelta de la última cita del Mundial, donde el heptacampeón, que aún sigue dando vueltas a su futuro, se sintió perjudicado por los comisarios.

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Todo pareció orquestado por Netflix. Pero no. Lo sucedido durante el Mundial 2021 fue la más destilada esencia de la Fórmula 1, un deporte perdido desde hacía demasiados años en lo anodino. De lo único que podrán quejarse los seguidores de Drive to survive, la serie documental que escarba en las rivalidades del paddock, es que Max Verstappen no aparezca en su cuarta temporada, prevista para la próxima primavera. «Han falsificado realidades que no existen, así que no les voy a dar entrevistas, porque me gustan las cosas verdaderas», advirtió el líder de Red Bull unas semanas antes de destronar a Lewis Hamilton en el GP de Abu Dhabi. Desde luego, para abordar su apasionante duelo no fue necesario recurrir a los hechos alternativos. La realidad, una vez más, volvió a superar a la ficción.

A cinco vueltas para la meta, el accidente de Nicholas Latifi contra las protecciones de la curva 14 cambió el rumbo de la historia en Yas Marina. El piloto de Williams, uno de los peores de la parrilla, desencadenó la salida del safety car, sumando así su nombre al de otros insignes convidados de piedra que decantaron un título. Desde Nigel Mansell, con un trompo en el GP de Portugal de 1984 que dejó en bandeja el título a Niki Lauda, por medio punto frente a Alain Prost, hasta Vitaly Petrov, un muro para Fernando Alonso en el decisivo GP de Abu Dhabi de 2010. Por no hablar del papelón de Timo Glock frente a Hamilton en la última curva del GP de Brasil de 2008. Estos precedentes, sumados a la doble trifulca de Ayrton Senna con Prost en Suzuka o las de Michael Schumacher frente a Damon Hill y Jacques Villeneuve, no deben esconder lo sustancial.

Y es que jamás en siete décadas de F1 dos pilotos del talento de Hamilton y Verstappen se habían jugado el título a una bala en el último giro de la última carrera. Tampoco nunca se había derramado tanta adrenalina por el camino. Quien mejor debe de saberlo es el propio Hamilton, incapaz aún de digerir la debacle. Los incesantes rumores sobre su retirada, esparcidos por Bernie Ecclestone, ex dueño del Gran Circo y refutados por el actual CEO, Stefano Domenicali, son la evidencia de este inhumano desgaste.

Clamorosas ausencias

Ni siquiera bastó con la bandera a cuadros en Yas Marina. Hubo que esperar hasta más allá de las once de la noche, cuando los comisarios desestimaron el segundo recurso de Mercedes. No pudo ser de otro modo, porque a lo largo de 22 carreras, la influencia de los árbitros de la FIA, liderados por Michael Masi, había sido tan relevante como la de los propios implicados en la pista. Verstappen se vio favorecido en ese momento, de igual manera que pudo sentirse agraviado otras veces. Hamilton encontró razones para considerarse una víctima del sistema, aunque nada debiera justificar su asiento vacío en la rueda de prensa final. Tampoco su ausencia en la gala de la FIA, celebrada un día después de recibir su título de caballero del Imperio Británico en el castillo de Windsor.

Cualquier repaso a las polémicas que enfangaron la lucha por el título corre el riesgo de no ser del todo exhaustivo. Desde el inicio, en Bahrein, cuando Verstappen se vio obligado por Masi a ceder la posición ante Sir Lewis, hasta la última vuelta de la última cita del campeonato. En medio, sólo por citar un par, el accidente de Monza, con la rueda trasera derecha del Red Bull sobre el halo del Mercedes, o el choque de Silverstone, pasado casi por alto por Masi, mientras Verstappen resoplaba furioso en el hospital. Existen también mil lecturas sobre los litigios de Interlagos o Jeddah. Nada importa ya. Lo que urge es un reglamento diáfano y unos jueces que lo apliquen de forma estricta y consistente.

13 pilotos en el podio

La F1 no debería dejarse arrastrar por la deriva de los excesos, más propia de un guionista de Hollywood que de la sana lógica deportiva. Entre otras razones porque el descomunal mano a mano entre Verstappen y Hamilton, sumado al talento de quienes empujan desde atrás, con Carlos Sainz a la cabeza, vale su peso en oro. No hay que olvidar que esta fue la temporada donde 13 pilotos subieron al podio y donde el único doblete llevó la firma de Daniel Ricciardo y Lando Norris para McLaren. También fue el año del regreso de Alonso, con el tercer puesto en Qatar y su icónica celebración en compañía de Hamilton y Verstappen.

En el balance negativo deben citarse las cancelaciones por culpa del covid (Australia, China, Canadá, Singapur, Japón) o el escándalo del GP de Bélgica, cuando la FIA decidió entregar puntos en una carrera que simplemente no fue tal. Por no mencionar las clasificaciones al sprint de los sábados, con bastantes aspectos mejorables, o los reventones de los neumáticos Pirelli en Losail y Bakú. La revolución normativa del Mundial 2022, con monoplazas totalmente remozados, promete emociones aún más fuertes. Si es que algo así puede concebirse.

Y EN 2022

Revolución del reglamento. Tras ocho temporadas de tiranía de Mercedes, la era híbrida abre paso a un cambio radical. El rediseño de los coches, con aerodinámicas más sencillas y neumáticos de 18 pulgadas, pretende mejorar el espectáculo.

Pocas caras nuevas. El único equipo que modificará por completo su alineación será Alfa Romeo, con Valtteri Bottas y Guanyu Zhou, mientras Mercedes apuesta por George Russell y Williams tapa el hueco del británico con Alex Albon.

Sin descanso. El Mundial más largo de la historia, con 23 carreras, se pondrá en marcha el 20 de marzo en Bahrein y finalizará el 20 de noviembre en Abu Dhabi. La gran novedad será el doblete en EEUU, incluido el estreno del GP de Miami.


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