De las bicicletas al 5G: historia de una desconfianza irracional
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11 Abril 2021

De las bicicletas al 5G: historia de una desconfianza irracional

Aunque las redes sociales no parezcan tenerlo claro, no hay motivo para creer que el 5G pudiera dañarnos lo más mínimo

Ya lo dijo el New York Times: “es lo más peligroso para la vida y la propiedad jamás inventado”. Es más, un tiempo después de que vaticinara el desastre, el mismo medio publicó sus espeluznantes consecuencias “su uso excesivo se considera la causa de la muerte de la señorita May Brewer, una joven maestra de la escuela secundaria”. ¿Cómo es posible que esta tecnología siga entre nosotros? Parece mentira que, con tantos opositores como ha tenido, haya conseguido establecerse en nuestras ciudades. Cada vez hay más, cruzándose en nuestro camino, rodando por las calles. Sí, has leído bien: rondando por las calles. Si pensabas que estábamos hablando sobre el 5G, me temo que ha habido una confusión.

Esas dos frases del New York Times hablaban sobre bicicletas y fueron publicadas en 1881 y 1887 respectivamente. Puede que ahora nos parezca ridículo, pero el miedo a las bicicletas era real. La primera fue inventada por Karl von Drais en 1817, con su popularización llegó el máximo pico de preocupación, unos 50 años después, y podemos rastrear fácilmente mensajes alarmistas hasta casi entrado el siglo XX. En 1880, el mismo New York Times seguía diciendo cosas como que: “Una bicicleta es peligrosa, no cuando está en movimiento, sino cuando está en reposo. Es entonces cuando arroja a su jinete y lo pisotea con una crueldad que el depravado caballo se avergonzaría de exhibir.” Casi veinte años después de eso, el periódico seguía preocupado por la posibilidad de que las bicicletas dañaran los libros que pudieran transportar, y durante este tecnofóbico periplo J. T. Goddard llegó a decir que “muchos defectos quedan ocultos por los revestimientos de pintura, […] y una máquina que es débil en cualquier punto, es peligrosa en conducción rápida.” El miedo a lo nuevo no es (valga la redundancia) algo nuevo bajo el Sol.

Menos energético que una vela

Habrá quien piense que esta comparación entre el miedo a las bicicletas y el miedo al 5G es engañoso. Las bicicletas consisten en una serie de piezas metálicas fáciles de entender, ¿qué peligro podrían entrañar mientras las conduzcamos con cuidado? Sin embargo, el 5G es radiación, etérea y casi mágica, de ella podría emerger cualquier cosa, o al menos eso es lo que podemos pensar si no entendemos bien el concepto de radiación.

La radiación es algo tan material (filosóficamente hablando) y mundano como el cuadro de una bicicleta. La palabra radiación se refiere a una onda de energía que se propaga (radia) a través de un medio. Por poder, podemos hablar incluso de radiación sonora para referirnos al ruido. En el caso de la radiación propia del 5G estamos hablando, no obstante, de radiación electromagnética, que tampoco es lo mismo que la radiación nuclear que hemos aprendido a temer desde la guerra fría.

La radiación electromagnética es la propagación de energía en forma de fotones, partículas de luz. Y esto no tiene ni trampa ni cartón, la luz visible (parte de la que emite el Sol, las bombillas, las luciérnagas y todo lo demás) es radiación electromagnética, y es absolutamente inocua. No tiene la energía suficiente como para alterar la estructura de nuestras células. Como mucho nos calentará, pero eso ya no es un peligro tan invisible y podemos reaccionar rápidamente para evitarlo. No obstante, existen otros tipos de radiación electromagnética, cuando los fotones son más energéticos llegamos a las radiaciones llamadas ionizantes, como los rayos X, los ultravioleta (los verdaderos causantes de las quemaduras solares) o la gamma. Estos sí que tienen suficiente energía como para mutar nuestro ADN, matar a nuestras células y producir tumores.

Pero entonces, ¿dónde está el 5G en este continuo? ¿Por encima de la luz visible o por debajo? ¿Es ionizante o no ionizante? La respuesta, para nuestra tranquilidad, es que sus fotones son mucho menos energéticos que los de la luz visible, quedando tremendamente lejos de ser ionizante y, por lo tanto, peligroso. No solo es que el 5G sea menos peligroso que la luz de la bombilla (o vela) con la que iluminemos nuestra casa, sino que es incluso menos energética que la radiación de microondas. Esta última es una radiación que lo invade todo, como un eco del Big Bang que posiblemente hayas visto en aquellas televisiones antiguas que, cuando no sintonizaban, mostraban un extraño patrón al que llamábamos “nieve”.

No hay casos demostrados

Se trata, en realidad del mismo miedo que surgió con la aparición de los teléfonos móviles. De igual modo que ocurre con el 5G, los móviles no son teóricamente capaces de producir ningún daño en nosotros. Pero, como la ciencia sabe que su corpus teórico puede fallar o estar incompleto, cuando se trata de temas tan cruciales para la salud, se lo toma realmente en serio. Por ese motivo, complementa estos análisis teóricos con estudios observacionales. No importa que no sepamos cómo daña la telefonía a nuestro cuerpo, si realmente fuera peligrosa podríamos comparar las enfermedades y achaques de dos grandes grupos de personas, uno de gente con teléfonos y otro de personas que han permanecido aisladas de la tecnología.

Esto se ha hecho hasta la extenuación y, aunque cuando se toman pequeños grupos, algunos estudios puntuales pueden indicar que aquel más expuesto a la telefonía ha sufrido más daños (del mismo modo que otros indican justo lo contrario) sí que existe una tendencia por la cual, cuantas más personas incluya el estudio, más evidente resulta que no existen diferencias entre los dos grupos.

Con el 5G no hay motivo para pensar que pueda suceder lo contrario. Por supuesto, todavía hay cosas que desconocemos en cuanto a cómo podría comportarse el 5G al sumarse a otras radiaciones ya presentes en nuestro medio, por eso hemos de estar alerta, pero tanto como con cualquier sustancia o medicamento que supera los ensayos previos a su comercialización. De hecho, podemos estar seguros de que los físicos conocen la naturaleza de estas radiaciones con tanto detalle como podemos entender la mecánica de una bicicleta. Y precisamente por eso, sospechamos que hay mucho más peligro en un amasijo de hierros, ruedas dentadas, cadenas y cables viajando a 15 km/h que en un haz de fotones con menos energía que la luz de tu linterna.

QUE NO TE LA CUELEN:

Cierto es que conviene seguir estudiándolo para detectar cualquier posible efecto adverso, pero por el momento no parece haber motivo para una moratoria. Recientemente se han vuelto a poner de moda los vídeos de personas estallando palomitas o quemando lana metálica con la radiación de un teléfono. Huelga decir que los vídeos son falsos. El primero, suele estar hecho con la ayuda de un magnetrón: el aparato de pulsos magnéticos que hay en nuestros microondas y que hace vibrar las moléculas de agua hasta calentar un objeto por simple rozamiento (nada tiene que ver con la telefonía, el 5G ni la radiación ionizante que es la capaz de producir cánceres). Los vídeos de la lana metálica están hechos de forma más zennial, empleando efectos especiales caseros.

REFERENCIAS (MLA):

Kan, Peter et al. “Cellular Phone Use And Brain Tumor: A Meta-Analysis”. Journal Of Neuro-Oncology, vol 86, no. 1, 2007, pp. 71-78. Springer Science And Business Media LLC, doi:10.1007/s11060-007-9432-1. Accessed 7 Apr 2021. Wu, Ting et al. “Safe For Generations To Come: Considerations Of Safety For Millimeter Waves In Wireless Communications”. IEEE Microwave Magazine, vol 16, no. 2, 2015, pp. 65-84. Institute Of Electrical And Electronics Engineers (IEEE), doi:10.1109/mmm.2014.2377587. Accessed 7 Apr 2021.

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