De ser el peor equipo de la NBA al título: el camino de vuelta de los Warriors
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17 Junio 2022

De ser el peor equipo de la NBA al título: el camino de vuelta de los Warriors

Después de las finales de 2019, el proyecto de Golden State parecía haber acabado, pero la recuperación de sus estrellas y los retoques lo cambiaron todo

Crónica Los Warriors recuperan el anillo de campeones de la NBA

La crónica de las Finales de 2019 bien pudo ser el obituario de los Golden State Warriors. Kevin Durant se rompió el tendón de Aquiles en el quinto partido, que sería el último con la franquicia. En el sexto, que sellaría la derrota ante Toronto, Klay Thompson sufrió una rotura de ligamento cruzado anterior. Y cuando apuraba su recuperación, año y medio más tarde, también él se rompió el Aquiles. Se imaginaron entonces diversos finales, no otro anillo. El cuarto en ocho temporadas.

Es el triunfo de una anomalía, de un proyecto de largo aliento en la época más volátil de la NBA. Stephen Curry, Thompson y Draymond Green llevan juntos una década y Steve Kerr llegó al banquillo en 2014. Ellos forman el núcleo duro de los Golden State Warriors, un grupo que ha marcado la evolución de la NBA moderna en las dos canastas (el campo cada vez más abierto en ataque, la defensa cada vez más versátil). Y a su alrededor han levantado una vida nueva cada vez que la anterior se había agotado.

Pero de esos cuatro anillos, como dijo Kerr, el más improbable era este. Porque después de perder las Finales de 2019, de perder también a Curry por una fractura en la mano, los Warriors fueron el peor equipo de la NBA. Porque la temporada pasada se quedaron fuera de los playoffs en un curso mediocre. Porque Thompson no volvió hasta hace cinco meses, después de 941 días de baja. Porque en toda la fase regular, los tres pilares solo coincidieron en tres partidos, 11 minutos en total.

Porque 2019, después de todo, parecía el fin.

Andrew Wiggins, el factor X

Esta nueva vida empezó a gestarse solo unos días después de perder aquellas Finales. Cuando Kevin Durant les confirmó que se marcharía a los Brooklyn Nets, los Warriors le convencieron para hacerlo mediante traspaso y no como agente libre. De esta manera, podrían recibir algo de valor a cambio para empezar a rehacer el equipo.

Para cuadrarlo con el reglamento salarial, tuvieron que renunciar a un veterano valioso como Iguodala (volvió el pasado verano, dos años después), pero era una declaración de intenciones: mantendrían el núcleo, aunque significara pagar una factura desorbitada por un equipo sin aspiraciones.

Lo que en un principio fue D'Angelo Russell, un base de un estilo radicalmente contrario al del equipo, se convirtió en Andrew Wiggins y Jonathan Kuminga. El primero, número uno del draft de 2014, llegaba enterrado en dudas pero ha sido el segundo jugador más determinante del equipo en estos playoffs, solo por detrás de Curry; el segundo, de solo 19 años, abre la puerta del relevo.


Apoyados en un pabellón fastuoso que hace las veces de máquina de imprimir billetes, los Warriors han mantenido ese compromiso de no escatimar en gastos. Entre salarios y el impuesto de lujo, esta temporada han gastado casi 350 millones de dólares.


Oxígeno para los veteranos

Estos dos años de barbecho obligado, apartados del foco sin Klay Thompson, han servido para oxigenar un núcleo que iba al límite: entre 2014 y 2019, los Warriors jugaron más de 500 partidos en cinco campañas. El reto de mantenerse tanto tiempo como aspirante al título no es solo conservar el hambre, sino aguantar sano. Y para 2019, Golden State iba en la reserva.

Los problemas físicos se han mantenido este año. El día que Klay Thompson reaparecía después de más de dos años y medio lesionado, Draymond Green tan solo jugó siete segundos simbólicos. Hizo el salto inicial solo para volver a coincidir con su compañero, pero hizo falta enseguida para irse al banquillo y seguir tratando una lesión muscular.

Problemas que, unidos a la edad (34 años Curry, 32 Thompson y Green) llevaron a muchos a cuestionar la candidatura de los Warriors. "Ha sido un largo camino de vuelta hasta aquí", decía el pívot después de conquistar este cuarto anillo. "Hemos tenido muchos detractores y gente que dudaba de nosotros".

Y con esto último pulsaba una tecla que tocaba muy hondo a los Warriors: la sensación externa de que sus títulos tenían un asterisco. En 2015, las lesiones de Kevin Love y Kyrie Irving en los Cavaliers; en 2017 y 2018, la presencia de Durant. Por eso mientras se bañaban en champán, el vestuario coreaba "¿Y qué van a decir ahora?".

Futuro y relevo

Los Warriors aprovecharon también estos años de paréntesis para preparar el relevo de un fondo de armario que había perdido lustre. La falta de un horizonte claro permitió más paciencia y minutos para Jordan Poole, que esta temporada se ha perfilado como un primo inesperado de los 'Splash Brothers', y Gary Payton II, determinante en las Finales con su intensidad; para adaptar a Wiggins a un papel muy distinto al que había tenido toda su carrera; y para asentar al fin a Kevon Looney.

Además, los malos resultados se tradujeron en elecciones altas de draft como Jonathan Kuminga y Moses Moody, dos aleros de 20 años que han mostrado buenas maneras cuando han tenido oportunidad. Piezas que suman al fondo de banquillo y que permiten alargar la vigencia de un núcleo que ya es historia de la NBA.

Con cuatro años (y seis Finales) en ocho años, los Golden State Warriors se confirman como la dinastía moderna, el equipo que ha dominado la última década al tiempo que cambiaba el baloncesto.


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