Del delirio al desencanto
08:48
12 Julio 2021

Del delirio al desencanto

El ambiente en Londres fue cayendo hasta la depresión, mientras en Escocia, ''por un día'', la gente se sentía ''muy italiana''.

Eurocopa Macrobotellón y vandalismo en los alrededores de Wembley antes de la final Final El Renacimiento se cumple en Wembley: Italia gana la Eurocopa

Se la prometían muy felices. Se veían ya levantando la Eurocopa que disputaron prácticamente en casa y que parecía reservada para mayor gloria de Inglaterra. Cantaban en las gradas el "It's coming home!" cuando llegó el do de pecho de Bonucci y cambió la melodía: "It's coming to Rome!".

El día de la fiesta anticipada dejó pasó al luto nacional por el pinchazo final de los hombres de blanco cuando lo tenían todo a favor. El delirio inicial en Wembley, en Trafalgar Square, en Picadilly y en los pubs de Londres dejó pasó a un silencio derrotista e inquietante que se prolongó hasta la agonía de los penaltis.

La borrachera de los 10 millones de pitnas dejó paso a la resaca nacional en la noche en la que Harry Kane y sus secuaces parecían predestinados a ser carne de leyenda. Lo había dicho Isabel II, en un ejercicio de nostalgia y anticipación: "Hace 55 años tuve la fortuna de entregar la Copa del Mundo a Bobby Moore y pude comprobar lo que significaba para los jugadores, el entrenador y todo el personal poder llegar y ganar la final de un torneo internacional".

En ausencia de la Reina, confinada en su castillo, el príncipe Guillermo y el pequeño y encorbatado Jorge representaron a la familia real y palpitaron con los "tres leones" tras el gol tempranero de Luke Shaw. En las gradas, junto a David Beckham, estuvo Tom Cruise, que dos días antes envió un mensaje especial al equipo después de un visionado de Top Gun.

La olla de grillos de Wembley hirvió durante los primeros lances del partido, al igual que todo el país, hasta que los hombres de Mancini decidieron marcar el ritmo y tomarse la "vendetta" en una segunda parte con un regusto a "amaretto" que duró ya hasta el último trago.

En los alrededores de Wembley, el aluvión de hooligans y los contadísimos "tifosi" disputaron una desigual batalla que ganaron los locales por goleada, profiriendo gritos al estilo: "Os podéis meter vuestros calzones, vuestros macarrones y vuestros canelones por donde os quepan".

El caos se apoderó del estadio a falta de un par de horas para el partido. Cientos de hinchas saltaron las vallas de seguridad y lograron colarse en el estadio. Los guardias jurados se las vieron y desearon para expulsar a unos cuantos; otros lograron abrirse paso entre la barahúnda.

Scotland Yard tuvo que emplearse a fondo para evitar la "invasión" de Wembley y la UEFA dio la voz de alarma ante la situación: "Los hinchas han estado saltando sobre las barreras, pero no han tenido acceso directo al estadio. La final sigue adelante y no existe una preocupación por la posible violación de los protocolos".

La policía confirmó que los altercados ocurrieron "fuera del perímetro de seguridad del estadios". Los agentes a caballo tuvieron que intervenir y usar gases lacrimógenos para dispersar a la multitud, aunque no hubo contusionados ni heridos.

Unos 66.000 espectadores (el 75% del aforo de casi 90.000) presenciaron la final entre críticas por la relajación de las medidas del Gobierno británico, pese a los 31.772 casos de Covid registrados en el las últimas 24 horas y advertencia de las autoridades sanitarias de que se pueden disparar por encima de los 100.000 en dos semanas.

La avalancha de hinchas en los alrededores del estadio volvieron a colapsar el Olympic Way y el Wembley Park Stadium, las dos vías principales de acceso de la cercana estación de metro. Pese a las advertencias ocasionales, el uso de mascarillas y el distanciamiento social han quedado pulverizados bajo el ímpetu de la hinchada local. El alcalde Sadiq Khan hizo un desesperado llamamiento a los londinenses a "comportarse responsablemente".

No hizo falta reiterar la advertencia después del fiasco de Gareth Southgate y sus chicos en la hora H. La sensación de sueño colectivo de los últimos días dejó paso a la triste realidad de la derrota a altas horas del domingo, amplificada por la presencia insidiosa de las hormigas voladoras.

En Escocia, mientras, la brigada del ABE (Anyone But England) se congregó en los pubs de Glasgow y Edimburgo y entonó a placer el "Cualquiera menos Inglaterra". "Tenemos un gran respeto por el entrenador y por los jugadores ingleses, pero por un día todos vamos a ser italianos", anticipó Hamish "Husband", portavoz del West of Scotland Tartan Army.

En la portada del semanario independentista The Nation, el entrenador italiano Roberto Mancini aparecía inmortalizado en la piel de Robert the Bruce en Braveheart y bajo la consigna: "Libéranos de otros 55 años soportando la paliza de los ingleses". Pues eso.


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