Dios, unos padres olímpicos y las zapatillas: los secretos del récord del mundo de Sydney McLaughlin
18:06
23 Julio 2022

Dios, unos padres olímpicos y las zapatillas: los secretos del récord del mundo de Sydney McLaughlin

La estadounidense destrozó la historia en los 400 metros vallas con un registro increíble: 50.68 segundos

Crónica Sydney McLaughlin destroza la historia en los 400 metros vallas con un récord de otro mundo

"¿What's wrong, Sydney?¿Are you ok?", le repetían los entrenadores, los voluntarios, los periodistas en zona mixta cuando hacía ya 45 minutos, quizá una hora, que había reescrito la historia. "Yes, yes, I'm ok", respondía Sydney McLaughlin y añadía una explicación: "Sólo trato de asimilar el lactato". Una eternidad después de destrozar su propio récord del mundo de los 400 metros vallas (50.68 segundos), la estadounidense todavía estaba noqueada por su propio cuerpo, mareada, incluso desorientada; ciertamente su discurso posterior no fue congruente. A la hora de agradecer a quienes le habían ayudado en su éxito llegó a nombrar al AirBnB que alquiló su familia en Eugene y que hizo que estuvieran todos juntos en las gradas del Hayward Field. "Cuando gané en los Juegos de Tokio estaba sola y aquí he podido disfrutarlo con ellos", comentó, aunque no olvidó a quien, según ella, ha marcado su vida: "Estoy agradecida al Señor, toda mi gloria es para Dios".

Extremadamente creyente, educada en el instituto Unión Católica de Scotch Plains, en Nueva Jersey, de padres atletas, olímpicos en los Juegos de Los Ángeles 1984, McLaughlin ejemplificó con su récord mundial las dos revoluciones que vive estos días el atletismo. La primera, técnica, con estudiadísimos detalles como el paso de valla o la frecuencia entre valla y valla. Y la segunda y más importante tecnológica, con esas zapatillas con placa de fibra de carbono que lo han cambiado todo. En ninguna prueba como en los 400 metros vallas ha influido tanto esa innovación porque multiplica los impulsos tanto al saltar como al aterrizar y porque reduce el desgaste osteomuscular de los impactos. Hasta ayer se consideraba que la ganancia de este calzado podría alcanzar el 1%; ahora habrá que revisar esos estudios.

McLaughlin, que utiliza un modelo de New Balance exclusivo para ella, con placa de fibra y espuma ultra reactiva, salió disparada en los primeros 100 metros y la recta final, allí donde debería haber notado el cansancio, mantuvo el ritmo. Después de cruzar la meta del Hayward Field de Eugene, eso sí, se sentó sobre el tartán con las rodillas encogidas y allí se quedó uno, dos, tres, cuatro, cinco minutos. Todo ocurría alrededor: las rivales la felicitaban, el público la ovacionaba, la mascota hacía gracietas, los fotógrafos la reclamaban, la organización se inquietaba... y McLaughlin ahí, parada, paralizada por el lactato ya toda la noche. "Mi tiempo es absolutamente increíble y ahora sólo me queda averiguar qué otras barreras se pueden romper. Seré más rápida", comentó y ahora es difícil pensar que lo consiga.

Una plusmarca para décadas

Su plusmarca ya parece una de esas para siempre. Florence Griffith Joyner en los 100 y los 200 metros; Marita Koch en los 400; Jarmila Kratochvilova en los 800 metros... Por varios motivos, muchos de ellos oscuros, no hay quien mejore esos registros y McLaughlin ya está a ese nivel. Cualquier apreciación sobre los 400 metros vallas ha quedado desfasada. Para entenderlo se requieren números: el anterior récord, también suyo, de este junio, era casi un segundo más lento (51.41); en 2019 la plusmarca se situaba por encima de los 52 segundos (52.16) y McLaughlin la ha presentado ante la barrera de los 50 segundos...

Con la rivalidad con su compatriota Dalilah Muhammad como resorte, el año pasado superó la frontera de los 52 segundos (51.90 metros), la destrozó con su oro en los Juegos de Tokio (51.46 metros) y este año en los Trials fue a por más (51.41 metros). Las apuestas valoraban si sería capaz de volverse a superar, pero nadie se esperaba que volara. Una curiosidad para comprender mejor su exhibición: McLaughlin hubiera acabado séptima en la final femenina de los 400 metros lisos, sin vallas, de este mismo viernes. "Le preguntaré a mi entrenador por el próximo objetivo. No quiero celebrar hasta que todo el trabajo esté hecho", finalizó en zona mixta, todavía perdida, todavía golpeada por su propio cuerpo.


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