¿Dónde está Mila Ximénez?: la fuerza de una luchadora
20:32
19 Febrero 2021

¿Dónde está Mila Ximénez?: la fuerza de una luchadora

Tras varios días sin aparecer en televisión ni contestar los mensajes de sus compañeros, ha colgado una imagen tranquilizadora en redes

El silencio es hoy el mejor compañero de fatigas de Mila Ximénez, un silencio misterioso que ha generado preocupación. En su programa de cabecera no sueltan prenda sobre el verdadero estado de salud de su colaboradora más popular. Hermetismo total. Mila solía leer los mensajes que le mandábamos sus amigos, incluso contestaba con palabras de agradecimiento y cariño a nuestras palabras de ánimo. Hace dos meses me escribía: «Tengo que estar quieta, estoy en un ciclo de quimioterapia y no me puedo mover, gracias por tu interés. Sé que hablas con el corazón. Te quiero».

Mila Ximénez en 'Sálvame Deluxe'Foto: TelecincoTelecinco

Ahora no contesta. Se echa de menos su sensibilidad, la Mila más cercana es dulce y sencilla, un ejemplo de discreción en respuesta a las confidencias. Sus compañeros de programa, algunos íntimos de ella, tampoco consiguen localizarla y me expresan su extrañeza y preocupación. Ni su incondicional Kiko Matamoros obtiene respuesta: «No me contesta». Igual a Lydia Lozano y a Antonio David Flores.

Una fuente de la redacción de «Sálvame» incide en la circunstancia de que «aquí no se habla del tema Mila, prima el silencio, lo único que sabemos es que continua con el tratamiento de quimio contra su cáncer de pulmón, que nunca pierde la esperanza de curarse y que afronta su enfermedad con el optimismo de quien sabe que la lucha es necesaria. Es una mujer con una gran fortaleza…».

Pero tras la mujer fuerte se esconde otra que no oculta su debilidad. Cuando desveló que padecía cáncer, en directo, en su programa, echándole reaños, vimos a la Mila más sincera y humana. No quiso esconder su fragilidad, esa que conocen los más íntimos, y hasta llegó a reconocer que «le tengo mucho miedo a la muerte». Pero conocedora de la preocupación sincera de su entorno, por fin ayer colgaba una imagen en su cuenta oficial de Instagram en el que tan solo aparecía este mensaje: «La misma de siempre, aunque ya no la de antes». Fue su forma de tranquilizar a sus seguidores. Afortunadamente, cuenta con mucho apoyo y eso le impide venirse abajo. El primero, el de su hija, Alba; también el de sus hermanos y sus nietos. Alba, según su madre, «es un ángel llegado del cielo, una bendición…». Llevaban meses sin verse por la pandemia, pasaron una en España y la otra, en Holanda, y el reencuentro a principios de este mes de febrero no se puede definir con palabras. La mañana siguiente a su llegada a la capital madrileña habló con los periodistas que hacían guardia en la puerta de la casa materna y afirmaba que «por ahora todo va bien, gracias, pero no sé cuando podrá volver mi madre a la televisión». Su rostro no denotaba tristeza ni preocupación. Pasaron unos días juntas y pudimos verlas entrando en el hospital donde la periodista recibe el tratamiento de quimio. Un centro en el que también la han acompañado grandes amigas como Belén Esteban o María Patiño.

Alba Santana junto a su madre, la periodista Mila Ximénez, en una foto de archivo

Una paciente ejemplar

Mila es de carácter fuerte, pero se hace querer en las distancias cortas, capaz del cabreo más impulsivo y del perdón más sincero. El «demonio» televisivo se trastoca en «ángel» cuando las luces del plató se apagan. Su mejor seña de identidad es la generosidad, su entrega a los demás, siempre pendiente de los suyos. En «Sálvame» la echan muchísimo de menos, es la tertuliana que levanta las mayores polémicas, siempre eleva la audiencia con sus impulsivas intervenciones. Por eso extraña una ausencia tan larga. Ya son más de dos semanas sin aparecer en el estudio rodeada de un silencio absoluto.

En los pasillos de Tele 5 se hacen todo tipo de conjeturas, ya se sabe que a veces es peor mantener los silencios que contar las verdades. Tampoco desde los Países Bajos se lanzan respuestas. Más silencio. Alba respeta la decisión de su progenitora de mantener su enfermedad alejada del foco mediático. Y hay que acatar sus deseos. Desde el hospital donde continua su tratamiento hablan de «una paciente ejemplar, no la hemos visto quejarse nunca. Es obediente y formal. Sigue al pie de la letra las indicaciones de los médicos y nunca ha dado el menor problema. Además, es muy agradable y simpática. Sencilla y humilde, no ejerce de personaje popular, aunque es evidente que lo es. Y no puede pasar desapercibida».


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