Draghi inicia la reforma de Italia
03:06
17 Febrero 2021

Draghi inicia la reforma de Italia

El nuevo «premier» expone su programa de Gobierno en su investidura hoy ante el Senado y mañana en la Cámara de Diputados. Sus prioridades son gestionar los fondos europeos y modernizar la Administración, la Justicia y la fiscalidad

Mario Draghi es un hombre de pocas palabras. Desde que el presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, pronunció su nombre apenas se ha dejado ver. Y mucho menos escuchar en público. Un breve discurso de menos de dos minutos en el que dijo que la «emergencia de la situación requiere respuestas a la altura» es todo. Ni siquiera el día que aceptó el encargo de Gobierno se explayó más. Leyó la lista de sus ministros, dio las gracias y se marchó. El economista esquiva todos esos vicios de la romanidad, tan llena de cuchicheos, rumores y conspiraciones.

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Desde que en 2019 abandonó Fráncfort, sede del Banco Central Europeo (BCE), solo pasaba por Roma para acudir a la oficina que mantiene en el Banco de Italia. Rápidas reuniones y vuelta a su caserón en Città della Pieve, una aldea en mitad de la península italiana, cerca de Perugia. Allí ha permanecido todo este tiempo, alejado de la contaminación política de Roma.

Pero todo eso se acabó, al flamante primer ministro italiano le toca bajar al barro para someterse a la sesión de investidura en el Parlamento. Hoy debe superar el examen el Senado y mañana en la Cámara de Diputados. Fiel a su estilo, no se sabe apenas nada del discurso que ofrecerá Draghi. Sus consejeros de comunicación, heredados del BCE, se mimetizan con el líder: hechos y pocas palabras. Filtraciones, ninguna. Solo se ha anticipado que será un mensaje breve y que irá al grano –cómo no–, centrándose en la oleada de reformas que debe acometer.

Italia es un país decadente tras veinte años de estancamiento económico y otras tantas décadas de inacción. Es el carácter natural de Roma, que al final contagia a los políticos que la habitan. Estas dos décadas perdidas han provocado el ascenso del euroescepticismo, que acusa de todos los males a la moneda común.

La tarea de Draghi, considerado el salvador del euro, será intentar salir del bache precisamente gracias a los recursos de la Unión Europea. Y cuando se trata de repartir dinero, de repente, casi todos los partidos le apoyan. Hasta quienes hace dos días amagaban con salir del club comunitario. Todo empieza y termina con los fondos de recuperación de la UE, causa y motivo por el que Draghi está aquí. Italia es el primer beneficiario del mecanismo de solidaridad europeo, con 209.000 millones de euros a repartir entre préstamos y ayudas a fondo perdido. Y quién mejor para repartir los dineros que el banquero aclamado en Bruselas como una estrella del rock.

De esa lluvia de millones dependerá, en gran medida, la transformación en diferido de Italia. Son muchas las reformas pendientes, pero uno se pone a echar cuentas y al final no queda tanto. Lo más urgente es invertir en la campaña de vacunación, dotar de más fondos a la Sanidad, financiar los ERTE y aprobar un nuevo decreto de ayudas a los sectores más castigados por la crisis sanitaria y económica. Esto último estaba ya previsto por el ex primer ministro Giuseppe Conte, pero se quedó a la espera cuando se abrió la crisis de Gobierno hace un mes. El albarán con los gastos planteados por los fondos de recuperación habrá que estudiarlo bien, pasarlo a limpio y mandarlo en abril Bruselas, donde deben revisar que está todo en orden.

Las reformas de más largo recorrido afectan a la Justicia, el sistema fiscal y la digitalización de la Administración pública, que aún funciona casi en analógico. Para ello, Draghi se ha rodeado de su círculo más estrecho de confianza. Los ministros que se ocuparán de estos departamentos son todos tecnócratas, profesionales con amplia competencia en su campo. Para lo fundamental, no hay sitio para los partidos políticos.

Marta Cartabia, ex presidente del Tribunal Constitucional y ministra de Justicia, deberá reformar el lento sistema judicial. Daniele Franco, ex director general del Banco de Italia y titular de Economía, será el encargado de revisar los impuestos. Mientras que del empresario Vittorio Colao (Innovación Tecnológica) y el físico Roberto Cingaloni (Transición Ecológica) se espera modernizar toda la estructura productiva italiana.

Ambos ministerios tienen especial importancia, ya que los fondos de recuperación europeos exigen que haya inversiones verdes. Y, así, en su primer Consejo de Ministros, Draghi ya dejó claro que el suyo será un «Gobierno ecologista». Italia acogerá, además, este año la próxima cumbre del clima, la bautizada como Cop26, que se debería celebrar en otoño en Milán.

También Italia será sede este año del G-20, con cita en octubre en Roma. Una ocasión en la que el país intentará mejorar su posición internacional, afianzando su relación con Estados Unidos, ahora que la era Trump ha pasado a la historia. La elección del demócrata Joe Biden tiene mucho que ver con la conversión de los euroescépticos italianos, pues son conscientes de que las vías de comunicación actuales son Bruselas y Washington, sin veleidades hacia Moscú o Pekín.

Lorenzo Castellani, politólogo de la Universidad Luiss, opina que «eligiendo a Draghi, Mattarella era muy consciente de que el futuro de Italia pasa por la UE, ése es el único tablero en el que jugar en estos momentos». Este año Angela Merkel se despedirá tras casi 16 años como canciller alemana y Emmanuel Macron entrará en precampaña, ya que el año que viene se celebran elecciones presidenciales en Francia. El vacío de los grandes europeístas puede ser aprovechado por Draghi para presentarse como la próxima figura del continente.

Todo dependerá, entre otras cosas, de si los partidos que han entrado en el Gobierno colaboran o hacen la guerra por su cuenta. Algunos virólogos aconsejan que se decrete un nuevo confinamiento general, debido al aumento de las variantes del virus, y los líderes políticos ya han comenzado la pelea. La última palabra, como en todo lo demás, la tendrá Draghi, que ha pedido a sus ministros que no hablen más de lo necesario hasta que no haya algo nuevo que anunciar.


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