Dressel domina la final de las mariposas de acero y mejora su récord del mundo
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31 Julio 2021

Dressel domina la final de las mariposas de acero y mejora su récord del mundo

Se impone en 100, en pugna con Milak, los más rápidos de la historia. Impresiona en 50 y pierde en un mal relevo de 4x100 estilos mixtos, pero aspira a cinco oros. Ledecky mantiene su hegemonía en 800.

Caeleb Dressel está 'on fire' y está en silencio, apagadas sus redes sociales, concentrado en su gran objetivo. Es la explosión callada de Tokio, que suma su tercer oro en los Juegos, el segundo individual, en 100 mariposa, prueba en la que ya era el mejor en términos absolutos. Poseía el récord del mundo, arrebatado a Michael Phelps, pero en la final le arañó cinco centésimas (49.45). La competencia de Kristof Milak, un titán, no le inquietó. Dressel nadó como quien lo hace contra sí mismo y contra la historia. A pesar de la sensación de orfandad que deja una retirada como la de Phelps, superior en los Juegos a lo que fueron Mark Spitz o Matt Biondi, tiene un lugar reservado para este prodigio de la velocidad, un mástil para la natación estadounidense en tiempos de zozobra.

En una final de soberbio nivel, seis nadadores acabaron por debajo de 51 segundos y los dos primeros por debajo de 50. Bárbaro. Lo mejor, además, es que el mayor de los ocho tiene 25 años, por lo que a la mariposa le aguarda un pulso tenaz en los próximos años, especialmente los tres que nos separan de la siguiente cita con los aros, París 2024. Dressel tiene 24. Milak, 21, y el tiempo del húngaro (49.68) lo sitúa ya como el segundo mejor de la historia en la prueba con el tercer mejor tiempo. El segundo pertenece también a Dressel (47.50). Son las mariposas de acero. Otras herencias de la era Phelps, especialmente en los estilos, perdurarán en el tiempo.

EL DUELO DEL FUTURO

Dressel-Milak va a ser el duelo del futuro en la mariposa. Si el norteamericano es ambicioso, el húngaro es, además, tremendamente inconformista, como demostró al ganar los 200 de la misma especialidad por el hecho de no añadir al oro la plusmarca mundial. Esta vez, sonrió. Se trata de una plata de un valor enorme, por la competencia y por el tiempo en la que la consiguió.

La razón de que Dressel domine el 100 y Milak el 200 es que el primero es un velocista punta, sostenido por una gran salida y un nado subacuático en el que consigue emerger con mucha ventaja sobre el resto. Milak, en cambio, progresa a partir del primer 50. El segundo lo realizó el húngaro en 26.03, un parcial sobrehumano, pero le faltaron metros para compensar la ventaja del estadounidense, único en las distancias que van del 50 al 100, sea en libre, que se disputa en ambas, o en mariposa.

Lo demostró el norteamericano apenas 40 minutos después, cuando hubo de saltar de nuevo a la piscina para disputar las semifinales de 50, el sprint puro. Un programa comprometido y cuestionable, puesto que los especialistas de libre y mariposa suelen solaparse. Dressel se tomó todo el tiempo que pudo para llegar al poyete, el último, y apurar su descanso, interrumpido por la entrega de medallas de los 100 mariposa. Dominó su semifinal con 21.42, pese a que se administró en la llegada. No es descabellado pensar en otro récord en la final. Está en posesión de César Cielo (20.91) desde 2009, en plena era de los bañadores mágicos, de poliuretano.

Todavía había más para Dressel en la jornada, al tener reservado el último turno en el 4x100 estilos mixto, un compromiso realmente, porque Estados Unidos no tenía el nivel de otros equipos, especialmente el británico, donde la posta de braza de Adam Peaty es incontestable. Le entregaron el último relevo, en libre, perdido. Remontó tres posiciones en un 50 en 46,99, pero insuficiente siquiera para subir al podio. Venció Gran Bretaña con un nuevo récord del mundo (3:37.58), aunque en esta especialidad la marca tiene un valor relativo, puesto que se disputa hace escaso tiempo.

UNA MISIÓN IMPOSIBLE

Pese a esta última derrota, si Dressel consigue el oro en 50, la próxima madrugada en España, en la última jornada de la natación en Tokio, sumaría tres oros individuales, después del 100 libre y 100 mariposa, más el cuarto en el relevo del 4x100 libre. En función de si decide saltar en el 4x100 estilos masculino, podría alcanzar los cinco. No va a ser fácil, como tampoco para Estados Unidos liderar un ajustado medallero con Australia.

EL FONDO SALVA A LEDECKY

Mientras Dressel daba un paso más para convertirse en la 'vedette' masculina de Tokio, Katie Ledecky consiguió sostenerse en el pedestal, igualada a Ariarne Titmus, gracias a una poderosa victoria en los 800, aunque con una marca lejos de sus mejores tiempos. No la necesitó. Con este oro y el de 1.500, el fondo le ha permitido aminorar la decepción por sus derrotas en 200 y 400 libre, en el primero sin alcanzar siquiera el podio, frente a la australiana. Titmus fue segunda en el 800, aunque lejos de dar caza a la norteamericana, dueña de la prueba desde ese arranque en que despeja las calles a izquierda y derecha.

Ahora, ambas poseen dos oros y una plata en pruebas individuales. Ledecky ya no lloró como en su triunfo en 1.500. Se siente reparada y buscará en adelante ser la mujer con más medallas olímpicas. Ya lo es en oros, desde su aparición en Londres 2012. Tenía entonces 15 años, los mismos que Katie Grimes, que se quedó a un peldaño del podio en 800. París aguarda a ambas, junto a Milak, Dressel y las valquirias australianas, que ayer sumaron el oro de 200 espalda, gracias a Kaylee McKeown, vencedora también en 100. Hay futuro sin Phelps.


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