EEUU asegura que China es la verdadera amenaza y no Rusia
02:00
29 Octubre 2022

EEUU asegura que China es la verdadera amenaza y no Rusia

Washington desvela en su Estrategia Nacional de Seguridad que Moscú es una amenaza ''aguda'', pero que su mayor rival sigue siendo Pekín

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Rusia es una distracción. La verdadera amenaza para la supremacía mundial de Estados Unidos es China. Y, para hacer frente a ese desafío, Washington va a fortalecer su defensa convencional, incluyendo sus sistemas de armas atómicas, y va a extender su red de alianzas en el escenario crítico del poder global del siglo XXI: los océanos Pacífico e Índico. Es una nueva Guerra Fría que durará décadas.

No es una valoración. Son, casi textuales, las palabras del secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, en la Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos, el documento que marca las líneas generales de la postura de las Fuerzas Armadas estadounidenses. En sus 20 páginas -que es la versión abierta al público, ya que existe otra secreta- la retórica acerca de China es muy dura. Si en la Estrategia de 2018, elaborada bajo la presidencia de Donald Trump, se calificaba a ese país de "competidor estratégico que usa la economía de manera depredadora para intimidar a sus vecinos mientras militariza elementos del Mar del Sur de China", esta vez se alude a él en cinco ocasiones como "el desafío determinante" en el que "se centra" Estados Unidos, porque va a ser "nuestro competidor más relevante en las próximas décadas". Otros dos documentos también emitidos el jueves, la 'Revisión de la Postura Nuclear' y la 'Revisión de la Defensa Antimisiles', usan esas mismas expresiones para aludir a Pekín.

Las palabras que el Departamento de Defensa dedica a Pekín son propias de la Guerra Fría. En su mensaje introductorio, Austin acusa a la República Popular China de llevar a cabo "acciones coercitivas crecientes para dar una nueva forma a la región indopacífica y al sistema internacional de modo que se ajusten mejor a sus preferencias autoritarias", y expresa su preocupación por el masivo programa de modernización de las Fuerzas Armadas chinas, que incluye la mayor producción de bombas atómicas -cerca de mil, de aquí al final de la década- llevada a cabo por ningún país desde hace cinco décadas.

Pekín, al contrario que Rusia, rechaza de plano cualquier tipo de negociación para el control de las armas nucleares, algo que Estados Unidos le ha pedido llevar a cabo de manera permanente desde hace varios años. Todo ello conforma una situación en la que, como explica Austin, citando expresamente a Joe Biden, "vimos en una década decisiva y nos enfrentamos a retos formidables".

Y, para hacer frente a esa amenaza, Estados Unidos recurre a una estrategia de Guerra Fría, a través de las alianzas que ya tiene en el Pacífico y el Índico, otras nuevas -entre ellas el AUKUS, con Gran Bretaña y Australia- y la esperanza de que India formalice sus acuerdos de defensa con Washington, a pesar de la renuncia de la otra gran potencia demográfica asiática a entrar en pactos internacionales formales que pudieran limitar su libertad de acción.

Frente a esa reafirmación de la importancia de China, Rusia es solo "una amenaza aguda", que presenta "serios peligros en áreas críticas", pero cuya estrategia de desafío a la OTAN "se ha vuelto en su contra de manera dramática", y que, además, "ha sufrido una reducción considerable" de su capacidad militar como consecuencia del fracaso de la invasión de Ucrania y de las sanciones internacionales que le han sido impuestas y que son especialmente duras para un país que prácticamente no tiene tecnología propia.

En el podio de las amenazas a Estados Unidos, Corea del Norte e Irán se encuentran en una muy distante tercera posición, tras China y Rusia. El terrorismo, que durante más de una década marcó la estrategia de seguridad de Washington, queda relegado al final de las preocupaciones, al mismo nivel que el cambio climático.

El calentamiento de la Tierra preocupa al Pentágono por dos razones. Una, porque los fenómenos climáticos extremos y el aumento de las temperaturas están ya provocando crisis económicas, inestabilidad política, y un aumento de las migraciones. La otra, porque el hielo del Ártico se está fundiendo, abriendo así un océano entero al trafico marítimo, al comercio, y a la explotación minera entre apenas siete países, entre ellos EEUU. Cuando en 2019 Donald Trump quiso comprar Groenlandia a Dinamarca, estaba haciendo una propuesta atrabiliaria, porque desde hace más de cien años no se venden y compran territorios (España fue uno de los últimos países en vender colonias pobladas, en 1900), pero que obedecía a la importancia creciente del Ártico en la geopolítica mundial.

En realidad, la Estrategia, y sus 'hermanos pequeños', sobre armas atómicas y escudos antimisiles, son hijos de Donald Trump. Y la doctrina de éste, a su vez, lo es de la de Barack Obama, que fue quien en 2011 acuñó la idea del 'giro al Pacífico', que consistía en quitar a Europa y Oriente Medio la primacía como teatro en la defensa estadounidense para dárselo al Pacífico. La llegada del Estado Islámico y la propia indecisión del entonces inquilino de la Casa Blanca frenaron esos planes, que luego Trump resucitó, y que Biden ha acelerado. La única modificación en esta estrategia ha sido una mayor atención a Rusia, en especial tras la invasión de Ucrania. Pero, por otra parte, el fracaso de Moscú en esa guerra ha convencido a Estados Unidos de que el rival es China. De hecho, la Estrategia quita importancia a la alianza entre Moscú y Pekín debido al tremendo desequilibro de ésta, dado que Rusia no tiene una potencia económica, tecnológica y militar equiparable ni de lejos a las de China.

La Estrategia también tira por los suelos definitivamente la teoría conspiratoria de que a Estados Unidos le interesaba la guerra de Ucrania. Al contrario. El conflicto es una distracción y una complicación para Washington, porque dificulta el giro al Pacífico. De hecho, es probable que fuera el propio Gobierno de Joe Biden quien incitara sin darse cuenta a Putin a invadir Ucrania.

Primero, levantó, contra el criterio del Senado, el veto de Trump a la entrada en servicio del gasoducto Nordstream 2. Después, transmitió la idea -incluso en la 'cumbre' entre Biden y Putin de junio de 2021 en Ginebra- de que Washington no iba a llevar a cabo una política hostil contra Moscú, apenas tres meses después de que su primer encuentro con China acabara poco menos que en una bronca de barra de bar. Finalmente, la retirada de Estados Unidos de Afganistán en agosto de 2021 acabó por generar la impresión de que Washington se desentendía de Europa. En realidad, esa retirada era parte del giro al Pacífico y de la progresiva desconexión estadounidense de Oriente Medio. Es una estrategia que, tal y como explican los documentos publicados en jueves, prosigue a pesar de la guerra en Ucrania.


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