El ajustado resultado de las elecciones en Alemania condena a la Unión Europea a la parálisis
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27 Septiembre 2021

El ajustado resultado de las elecciones en Alemania condena a la Unión Europea a la parálisis

La llegada de Scholz a la cancillerían cambiaría el equilibrio de fuerzas en Bruselas a favor de los socialdemócratas.

Parafraseando la máxima futbolística, la Unión Europea es un club en el que juegan 27 países y al final siempre gana Alemania. Es el Estado miembro más grande y la principal potencia económica. En sus 16 años en el poder, Angela Merkel ha llevado el timón de la UE en la navegación de todas las crisis. Aunque en teoría no tiene poder de veto en solitario, en Bruselas no se toma ninguna decisión en contra de Berlín. Y en los últimos meses, muchas decisiones urgentes -en particular en el ámbito económico- se han dejado en suspenso a la espera de las elecciones de este domingo.

El ajustado resultado de las urnas en Alemania amenaza con prolongar indefinidamente la parálisis en la Unión Europea. La victoria por la mínima del socialdemócrata Olaf Scholz no le garantiza poder formar Gobierno. Una vez llegado el fin de la era Merkel, los comicios han acentuado la fragmentación del panorama político alemán, hasta el punto de que se necesitarán tres partidos para una coalición estable.

A su vez, los socios imprescindibles que decidirán quién gobierna tienen preferencias distintas: mientras que los Verdes defienden que Scholz debe ser el próximo canciller, los liberales del FDP apuestan por entronizar al perdedor, el democristiano Armin Laschet, con el que tienen más afinidad ideológica, y que no renuncia a intentarlo. "Quizá los Verdes y el FDP deberíamos hablarlo entre nosotros antes", ha propuesto el líder liberal, Christian Lindner. La incertidumbre es máxima. Todos los analistas pronostican que las negociaciones para formar el nuevo Gobierno alemán durarán meses.

Mientras que la UE se bloquea por la indefinición de Alemania, el mundo no se detiene. El presidente norteamericano, Joe Biden, pese a declararse amigo de Europa, ha vuelto a las políticas unilaterales de Donald Trump (eso sí, de forma más educada) en cuestiones como la salida de Afganistán o la nueva alianza militar AUKUS con Australia y Reino Unido. En un nuevo orden mundial marcado por el choque entre Estados Unidos y China, la Unión se ha quedado descolocada.

La ausencia de Berlín en la mesa de negociaciones impide al jefe de la diplomacia comunitaria, Josep Borrell, impulsar el gran salto adelante en defensa y la soberanía estratégica. Tampoco habrá avances en las negociaciones para relajar las reglas de déficit y deuda, una prioridad absoluta para la vicepresidenta Nadia Calviño, que quiere un acuerdo antes de que el Pacto de Estabilidad vuelva a aplicarse en 2023. En la misma situación de parálisis se encuentra la reforma migratoria, el nuevo arsenal de normas contra el cambio climático o las leyes para poner coto al poder de los gigantes digitales de Estados Unidos

Eso sí, en Bruselas se ha recibido con alivio la caía de los extremistas en estas elecciones. Todos los partidos susceptibles de entrar en el futuro Gobierno alemán son decididamente proeuropeos. Las fuerzas de centro resisten y los populistas y radicales se hunden. La ultraderecha de Alternativa por Alemania, que irrumpió con fuerza en los anteriores comicios de 2017, ha perdido posiciones. También baja la izquierda radical de Die Linke.

El resultado más probable es una coalición continuista con la última etapa más flexible de Merkel. De hecho, Scholz ha hecho campaña presentándose como el heredero natural de la canciller. Sin embargo, si al final es él el que consigue formar Gobierno, provocaría un vuelco en el equilibrio de fuerzas dentro del Consejo Europeo a favor de los socialdemócratas. Ahora mismo, el Partido Popular Europeo tiene 9 jefes de Estado o de Gobierno, los liberales tienen 7 y los socialistas tienen 6. 

Con Scholz de canciller, el PPE perdería a su principal representante y ya no controlaría a ninguno de los grandes países de la UE. En contraste, los socialdemócratas multiplicarían su fuerza en Bruselas al estar en el poder no sólo en Alemania y España, sino también en los países nórdicos o en Malta.

Una fuerza que podrían hacer valer en cualquier próximo reparto de altos cargos. Sobre todo porque ahora sólo controlan un puesto menor como es el de Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad (que ocupa Borrell), mientras que los populares tienen a Ursula Von der Leyen de presidenta de la Comisión y los liberales a Charles Michel al frente del Consejo Europeo.

De hecho, frente al silencio atronador con el que han recibido los populares europeos el resultado de las elecciones en Alemania (apenas ha habido reacciones en Bruselas), los socialistas sí se han apresurado a felicitar a su candidato. Entre ellos, el propio presidente Sánchez o también el comisario de Asuntos Económicos, Paolo Gentiloni. "Enhorabuena a Olaf Scholz por una campaña electoral tan exitosa. Equidad social, crecimiento sostenible y transición verde para una Europa más fuerte", ha escrito Gentiloni.

"Enhorabuena a Olaf Scholz y al SPD por los magníficos resultados. España y Alemania seguirán trabajando por una Europa más fuerte y por una recuperación justa y verde, que no deje a nadie atrás", ha dicho Sánchez. Una alianza reforzada con Berlín serviría al presidente del Gobierno para impulsar en Bruselas su agenda social y la relajación de las reglas fiscales. Al mismo tiempo, Sánchez perdería en beneficio de Scholz el puesto de principal líder socialista de la UE.

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