El año en que Messi obró como un líder verdad y culminó sus obras completas
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31 Diciembre 2022

El año en que Messi obró como un líder verdad y culminó sus obras completas

El título mundial conquistado en Qatar descubrió la versión más madura del argentino, con derecho a reclamar el primer lugar en la historia

El círculo se cerró para Leo Messi en Qatar. El argentino nació un 24 de junio, en 1987, pero a partir de ahora sentirá todo 18 de diciembre como un cumpleaños, porque fue el día de su canonización, el cumpleaños de un dios. La obra futbolística ya era suficiente para declararlo como uno de los mejores de la historia, junto a Alfredo di Stéfano, Johan Cruyff, Diego Maradona y el fallecido Pelé, sobre cuya capilla ardiente exige Brasil la unívoca corona. La Copa Jules Rimet fue levantada tres veces por el brasileño, pero la conquistada por Messi en Doha, a los 35 años, se añade a una cosecha, colectiva e individual, que supera a la del resto. Más allá de lo cuantitativo, sin embargo, todo es opinable, por lo que el debate no se cerrará jamás. Messi, al menos, culminó sus obras completas en el 2022 que ya agonizaba mientras se jugaba la final entre Argentina y Francia, e igualó a Maradona en el corazón de sus compatriotas.

Una final casi en el invierno del lugar donde Messi se hizo futbolista, de la Europa depositaria de los grandes clubes, pero un Mundial en el verano de Buenos Aires o Rosario. Extraño para todos. Tanto como lo ha sido este 2022, el primer año entero de Messi lejos de Barcelona, del ecosistema en el que jugó el mejor fútbol posible. No estaría dónde ahora se encuentra sin esa crianza, y esa es la razón por la que en la capital catalana sintieron este Mundial también como propio, pese a la ruptura emocional que originó su salida, distanciado de la directiva anterior como de la actual que preside Joan Laporta. Hay, pues, una reparación emocional pendiente que deja este año triunfal, después del burofax, las peticiones hilarantes para renovar reveladas por EL MUNDO o la «traición» de Laporta.

LAS DOS CARAS EN EL PSG

La salida del Barcelona y la llegada al PSG dejaron ver a un Messi depresivo, que parecía prolongar el declive iniciado ya en el Camp Nou. Sin embargo, el horizonte del Mundial le llevó a reconfigurarse, a reinventarse para ofrecer lo mejor de su sabiduría futbolística, aunque ya no le acompañara la velocidad de antaño. Ese proceso descubrió, asimismo, una cualidad desconocida hasta entonces en Messi, como es su liderazgo, clave para una selección argentina joven, que se renovaba de la mano de Lionel Scaloni. El Mundial conoció a un Messi que se dosificaba más que nunca en el terreno de juego, goleador sobre todo desde el punto de penalti, donde no falló ninguno de los cuatro lanzamientos más los dos que añadió en la tanda de penaltis. Tiempo atrás, esa suerte le atormentaba. Ahora, no. Lejos, ha marcado también en momentos decisivos, como en la prórroga de la final, pero ha sido, sobre todo, un Messi líder y un Messi asistente.

El año 2022 empezó a mostrar ya desde su inicio, en el marco de su segunda temporada en París, a un Messi en las antípodas de lo que era en su etapa azulgrana. Es decir, mucho más efectivo con su selección que con su club. En la temporada 2021/22, anotó 11 goles en 34 partidos con el PSG. En ese mismo periodo de tiempo, logró 14 en 18 partidos con la albiceleste, fuera en la Copa América, la 'Finalissima' o los amistosos. La conquista de la Copa América, que levantó en 2021 en lugar de en 2020 por los aplazamientos de la pandemia, inflamó al futbolista y le hizo creer en el desafío del Mundial, su quinto y último Mundial, según aseguró en Doha.

siete goles en el torneo

Una prueba más de la determinación con la que encaró el reto es la diferencia en su rendimiento con el PSG. Si en todo el curso 2021/22 fueron 11 sus goles con los parisinos (seis en la Ligue 1 y cinco en la Champions), en los tres meses de la temporada interrumpida por el Mundial consiguió uno más, 12 (siete en la Ligue 1, uno en la Supercopa de Francia y cuatro en la Champions). Era, en realidad, su preparación para el gran objetivo. Una vez en el torneo, anotó siete, uno menos que Kylian Mbappé, y fue nombrado mejor jugador.

Argentina fue la segunda selección que gana un Mundial después de perder el primer partido. La primera fue España, en Sudáfrica. La derrota contra Arabia Saudí en el debut, después de que Messi abriera el marcador del penalti, iba a descubrir a un Messi distinto. Si bien hasta entonces el argentino era un astro cariacontecido y huidizo en los malos momentos, reacio a mostrarse ante los medios de comunicación, el Mundial iba a descubrir a un Messi abierto, dispuesto a las explicaciones en su rol de capitán. Después de ese resultado inesperado, que cercenaba la mejor racha de cualquier selección invicta, con 36 partidos sin perder, Messi pedía calma y unidad.

De ahí en adelante, Argentina creció ante México y Polonia para llegar al duelo con Países Bajos, resuelto en la tanda después tras la remontada neerlandesa de dos goles, al igual que en la final. Messi cargó contra Mateu Lahoz y se mofó de Louis van Gaal. Dejó dicho ese «bobo» que no está a la altura de su obra, coronada ante Francia, también en la tanda de penaltis, con todo el suspense que exigía el mejor guion de cine para una vida de cine.


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