El asombroso camino de retorno de Pau Gasol hacia una retirada a la altura de su leyenda
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26 Diciembre 2021

El asombroso camino de retorno de Pau Gasol hacia una retirada a la altura de su leyenda

Una recuperación física con 40 años sin precedentes, un emocional retorno al Barça y el sueño cumplido de sus quintos Juegos. Al colofón de película de su carrera sólo le faltó la Euroliga y otra medalla olímpica

LUCAS SÁEZ-BRAVO @LucasSaezBravo Actualizado Sábado, 25 diciembre 2021 - 20:19Enviar por emailComentarEntrevista Pau Gasol: "No me planteo la política" Opinión Nuestro hombre del Renacimiento

Hacía apenas unos minutos había pronunciado lo esperado. Lo dejaba, como no podía ser de otra forma. Con 41 años, una carrera que superó hasta las más optimistas expectativas y un último reencuentro con el baloncesto este 2021 como colofón, como última batalla ganada. Entonces, en primera fila del Liceu de Barcelona, Elisabet Gianna Gasol arrancó a llorar. Pau la subió a la tribuna, jugueteó con ella y Ellie se tranquilizó. El llanto calmado de su hija como paradigma del episodio postrero en el que el mejor jugador español de todos los tiempos desafió al destino y lo derrotó. «Pude despedirme de este amado deporte en las canchas y no dejar que mi lesión me retirara. Pude cumplir el sueño de que mi hija me viera jugar», confesaba en una entrevista reciente en este periódico.

Hace un año por estas fechas nadie podía augurar qué iba a ser de Pau Gasol. La retirada se antojaba como la opción sin remedio. Desde el 10 de marzo de 2019, su última noche en la NBA, con los Bucks, con el inédito 17 a la espalda, aquella fractura por estrés en el pie izquierdo le había puesto en jaque. Y la pandemia no había ayudado. Hubo un momento de su tortuosa recuperación en que los médicos le mostraron la encrucijada, como un sopapo de realidad. Podría «no volver a correr o saltar en su vida» si continuaba con el empeño. El riesgo era inmenso y en su documental Lo importante es el viaje, de Amazon, se palpan los dilemas de aquellos momentos. «Fue una batalla entre mi yo competitivo, el jugador profesional que aún tenía mucho que dar, y mi yo del futuro». Venció el deportista, en una recuperación sin precedentes. El 9 de abril, contra el Bayern de Múnich, 20 años después, volvía a vestir como azulgrana.

La zona cero de su puesta a punto la estableció en el Woodside Priory School, un colegio preparatorio para ir a la Universidad en Portola Valley, California. En solitario, con los impagables consejos y directrices de Raúl López; después aumentando la carga, los rivales, dos contra dos, tres contra tres y, finalmente, simulaciones de partidos contra jugadores a los que no fue tan sencillo reclutar. Un desafío mental y físico en mitad de una pandemia.

Después, las conversaciones con su hermanoJuan Carlos Navarro, la posibilidad de probar en el Girona de Marc Gasol, en LEB, el fichaje al fin, el viaje a Barcelona y los primeros entrenamientos con el filial en la Ciutat Esportiva...

Regresar al Barça, unirse al ambicioso proyecto del que fuera su compañero años atrás Sarunas Jasikevicius, un tren en marcha, no sólo era una estación de paso hacia su culmen olímpico pregonado. Además del evidente lado romántico de la misión -jugó por el salario mínimo, unos 30.000 euros-, estaba el competitivo, que siempre fue razón de ser en la carrera de Pau. Acabaría disputando 23 partidos (siete en Europa y 16 de Liga Endesa), de menos a más hasta rendir incluso por encima de lo esperado, a pesar de sus minutos controlados: siempre por debajo de los 20. Brilló en los playoffs de la Liga Endesa contra Joventut y Tenerife, una valoración media de 18,5 en apenas 15 minutos. En siete de sus últimos nueve partidos superó la decena de puntos y finalmente, alzó el el trofeo de campeón ACB en un Palau con público -detalle de Oriola y Mirotic-, tras finiquitar a un mermado Real Madrid, de nuevo con su hija en brazos.

La cruz fue la final de la Euroliga perdida en Colonia ante el Anadolu Efes, tras una estupenda semifinal en lo personal contra el Armani Milan. Al cabo, uno de los pocos títulos que se le iban a rendir en toda su trayectoria.

Adiós en Saitama

También resultó agridulce su periplo en Tokio, aunque lo deportivo no iba a empañar la leyenda, sus quintos Juegos (y su perseguida elección en la Comisión del Atletas del COI). No acabó en medalla, ni siquiera pudo tener Pau algún protagonismo en la cancha, condenado al banquillo casi todo el duelo clave ante el USA Team de cuartos de final. Pero en el Saitama Super Arena -ahí tenía que ser, 15 años después del oro mundial-, cuando él y Marc pronunciaron aquello de «nos bajamos de esta bonita atracción», se cerraba un círculo apasionante. El de los Gasol con la selección española a la que hicieron bicampeona del mundo, tres veces campeona de Europa y dos subcampeona olímpica, entre otras muchas medallas e hitos.

Si lo hubiera diseñado el mejor guionista de Hollywood, sólo un podio en Tokio y la conquista de la Euroliga hubieran resultado más épicos. El crepúsculo de Pau Gasol resultó como todo lo anterior, de película. Consiguió volver desde unos abismos físicos que nadie esperaba, un último baile a los 41 años para agrandar más su leyenda. Ahora, tras el adiós que siempre quiso, comienza su otra vida, la que aplazó por su amor propio, la de su labor filantrópica.


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