El Atlético conquista en Pucela su undécima Liga con una dosis de intriga
20:40
22 Mayo 2021

El Atlético conquista en Pucela su undécima Liga con una dosis de intriga

Correa y Luis Suárez remontaron en la segunda parte el gol inicial de Óscar Plano. Los rojiblancos nunca se bajaron del pedestal durante toda la jornada, ya que el Madrid ganó sobre la bocina.

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Las Ligas no se merecen, se ganan. El Atlético no sólo la ganó, sino que la mereció durante buena parte de una temporada que ya es eterna. Por dos veces en menos de una semana sorteó el abismo. Por dos veces en menos de una semana Luis Suárez se vistió de superhéroe para abrochar la undécima corona de su historia. La venganza perfecta del charrúa, que ha descubierto que los asuntos rojiblancos requieren una buena dosis de intriga y sufrimiento. Porque cuando el título parecía a salvo, con el Real Madrid perdiendo en Valdebebas, remontaron los blancos y asomaron los temblores rojiblancos. Fue con una remontada en Pucela, frente a un equipo que vendió cara su alma, camino del purgatorio de Segunda División, cómo el Atlético dibujó su mayor logro desde 2014. La segunda Liga de Simeone, que ya es el técnico con más títulos (8) en la historia del club. Desde la banda, y entre risas, celebró el argentino la conquista, mientras los suyos saboreaban el champán, y en el parking del José Zorilla la afición rojiblanca gritaba eso de: "¡Campeones, campeones!".

El asunto costó lo suyo. Si alguien de otro planeta se hubiera sentado en la grada durante la primera parte, habría pensado que quien se estaba jugando la Liga era el Valladolid y quien andaba con el agua al cuello era el Atlético. Pero no, el líder, el que tenía en su mano conquistar la undécima Liga de su historia, vestía de rojiblanco. Y los que llevaban sin ganar un partido más de tres meses, lo hacían de blanquivioleta.

Los nervios suelen jugar malas pasadas. El vértigo que genera estar a un paso del éxito a veces te traiciona. Así le ocurrió al Atlético durante un primer acto donde pareció un equipo vulgar, como en aquella reciente noche en San Mamés donde el vestuario se conjuró para sacar adelante esta Liga. Los pecados volvieron a repetirse y a Simeone, claro, se lo llevaron los demonios durante un buen rato. Y eso que el argentino, con un gesto claro, no paraba de pedir calma a sus jugadores. Una calma que parecían haberse dejado en Madrid.

Porque nada salió a derechas. Los disparos de Llorente acababan en las nubes. Los centros de Trippier visitaban la grada. El timón de Koke parecía fuera de control. El bisturí de Carrasco temblaba como en días de resaca. Y la banda izquierda, con Hermoso desafinado, era una autopista despejada para un Valladolid que trató de agarrarse a Primera División no sólo con el alma sino también con la cabeza. Los rojiblancos se movían como flanes sobre impoluto césped vallisoletano, mientras las voces de cientos de seguidores atléticos desplazados hasta los aledaños del estadio pucelano se colaban a duras penas por los muros del recinto.

El mazazo de Óscar Plano

Y en esas, de un saque de esquina del Atlético, de un temblor de Carrasco, montó una contra el Valladolid. Y en esas, Óscar Plano, tras conectar con Toni Villa, se plantó delante de Oblak. Y en esas, recién superado el cuarto de hora, el bombazo retumbó a orillas del Pisuerga. Sorprendentemente, apenas un par de minutos después, el Villarreal marcaba en Valdebebas para sofocar las penas de los rojiblancos. Cada pérdida de balón ponía los pelos de punta a los chicos de Simeone.

No dio una el Atlético en ese primer acto para el olvido. Un inicio que pudo costarle la vida. En la cabeza de Felipe, lo único que se salvó de la quema, estuvo la mejor ocasión visitante. Lo único a lo que agarrarse estaba en Valdebebas, a 200 kilómetros de allí. Porque las sensaciones invitaban a la catástrofe. Ni la cabeza ni las piernas respondían.

No estaba la tarde para florituras. Sino, más bien, para pillerías. Y en tales menesteres nadie como Ángel Correa. El argentino se arrancó con un tango camino del área, sentó a dos defensas y abrochó el empate con un punterazo de esos que siempre solían resolver un partidillo en el barrio. El empate coincidía con un gol anulado a Benzema por fuera de juego, tras revisión del VAR.

La 21ª dentellada de Suárez

Tampoco es que el tanto aclarase las ideas al Atlético. Al instante casi se encuentra con otro soponcio. Olaza se coló entre la zaga rojiblanca, desenfundó y el rechace de Oblak lo mandó a las nubes Weissman. Pero la fortuna cuenta (y mucho) cuando uno persigue un sueño. Y de la nada, de un error grosero de Guardiola, comenzaron a espantar sus miedos los de Simeone. Con Joao Félix y Lodi sobre el césped, Luis Suárez se encontró con un regalo bien envuelto, que sólo tuvo que entregarlo. A cualquier otro se le habría hecho bola el asunto, pero Suárez, que nada en su salsa bajo presión, halló la solución frente a Masip.

Con dos pinceladas, soberbias, y un golpe de fortuna se embolsó su undécima Liga el Atlético. Ocurrió bajo una nublada tarde casi otoñal en Valladolid. Ocurrió, pese a que el destino amenazó ruina durante un puñado de minutos de incertidumbre. Ocurrió, que es lo que cuenta. La historia recordará que los rojiblancos completaron su transición en el José Zorrilla. Los de Simeone ya tienen ese título desde el que dejar volar su imaginación. No hay mejor trampolín.


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