El Barcelona abruma al Sevilla a galope
11:18
4 Septiembre 2022

El Barcelona abruma al Sevilla a galope

El ritmo irreverente de Gavi, la influencia de Koundé y el acierto de Lewandowski dejan sin respuesta al minimizado equipo de Lopetegui

Corre el Barcelona para escapar de la indiferencia, de la ruina económica y moral a la que fue arrastrado tras tocar el cielo en Berlín. Corre para dejar atrás a quienes ya no pueden seguir el paso (Piqué, Jordi Alba), y para limpiar una pista donde el ritmo, perturbador, lo marca la irreverencia adolescente de Gavi, no Busquets. Corre porque es la única manera de que el fútbol agónico de Dembélé tenga sentido, y porque el romanticismo debe dejar paso al ardor, a la cruda necesidad de encontrar cuanto antes a Lewandowski. Corre el Barcelona porque el gol, ahora más que nunca, le alivia. Le excita. Y le da la vida.

El equipo construido por el presidente Joan Laporta a golpe de palanca pasó como un ciclón por el Pizjuán, donde habita un Sevilla que ha enterrado el arrebato para rendirse al desánimo. Un equipo que ha acabado siendo el espejo de su entrenador, un Julen Lopetegui de plantilla minimizada, entregado a los arabescos episódicos de Isco, y al que las piruetas tácticas (un centro del campo de cuatro en rombo) ya no sacan del atolladero. Ni siquiera los 20 buenos minutos con los que asomó en la noche redimen al grupo hispalense, anulado primero por el revitalizado Ter Stegen y sobrepasado después por la monumental pegada de su rival. El Sevilla ha sumado un punto de 12.

Las homilías de Xavi ayudan a interpretar un relato tan complejo como el de este Barcelona, ampuloso y peligroso en el campo, osado en los despachos. El técnico, una vez cerrado un mercado de fichajes en el que han quedado cubiertas buena parte de las carencias de la plantilla -sólo echó de menos el fichaje de Bernardo Silva-, se enfrenta ahora al tribunal popular del fútbol sin coartadas. "No me han hecho un plantillón a mí, sino al Barça", subrayó, por si acaso, un entrenador que ahora gestiona la abundancia.

Koundé frente a Rakitic.Koundé frente a Rakitic.JULIO MUÑOZEFE

Por lo pronto, Xavi no tuvo que echar mano de sus dos nuevos laterales (Bellerín y Marcos Alonso aún no fueron convocados) y optó por alistar de inicio a los futbolistas que mejor le han respondido en este inicio de curso. Piqué y Jordi Alba, cuyo futuro es más que sombrío, continuaron atornillados al banquillo junto a Frenkie de Jong. Raphinha y Dembélé siguen por delante de Ferran Torres y Ansu. Mientras que Koundé, en su regreso al Pizjuán, compareció otra vez como lateral derecho pese a que su influencia fue mucho más allá, estabilizándose Eric García en el centro de la zaga junto a Araujo. El plan le salió de fábula.

Después de que Ter Stegen salvara duelos frente a Rakitic y En-Nesyri, ambos zurcidos por Isco, el Barcelona se convenció de que debía alejarse del centro del campo y arrimarse cuanto antes al área rival. La primera transición azulgrana, que nació tras un robo de Gavi a Lamela, concluyó en la red. Dembélé no se detuvo hasta que halló a Lewandowski. El polaco optó por un golpeo bonito, dulce, pero que se quedó corto. Fernando la sacó como pudo en la frontera, pero Raphinha, atento e inteligente, remachó a placer. Ahí acabó el Sevilla de Lopetegui la noche.

Lewandowski debió quedarse con la mosca detrás de la oreja, y ya no perdonó en la segunda que tuvo. Fue Koundé, desde la orilla diestra, quien mostró las bondades de su botín derecho en una asistencia precisa hacia el corpachón del polaco. Lewandowski convirtió la dificultad en rutina. Controló con el pecho y, a la media vuelta, atrapó su quinto gol en cuatro jornadas. Ya es el máximo anotador del campeonato junto a Iago Aspas.

La grada apunta a Lopetegui

El Sevilla comenzó a deambular por el campo ante el creciente nerviosismo de una grada que apunta a su entrenador, impotente ante el crepúsculo de un equipo que ha perdido la personalidad que le ofrecía su antigua pareja de centrales: Diego Carlos-Koundé. Este último, liberado de los grilletes de la inscripción, ha pasado a ser un futbolista imprescindible para los planes de Xavi. El defensa francés se permitió el lujo de fallar un cabezazo a boca de gol, pero también de apuntarse su segunda asistencia de la noche, ya en el segundo tiempo.

Tras un córner en corto en el que Dembélé y Raphinha volvieron a lucir su conexión de extremos, Koundé se elevó para ceder el gol en bandeja a Eric García, cuya titularidad ya pocos pueden poner en duda. Sin embargo, tuvo que abandonar el campo antes de tiempo por lesión.

Nada importó porque la noche había quedado más que resuelta. Lewandowski husmeó otro gol que tampoco De Jong, rehabilitado, pudo alcanzar. Era ya momento para suplentes.

A este Barcelona, ahora, le sobra tiempo. Porque va muy rápido. Porque el pasado duele. Porque el presente apremia.


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