El Barcelona ni logra ni sabe levantarse
09:26
25 Abril 2022

El Barcelona ni logra ni sabe levantarse

El equipo azulgrana sufre su tercera derrota seguida en el Camp Nou ante un Rayo Vallecano que ata su permanencia.

Narración y estadísticas Así vivimos el partido LaLiga La clasificación

Este Barcelona de Xavi Hernández lleva jugando mal desde que tomó el Bernabéu. Ello le costó la eliminación en la Europa League y, tras perder su tercer partido consecutivo en el Camp Nou, ve incluso comprometida su segunda plaza. Su verdugo esta vez fue el Rayo Vallecano, que sólo había ganado en este estadio una vez en su historia -hace 22 años-, y que resistió como pudo para atar su permanencia. Incluso respiró al ver cómo Díaz de Mera, árbitro del partido, se desentendió de un penalti de Catena a Gavi en el minuto 89. Al parecer, el azulgrana estaba en fuera de juego y así fue señalado. Los integrantes del banquillo local asaltaron la banda. Incluso cayó un mechero en ese feo desenlace. El Real Madrid, pues, será campeón si logra al menos un punto frente al Espanyol. El Barça se ha quedado vacío. Sin fe. Sin juego. Sin esperanza. [Narración y estadísticas: 0-1]

Ousmane Dembélé, que es ambidiestro, pensó que sería una buena idea tirar un centro de rabona. No pudo ser un recurso técnico. Tampoco un adorno. Fue sólo un trazo más de ese fútbol absurdo convertido en metáfora de un equipo.

La desesperanza ha quedado también alojada en las entrañas de Frenkie de Jong. Para dominar el escenario debes saber parar y correr, controlar y gestionar. Pero el neerlandés para solo cuando se lo exigen, acelera cuando y donde no debe, y es tal el derrumbe en su confianza que ya solo puede gestionar su estado emocional, ni mucho menos el partido. El fútbol acostumbra a ser cruel en la exposición del decaimiento personal. Así que el Camp Nou, al ver que De Jong se mostraba incapaz siquiera de darse la vuelta cada vez que Óscar Valentín se le echaba encima, decidió señalar a su jugador. Mal asunto para un futbolista al que nunca le caracterizó su instinto de rebelión. Cuando a la hora de partido fue sustituido por Nico, Frenkie agachó la cabeza, la movió lentamente de un lado a otro, y se encerró en el vestuario. El suplicio exige soledad.

Lío estratégico

Los problemas del Barcelona de Xavi, en cualquier caso, tienen más que ver con asuntos estructurales. Incluso estrictamente de pizarra. Andoni Iraola, que hasta el pasado jueves en Cornellà no había ganado un partido este 2022, metió en un buen lío estratégico al técnico egarense. Y eso que el entrenador del Rayo tampoco tuvo que estrujarse demasiado el coco. Cortocircuitó la conexión de Ter Stegen con Sergio Busquets en la garganta colocando en esa zona a Nteka y Unai López, y obligó a que fuera Araujo quien se responsabilizara de la creación con su bota de madera. Lo de siempre cuando Gerard Piqué no está.

A la escasez de fútbol se unió la tradicional abulia del amanecer. Esta vez fueron siete los minutos que tardó el Barcelona en encajar el primer gol en contra. Isi Palazón, tan nervioso como delicado, se giró ante Sergio Busquets. El centrocampista azulgrana ni se movió ante la maniobra del rayista, que rajó la defensa con un pase interior que Álvaro García interpretó de fábula. Dest no llegó a tiempo, y al atacante del Rayo le bastó con un control y un derechazo triunfal al palo del portero. Sólo Ter Stegen sabe si en otros tiempos hubiera podido hacer algo más que tirarse al suelo sabiéndose derrotado.

Álvaro García celebra el gol ante el Rayo.Álvaro García celebra el gol ante el Rayo.AP

A partir de aquí, el Rayo ya llevó el ritmo de partido a sus intereses. Bien podía la hinchada del Camp Nou reprochar al meta Dimitrievski que diera cuenta de tres bolsas de pipas cada vez que se disponía a sacar de puerta. Pero también debería preguntarse por qué el Barcelona, tosco y sin estructura ofensiva, hacía circular la pelota como si le diera patadas a una roca. Quien se resistía a dejar pasar el tiempo era Gavi. Ensayó las capacidades de su pie derecho. Pero sus esperanzas se estrellaron en el larguero. Ferran Torres, que pasó tan inadvertido como Aubameyang, marcó tras recoger el rechace. Pero estaba en fuera de juego.

Que el principal rematador del equipo de Xavi fuera JordiAlba no podía aventurar nada bueno. Al menos algo ocurría por allí. Todo lo contrario que en el otro flanco, donde Dembélé convertía su anarquismo en otra sucesión de episodios grotescos.

A Xavi se lo llevaban los demonios. Y cambió cuanto pudo para que nada cambiara. Se sacó de encima a Dest. Araujo se fue al lateral para que Lenglet acompañara a Eric en el centro de la zaga. Y a 20 minutos para el final el técnico azulgrana ya había activado su plan de emergencia amontonando atacantes y confiando en que la fe, que no el juego, salvara a su equipo.

Un martillazo de Memphis lo rechazó Dimitrievski. Adama y Dembélé husmearon el empate, pero quien más cerca estuvo fue Pathé Ciss, que disparó al palo. Era la segunda vez que el Rayo se acercaba. No hizo falta más porque el Barça ni logra ni sabe levantarse.


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