El Barcelona renace en Sevilla
18:56
27 Febrero 2021

El Barcelona renace en Sevilla

El equipo azulgrana conquista el Pizjuán en un formidable partido que definió Dembélé a la espalda de Koundé, y Messi tras asociarse con el jovencito Ilaix

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Fíjense en Ousmane Dembélé. En la inmediata aceleración. En esa manera de correr que tanto le define. En su zancada larga, pero peculiar. Su cuerpo se tuerce, los pies discuten entre ellos y uno siempre teme que acabe por desnucarse. Pero él se las apaña para mantenerse erguido y no frenar hasta enfrentarse a la pelota. En el Pizjuán, donde Ronald Koeman le alejó de los barroquismos de la cal para ofrecerle la garganta del campo, Dembélé recuperó la extraviada sonrisa infantil. Y lo hizo deslizándose a la espalda de Koundé, uno de los mejores centrales del continente, y desde donde tramó el gran triunfo del Barcelona en Sevilla. Una advertencia en un momento capital. La Liga sigue abierta. Pero también la Copa, donde los azulgrana tratarán de remontar el próximo miércoles un 2-0 frente al mismo rival. La locura siempre es agradecida en el fútbol. [Narración y estadísticas]

Muchas cosas se le podrán discutir a Ronald Koeman. Algunas tan importantes como su habitual mala traza en la gestión de los grandes partidos o la imposibilidad de conceder personalidad propia a su equipo. Pero cuesta imaginar a un entrenador más adecuado para gestionar una plantilla repleta de deficiencias estructurales, en un club sin dinero ni presidente. Koeman, además, está demostrando que no entiende de fundamentalismos, ni tácticos ni personales. Vive en la constante corrección. Sin miedo al reproche. En Sevilla rechazó a Griezmann y mandó a su equipo a presionar a partir de un 3-5-2. El instinto de supervivencia del héroe de Wembley resulta encomiable.

Todo aquello pilló con el pie cambiado a Julen Lopetegui, que vio cómo el primer acto se le escurría sin haber siquiera podido responder. Cerrar con tres centrales (Piqué como libre, acompañado de Lenglet y el impetuoso Mingueza) permitió al Barcelona atrapar al Sevilla en su propio campo. Los locales se quedaron sin vías de enlace. Rakitic, que alcanzó la titularidad pese a la buena dinámica con la que llegaba Óliver Torres, se entregó al vagabundeo. El Papu quedaba así atrapado en la banda. Y ya saben lo que pasa cuando los artistas se quedan sin lienzo, que garabatean en la nada. Jordán y Fernando hacían lo que podían para contener los avances de De Jong, aunque todo quedaba pendiente de que Messi no lanzara en carrera a Dembélé.

Atrapado Koundé

Tenía el delantero francés una doble misión. No solo ofrecer por fin verticalidad a un equipo que lleva durante meses echando en falta una referencia ofensiva. También debía Dembélé cercenar cualquier tentación de Koundé de volver a emular a Beckenbauer. No había olvidado Koeman que el central sevillista fue capaz de llegar silbando al área azulgrana en la caída copera.

El gol inaugural no fue más que una consecuencia lógica. El Sevilla salió a trompicones. Lenglet despejó mal y hacia su propio brazo, aunque fue Busquets quien acabó de arrebatarle la posesión a Fernando. Messi mutó el despropósito en genialidad. Con la parsimonia de quien juega con las manos enlazadas en la espalda, el argentino, con un simple toque, provocó el vuelo de Dembélé. Ni Koundé ni Diego Carlos lograron atraparlo y atendieron con impotencia a la perfecta definición del delantero.

El Sevilla, tan impotente como ante el Dortmund en la Champions, sólo podía aumentar la exigencia. Diego Carlos le buscó las cosquillas a Messi. Y el argentino, lejos de arrugarse, subió también las revoluciones. Tanto que en apenas cuatro minutos se jugó la expulsión. Hernández Hérnandez le excusó la segunda amarilla tras abortar Messi un contragolpe en el centro del campo.

La irrupción de Ilaix Moriba

Pocas veces se deja llevar Lopetegui. Lo primero que hizo al reanudarse el partido fue calcar la línea de tres centrales del Barcelona, esconder a Diego Carlos por si se le acababan de cruzar los cables, desprenderse del Papu y Munir y ver si la velocidad de En-Nesyri podría incomodar al magullado Piqué. El defensa barcelonista, con molestias musculares ya en el primer tiempo, tuvo que acabar cediendo su puesto a Araujo. El uruguayo, que reaparecía, volvió a lastimarse el tobillo izquierdo. Aguantó un cuarto de hora. A los daños colaterales también se apuntó Pedri, suplido por un héroe inesperado. Porque el también imberbe Ilaix Moriba acabó convirtiéndose en el definitivo tormento para el Sevilla.

No puede haber mejor buenaventura para un canterano que la bendición de Messi. El rosarino le confió la pared a Ilaix, que mostró su espuela para devolverle la confianza. La Pulga ya no tuvo más que hacer lo de siempre. Troceó la cadera de Fernando y culminó la rebelión de un Barcelona que se niega escribir su epitafio. "¡Por fin comprendo su locura!". Así se cerraba El Gabinete del doctor Caligari. Porque en lo siniestro siempre puede encontrarse la cordura. Incluso en este Barcelona.


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