El Barcelona se consume entre la nueva era y la vieja decadencia
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10 Diciembre 2021

El Barcelona se consume entre la nueva era y la vieja decadencia

La nueva etapa anunciada por Xavi Hernández choca con la incapacidad de cambiar los liderazgos del vestuario.

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La propaganda acostumbra a hacer fortuna en el fútbol. En un deporte en el que hace ya tiempo que tienen más importancia los días de entreguerras que los partidos en sí, no debe extrañar que la palabrería lo envuelva todo.

El día antes que el Barcelona perdiera 2-8 en Da Luz, Arturo Vidal aseguró sin reparos que el Bayern iba a jugar contra el «mejor equipo del mundo». Este miércoles, la misma noche en la que el equipo azulgrana zanjó su descenso al subsuelo continental y cerró su última trilogía de desastres frente a los bávaros, Xavi Hernández anunció el inicio de una «nueva era».

Ese nuevo tiempo lo iniciará el Barça sin recursos para reforzarse, apartado de la élite europea, ocupando la séptima plaza en la Liga, sin haber podido aún remendar la dramática gestión de Josep Maria Bartomeu pese a que ya no exista la coartada del sueldo de Messi, y con Joan Laporta más pendiente de arrimar el hombro con la Superliga que de rescatar al equipo de la nada deportiva. En este Barça la ilusión y la adolescencia mezclan con la decadencia.

Será difícil no seguir viendo a Philippe Coutinho, el fichaje más caro de la historia del Barça y también el que más cobra. O a Samuel Umtiti, bien arriba en la escala salarial e inédito esta temporada. Uno y otro están dispuestos a hundirse con el barco, aunque sea encerrados en el camarote.

El papel de Piqué

También está por ver si llegará el día en que el advenimiento de un nuevo ciclo cambie los históricos liderazgos del vestuario. Gerard Piqué, pese a ser el primer futbolista que mostró su disposición a apartarse una vez no fuera competitivo, continúa en el lugar de siempre. Si bien no fue el principal responsable del último 3-0 frente al Bayern, su carrera frente a Lewandowski, unido a los quiebros y requiebros del polaco antes del gol inaugural, reafirman que su papel en el equipo ya no debería ser primordial.

En las orillas el Barça se desangra ante la incapacidad de contratar laterales de garantías. En la derecha, donde la gran solución será Dani Alves (38 años) a partir de enero, Sergiño Dest pena ahora más como extremo que como defensor. Y en la izquierda quien llega destrozado a su crepúsculo es Jordi Alba, expuesto pese a estar lesionado. Y nada se puede esperar de su recambio en el flanco, Óscar Mingueza, lejos del nivel exigible en un equipo de primer nivel.

Sergio Busquets continuará teniendo plaza asegurada. Xavi piensa que, bien escoltado, es un futbolista imprescindible. Así lo demuestra Luis Enrique con España.

Aunque es en la primera línea sucesoria del vestuario donde el Barcelona encuentra sus mayores problemas. Ousmane Dembélé, a quien se esperaba en Múnich como gran salvador, apenas respiró. Ni siquiera una renovación en la que los variables tomarían un mayor peso tendría justificación en un futbolista incapaz de marcar diferencias en los momentos capitales. En cualquier caso, quizá sea él mismo quien decida cerrar su etapa en el Camp Nou en busca de otra camilla de oro.

También preocupa el rendimiento de Ter Stegen. Tal es su falta de confianza que ni siquiera el juego de pies le sirve como apoyo moral antes de afrontar duelos que se ha acostumbrado a perder. Consumido el brasileño Neto en el banquillo, y con el joven Iñaki Peña como improbable reservista, el asunto no tiene fácil solución.

El caso de Frenkie de Jong también es delicado. Estaba llamado a ser uno de los centrocampistas referenciales del continente. Aplicado, superdotado físicamente, y con calidad tanto para gobernar como para percutir en el área rival. Y el Barça, lejos de ayudarle a progresar, le ha mostrado cuáles son los caminos hacia la decrepitud. De Jong es el ejemplo de cómo un deficiente estructura organizativa puede echar por tierra una carrera.


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