'El buen patrón' manda en los Goya de Bardem y el sopor desproporcionado
01:48
13 Febrero 2022

'El buen patrón' manda en los Goya de Bardem y el sopor desproporcionado

La película de Fernando León de Aranoa se corona junto a su protagonista tras lograr seis de los 20 premios a los que optaba en un palmarés muy repartido. Ganaron todos

Palamarés Ganadores Premios Goya 2022: lista completa Goya Internacional Cate Blanchett, premio Goya internacional: "Quiero rendir homenaje al cine español" Agradecimientos Verónica Echegui a Pedro Sánchez: "De verdad, tómatelo en serio"

Los Goya recuperaron la normalidad. Y eso, aceptémoslo, no es exactamente una buena noticia. Si el año pasado por estas fechas nos felicitábamos todos (y el plural no es tanto mayestático como de rebaño inmunizado) por la rapidez y emoción de una gala confinada por la pandemia, la edición número 36 de los Premios de la Academia recuperó intacta su esencia. Fue larga, fue larga y, si me apuran y por no extenderme, fue larga. Quizá fuera por culpa del escenario. El Palau de les Arts de Valencia es en verdad EL PALAU. Es, básicamente, grande. También es feo, pero se nota mucho más lo del tamaño. No cabe. De hecho, no está claro que esté en Valencia, es más bien Valencia la que está en el Palau. Y quizá por ello, un decorado así exigía una ceremonia en correspondencia desproporcionada.

Y así fue. Desde el primer segundo todo fue un batir de récords y, por momentos, de dientes. Nunca antes hubo tanto Oscar sobre el escenario (hasta seis sumados los de Blanchett, Almodóvar, Cruz y Bardem). Jamás una película recibía tanta nominación de un golpe (20). En la vida se repartieron tantas estatuillas (30) entre tantos números musicales... Y los abrazos. Y los llantos. Y las dedicatorias a la madre. Y al padre (menos, por cierto). De la duración de la gala, para qué insistir. Ya desde el primer segundo la cosa explotó. Y no es metáfora. Es Valencia. Cada momento se quería vivir al borde del infarto. Cada frase aspiraba a ser histórica. Cada gesto, una bandera. Se cantó (o cantuvo) Libre como el sol y ya no hubo vuelta atrás.

Y así hasta llegar donde había que llegar: a El buen patrón. Hay que reconocer que la Academia estuvo tan empeñada en hacer algo histórico que hasta fue para el recuerdo el despiste. La que iba ser una noche evidente, lo fue, pero de otra manera muy poco evidente. Y la verdad es que poco se puede discutir el juicio cuando no obedece a juicio alguno. La Academia decidió desandar el camino de las nominaciones. Si en esa primera fase de selección se definió por la acumulación. A la hora de la verdad, hubo repartición.

La idea era que ganaran todos. Y así fue. La película del año fue la que tenía que ser, la de la marca histórica de candidatos; la del empresario cabrón, pero simpático; la que es comedia pero duele como una tragedia. Pero por poco. Lo fue, llorando casi. La cinta de León de Aranoa se llevó los galardones que cuentan (película, dirección, guión, protagonista, montaje y música), pero por el camino se dejó la vida entera. Por supuesto, Javier Bardem (el señor Blanco en la cinta de la temporada) no puedo faltar a la cita. Eso sí, se quedó sin poderlo compartir con Penélope Cruz y su monumental y oscarizable personaje de Janis en Madres paralelas, de Pedro Almodóvar que, atentos, se fue de vacío. Otra vez. Blanca Portillo fue la que arruinó esa foto histórica de la única pareja o ente más grande que el propio Palau (que ya es) a la vez que ella misma escribía su propio capítulo en la historia. Su Goya fue el tercero para Maixabel, de Icíar Bollaín. Tantos Goya como Mediterráneo, de Marcel Barrena, y uno más (sólo uno más) que el prodigioso debut de Clara Roquet con Libertad.

En los primeros compases, la gala más que sorprender a nadie se dejó sorprender por la irrupción contra todo pronóstico de Las leyes de la frontera. Cuando todavía alguno buscaba el sitio en el que sentarse (¿hemos dicho ya lo grande que era todo?), la película de Daniel Monzón que revisa a su modo lo que fue aquél cine quinqui de los 70 ya tenía hasta cuatro premios Goya. Acabaría con cinco incluido el guión adaptado y, por tanto, en segundo lugar. Nadie contaba con ellos, pero ellos sí que los contaban. Y cómo. Vestuario, peluquería, dirección de arte y, atentos, Chechu Salgado como el revelador actor revelación que ya es. Más el libreto según la novela de Javier Cercas.

Y todo ello, justo antes de que Cate Blanchett se emocionara y nos emocionara con algo tan elemental como estar ahí. Su discurso fue sincero, cálido, agradecido y, lo más a la vista, bien interpretado. Pero lo que impresionó en este caso fue simplemente ella. Una vez más. Por cierto, para entonces, Él buen patrón ya había perdido hasta siete veces. U ocho. Cuando los tres actores de reparto (tres de cuatro) volvieron a salir con las manos vacías frente a Urko Olazábal por su encendido trabajo en Maixabel, la sombra de ¡Átame! sobrevoló el patio de butacas que... ya es volar. Recuérdese, fue 15 veces candidato en 1990 y nada. Menos mal que Zeltia Montes ya tenía el suyo por la música que tan bien incrusta la parodia en el drama.

Para el final, o casi, quedó José Sacristán. Y aquí sí, ¡en pie!, la grandeza hizo honor a la grandeza. Sólo una vez el Palau pareció pequeño (y hasta bonito) y fue cuando el de Chichón hablo de ajos. Grande. Enorme. Él sí desproporcionado.

Luego, cuando tengamos un rato, podemos hablar de nuevo como todos los años de los números musicales. Hubo una vez en que la cosa funcionó. Pero solo una. Año tras año, se intenta dar con el punto medio entre el rap aquél del irrenunciable Resines (ánimo) y la reinterpretación del Me quedo contigo de Rosalía, la vez aquella en que estuvo bien. Pero no hay manera. Ni la ya citada e imposible versión de Nino Bravo ni C. ni Tangana ni Leiva ni el mismísimo Sabina fueron capaces de desmontar la teoría ésa que mantiene que sobran. Admitámoslo.

Lo dicho, la normalidad era esto. A lo grande.


Etiquetas:  #El #buen #patrón #manda #en #los #Goya #de #Bardem #y #el #sopor #desproporcionado

COMENTARIOS