El camino de Pablo Carreño: las pistas duras de Gijón, el médico de Neymar y una dosis de irregularidad
14:22
17 Agosto 2022

El camino de Pablo Carreño: las pistas duras de Gijón, el médico de Neymar y una dosis de irregularidad

El campeón del Masters de Montreal superó una grave operación en 2012 y llegó a ser número 10 del mundo en 2017. Este martes, cayó en la primera ronda en Cincinnati.

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Con 21 años, a Pablo Carreño los médicos le plantearon un todo o nada: o se operaba de la hernia discal que llevaba meses torturándolo o dejaba el tenis. Los tratamientos que había seguido le daban para hacer vida normal y a duras penas, pero no para competir al más alto nivel. El asturiano (Gijón, 1991) aceptó el quirófano, que lo tuvo más de medio año alejado de las pistas, pero salvó una carrera que una década más tarde aún alcanza nuevas cimas. "Por favor, no me despierten si estoy soñando porque lo estoy disfrutando mucho", decía este domingo, con su primer título de Masters 1.000 en las manos.

En aquella primavera incierta de 2012, Pablo Carreño se puso en las manos del doctor Enric Cáceres, uno de los mayores especialistas en lesiones lumbares del deporte de alta competición. Por su consulta habían pasado Santi Cazorla o Thierry Henry, como también haría Neymar tras aquel rodillazo infame del Mundial de 2014. La operación y el trabajo de su preparador físico, Walter Navarro, le permitieron volver a empuñar una raqueta. Lo que ha seguido es una carrera en la que, sin una palabra más alta que otra, acumula un palmarés al alcance de pocos.

Si preguntáramos por un tenista que haya sido medallista olímpico, campeón de la Copa Davis y un Masters 1.000, o dos veces semifinalista de un torneo de Grand Slam, pocos pensarían en Pablo Carreño. Si además dijéramos que todos esos logros, los mayores de su carrera, han sido en pista rápida, alguno incluso dudaría de que fuera un español. Va en el carácter discreto, de tipo normal, que no concite más focos con una trayectoria tan brillante; y en su educación tenística esa particular querencia por el cemento.


Criado en pista rápida



Pablo Carreño, hijo de una doctora y un arquitecto, hincha irredento del Sporting de Gijón, empezó a jugar al tenis con seis años en el Real Grupo de Cultura Covadonga. Siendo el norte, prima la pista rápida, también cubierta. Esa fue la superficie sobre la que dio sus primeros pasos, y la que más trabajó con diferencia hasta que con 15 años se marchó al CAR de Barcelona de la mano de Javier Duarte, el hombre que guió la carrera de Àlex Corretja y capitaneó a España hacia su primera Copa Davis.

"Crecí en esta superficie, en este tipo de pista cuando estaba en Gijón. Cuando era joven siempre entrenaba en estas canchas, así que me siento cómodo", explicó en rueda de prensa después de su triunfo en Montreal. "Cuando llega esta parte del año, al venir en agosto a Canadá y Estados Unidos, me siento muy bien en la pista. Probablemente aquí juegue mi mejor tenis", aseguró.

El balance corrobora esas sensaciones: el único 'grande' donde ha pasado de cuartos es el US Open, donde ha pisado la semifinal en dos ocasiones (2017, 2020). En la última, de hecho, eliminó a Novak Djokovic y llegó a tener dos sets de ventaja sobre Alexander Zverev. De las siete veces que ha llegado a cuartos de final en un Masters 1.000, seis fueron en pista rápida. Y en Tokio 2020 ganó el bronce superando a los dos mejores del mundo, Daniil Medvedev y Djokovic, al que desquició con un arranque soberbio.

Decía estos días Nick Kyrgios que Carreño jamás habría estado entre los 50 mejores del mundo de no ser por la arcilla, pero en ninguno de esos tres escenarios de pista rápida alcanza los registros del asturiano.

Ferrero, ídolo y tutor



Durante su etapa adolescente en Barcelona, Pablo Carreño solía bajar a Valencia para entrenar con David Ferrer. Las horas compartidas de pista y vestuario hicieron que el de Jávea se convirtiera en amigo íntimo además de referente. Con el tiempo, en busca de ese último empujón a su carrera, el asturiano trasladaría allí su base de operaciones. Desde diciembre de 2015, Carreño trabaja con Samuel López en la Academia Equelite que dirige su ídolo de infancia, Juan Carlos Ferrero.

Ese salto llegó en 2017, donde Pablo Carreño jugó los cuartos de final de Roland Garros, las semifinales del US Open y de Indian Wells, y alcanzó el número 10 del ranking ATP. El asturiano tanteaba una cima que sería efímera: pronto empezaría un rosario de lesiones que no dejaría atrás hasta 2020. La más grave, un problema en el hombro que entre la gravedad y las complicaciones le hizo borrarse de seis torneos seguidos.

Pero esos problemas físicos no son los únicos responsables de que Carreño no llegara a irrumpir entre las 10 mejores raquetas del mundo, aunque en semanas como la última en Canadá demuestre que tiene nivel para lograrlo. El gijonés es capaz de alternar esas rachas de élite con tropiezos inesperados en las primeras rondas, unos vaivenes que le impiden asentarse en ese grupo selecto.

Así fue en su debut en el Masters 1.000 de Cincinnati, este martes, donde después de ganar el primer set ante el serbio Miomir Kecmanovic, acabó despidiéndose en el tie-break del tercero tras casi tres horas en pista y tras cometer 13 dobles faltas.(1-6, 7-5 y 7-6(4)).


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