El Congreso de EEUU no consigue una prueba definitiva contra Trump: podrá presentarse en 2024
02:54
24 Diciembre 2022

El Congreso de EEUU no consigue una prueba definitiva contra Trump: podrá presentarse en 2024

Da la sensación de que ha habido mucho empeño en la comisión por afirmar algo para lo que no hay suficientes pruebas sólidas.

En otoño de 2021, los periodistas Bob Woodward y Robert Costa publicaban su libro Peril, en el que se contaba detalle a detalle todo lo sucedido durante los últimos meses de la presidencia de Donald Trump. El libro, tercera parte de la trilogía sobre Trump escrita por Woodward -las otras dos partes, Fear y Rage sin ayuda de Costa-, se centraba en los meses previos a las elecciones presidenciales de 2020, con el estallido de la pandemia, las movilizaciones del movimiento Black lives matter y, por supuesto, la propia campaña electoral.

Sin embargo, lo más relevante de la investigación tenía que ver con lo sucedido después, es decir, con la transición de poderes. Las últimas páginas del libro son un rosario de sospechosos habituales -Bannon, Trump Jr., Giuliani, Meadows, Roger Stone…- siempre dispuestos a alimentar los sueños conspirativos del aún presidente. Todo ello, culminando en el famoso mitin del 6 de enero de 2021 en la explanada junto al Capitolio, tras la cual buena parte de grupos organizados formados por los Proud Boys y otras asociaciones violentas vinculadas a la extrema derecha estadounidense decidieron entrar con palos y pistolas en la sede de la soberanía nacional, justo cuando el vicepresidente Mike Pence estaba recontando los votos electorales y el nombramiento de Joe Biden como nuevo presidente electo era inminente.

Prácticamente todo lo que sabemos sobre el intento de golpe de estado del 6 de enero está en ese libro, y cualquiera que haya seguido el proceso de la comisión de investigación de la Cámara de Representantes estadounidense sabe que funcionó como guía más que útil a la hora de nombrar testigos y dirigir preguntas. El asunto, ahora que dicha comisión ha acabado su trabajo, es determinar qué se esperaba de ella y qué resultados ha obtenido. En otras palabras, ¿hasta qué punto sabemos más ahora sobre la implicación de Donald Trump y su administración en el asalto al Capitolio de lo que sabíamos el 1 de julio de 2021 cuando el comité empezó sus actividades?

Imagen de Trump en el Comité que investiga el asalto al Capitolio.

Imagen de Trump en el Comité que investiga el asalto al Capitolio. Reuters

Valentía poco premiada

De entrada, la principal tarea del comité era hacer público a nivel nacional -varias de sus sesiones fueron televisadas para todo el país- lo que solo un grupo de lectores conocía. Aparte, sus investigaciones han derivado a su vez en procesos paralelos: Steve Bannon está bajo investigación judicial, como lo están los Proud Boys, los Oath Keepers y lo puede estar el propio Trump cuando se aclare qué grado de intervención hubo por su parte en el intento de manipulación de votos en Georgia.

De todos los testimonios, tal vez el más relevante haya sido el de Cassidy Hutchinson, la joven asistente de Mark Meadows, el jefe del gabinete de Trump durante los sucesos del 6 de enero. Hutchinson, imitando a Alexander Butterfield, el valiente oficial del ejército y ayudante de Richard Nixon que reveló durante la investigación del Watergate todos los detalles relativos a la grabación y ubicación de micrófonos en el complejo de la campaña electoral demócrata, se reveló contra las presiones recibidas y afirmó que el comportamiento de Trump había sido errático y violento durante todo el día y que se había negado a mandar un mensaje a la turba exigiendo su retirada del Capitolio.

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¿Es eso suficiente para establecer la culpabilidad de Trump? No lo parece. Otra cosa sería un memorándum, una orden escrita, una grabación. El testimonio de alguien que dice que otra persona le ha dicho que Trump ha decidido… se nos queda corto. Probablemente, a estas alturas, cualquier estadounidense no cegado por el fanatismo tenga una idea bastante clara de lo que sucedió el 6 de enero de 2021… pero sigue faltando esa prueba definitiva que establezca que Donald Trump, en primera persona, estaba detrás de ese movimiento, lo apoyaba o estaba dispuesto a condonarlo a posteriori. De hecho, una de las quejas recurrentes dentro de estas facciones antisistema es que Trump pudo haber indultado preventivamente a los asaltantes y no se atrevió a hacerlo.

Da la sensación de que ha habido mucho empeño en la comisión por afirmar algo para lo que no hay suficientes pruebas sólidas. El hecho de que los dos partidos no hayan trabajado juntos ha dañado la investigación y ha supuesto una vergüenza para la democracia estadounidense. El comité ha estado demasiado controlado por la mayoría demócrata, con la excepción de la republicana Liz Cheney, enemiga acérrima de Trump y probable rival en las próximas primarias del partido de cara a 2024. El poco interés que han mostrado los republicanos en conocer las razones del asalto a sus propios congresistas choca con el excesivo celo de los demócratas a la hora de vincular a Trump con todas las distintas tramas.

Liz Cheney durante un acto electoral en Jackson, Wyoming.

Liz Cheney durante un acto electoral en Jackson, Wyoming. Reuters

Recomendaciones que no va a seguir 

Ese empeño no se traduce en pruebas definitivas. Las conclusiones del comité apuntan, por supuesto, a Trump, como no podía ser de otra manera, pero no acaba de quedar clara su implicación concreta. Si Trump convocó a los grupos de extrema derecha con la idea de hacerlos marchar sobre el Capitolio, el caso es que no se ha podido acreditar. ¿Su retórica golpista, sus excesos verbales, su presión desmedida sobre el vicepresidente Pence y su desprecio por la legalidad constitucional deberían constar para siempre en su debe político? Sin duda. Pero un comité del congreso es otra cosa. No juzga intenciones, sino hechos.

Y ahí es donde se ha quedado corto. Las conclusiones son demasiado tajantes para los fundamentos en los que se basan. El comité recomienda a la Cámara de Representantes que se prohíba a Trump ocupar puesto público alguno, pero la Cámara, en pocos días, pasará a manos republicanas y los republicanos electos, muchos de ellos gracias a Trump, no van a hacer ni caso a esa recomendación. Hay que recordar que, incluso con mayoría demócrata, el Congreso acabó absolviendo a Trump en su segundo proceso de impeachment. Pensar que eso va a cambiar ahora con prácticamente la misma información que entonces es ciencia ficción.

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Así, Trump podrá presentarse sin problemas a las elecciones de 2024 si así lo decide. Al menos, no será el Congreso quien se lo impida. Otra cosa será en qué terminen las investigaciones por apropiación indebida de documentos clasificados o el supuesto intento de manipular los resultados de la votación en el estado de Georgia. Esas son cuestiones judiciales relacionadas con lo sucedido el 6 de enero, pero que en ningún caso se centran en los actos de ese día. Trump aún tendrá que saltar varias vallas para llegar a la meta, pero la del Congreso la puede dar por superada.

Una reputación muy dañada

¿Quiere eso decir que el dictamen del comité y los ochocientos folios llenos de transcripciones no van a afectar políticamente al expresidente? Eso sería dar por buena su teoría de que sus votantes le apoyarían incluso si se pusiera a disparar en plena Quinta Avenida. La reputación de Trump está seriamente dañada desde hace tiempo y así lo han demostrado los resultados de varios de sus candidatos en las pasadas elecciones legislativas. Hay en torno al multimillonario demasiados personajes sombríos con amistades muy peligrosas. No hace ni un mes que el propio expresidente estaba cenando en su residencia de Mar-A-Lago con un negacionista del Holocausto.

Eso no le va a ayudar en ningún caso a ganarse el voto independiente, que tan propicio le fue en 2016. Y, como siempre, será el voto independiente el que le coloque o no en la Casa Blanca o, incluso, el que le permita o no ganarse la nominación. El Partido Republicano habrá suspirado de alivio al confirmarse que el comité no tenía ninguna prueba sólida contra su líder de facto. Ahora bien, todos esos indicios que ha ido recogiendo la investigación, todos esos testimonios que acusan a Trump como mínimo de complacencia, acabarán siendo usados por sus rivales en cuanto empiecen las primarias.

Y los indicios, los comentarios, las conexiones intuitivas, que no son suficientes en un tribunal o un comité legislativo, sí lo son en campaña, es decir, en las urnas. Habrá que ver quién se atreve ahora a utilizarlos y deslegitimar a la única administración republicana en la Casa Blanca en los últimos dieciséis años.

Donald Trump Estados Unidos

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