El cuarto puesto de Mireia Belmonte y una esperanza: el crol
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25 Julio 2021

El cuarto puesto de Mireia Belmonte y una esperanza: el crol

La española se queda a 23 centésimas del podio en la final de 400 estilos, una carrera lenta que le dio opciones inesperadas. Su gran posta final, en estilo libre, aumenta su confianza para el 800 y 1.500.

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"Sé que he acabado el crol rápido y he adelantado a dos. Ahora tengo que aprovechar esa carta". Mireia Belmonte no estaba contenta, jamás lo están los campeones sin fruto, pero si algo los distingue, es que se levantan. La española no lo hace de un foso, ni mucho menos, porque llegaba a Tokio sin esperanzas, después de dos años de lesiones, y ahora tiene una esperanza: la última posta que le dejó a 23 centésimas del bronce en los 400 estilos. Era el crol, el estilo libre, el que deberá utilizar en las pruebas de fondo: 800 y 1.500. "¡Borrón y cuenta nueva. A por ellas!".

"Creo que he luchado bien, pese a no llegar en la mejor forma posible. La verdad es que si hace dos meses me dicen que voy a ser cuarta, no me lo creo", aseguró la nadadora tras la final, que sólo pensaba en salir del Aquatic Center y descansar para preparase para el 1.500. "A descansar, a descansar...".

Las lesiones golpean los músculos, pero jamás el espíritu. Mireia lo sabía, estaba convencida de que en su competitividad residía alguna de las posibilidades, después de clasificarse con facilidad en las semifinales, donde incluso se avanzó a Katinka Hosszu, la gran perdedora de Tokio. Ahora domina la escena, algo que le costó tiempo, pasos iniciales por la platea olímpica frustrantes, como en Pekín, pero el oro de Río, en 200 mariposa, le dio el dominio de las tablas. En Tokio lo puso en valor. El cuarto puesto no brilla, pero pesa. A los 30 años, hay nadadora, hay campeona.

Le separaron 23 centésimas, aunque por menos margen, sólo dos, fue campeona en Río, donde logró el bronce en la misma final en la que quedó cuarta en Tokio. En los estilos, pues, no ha existido una gran variación en sus puestos, pero sí en los tiempos. Entonces, 4:32.39; ahora, 4:35.15. Con menos exigencia, es igual de competitiva. Las centésimas son medallas en el agua. Las décimas, una eternidad.

Final lenta

La final fue menos rápida de lo habitual, como todas las que se disputaron en el Aquatic Center de Tokio, salvo por el récord del mundo de 4x100 (3:29.69) con el que las australianas inician su ataque a Tokio. En la mayoría de casos, hubo, incluso, peores tiempos en las finales que en las semifinales, una consecuencia de disputar las primeras por la mañana, debido a las exigencias de las retransmisiones en Estados Unidos. Las quieren en su 'prime time'. Quien más paga, manda. Fue el caso de la misma final en categoría masculina, dominada por el hermano pequeño de Michael Phelps, el estadounidense Chase Kalisz.

Mireia, experta, sabía que por ello tenía una oportunidad. No estaba, en cambio, para una carrera rápida. Pasó quinta la posta de mariposa, cayó a la sexta en la de espalda y empezó a remontar en su momento, la braza. La acabó cuarta. El libre era el ataque final a la caza del bronce, pero Hali Flickinger no se lo permitió. Resistió la estadounidense para acabar en 4:34.90. La española, en esos 4:35.15, a casi cuatro segundos de su récord nacional (4:31.21).

Cambio generacional

Ambas muy lejos de la vencedora, la japonesa Ohashi Yui, incontestable para vencer en 4:32.08. Mireia resistió, sin embargo, mejor que Hosszu, compañera de generación. La húngara, con el récord del mundo (4:26.36), no perdía una final de 400 estilos desde Londres. En Tokio, se quedó fuera del podio. Un síntoma del cambio generacional al que Mireia, de momento, se resiste.

El fondo le aguarda con mejores sensaciones de las que trajo y de las que anunciaba su entrenador, Fred Vergnoux, aunque el conspicuo personaje nunca lo cuenta todo, siempre se reserva algunas cartas. Es de desear que las mejores aguarden al 800 y 1.500, aunque la competencia, especialmente en la primera prueba, el coto privado de Katie Ledecky, puede ser mayor que en los 400 estilos. Al cuarto puesto le solían llamar antiguos deportistas españoles la "medalla de chocolate", pero esta vez no es un chocolate amargo.


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