El despegue meteórico del Bitcoin
06:33
15 Febrero 2021

El despegue meteórico del Bitcoin

Gigantes como Tesla invierten millones y ayuntamientos como Miami permiten usarlo. ¿Por qué? Porque es inconfiscable e incompatible con la inflación

Bitcoin arrancó su andadura en el año 2010. Fue entonces cuando se minó la primera unidad de esta divisa digital y por aquel entonces muy pocos –y yo no estuve entre ellos– habían entendido en qué consistía esta nueva reserva de valor global. Bitcoin era el primer activo monetario de la historia que cumplía con cuatro características simultáneamente: ser un activo real, intangible, privado y descentralizado. Lo más parecido que había existido hasta la fecha era el oro: otro activo monetario que era real, privado y descentralizado pero tangible (no digital, como Bitcoin). De hecho, el creador de Bitcoin, Satoshi Nakamoto, dijo haberse inspirado en el oro a la hora de diseñar esta criptomoneda. Desde entonces, la base de usuarios de Bitcoin no ha dejado de crecer y crecer, motivo por el cual su precio se ha disparado hasta cerca de los 50.000 dólares (cuando en su nacimiento ni siquiera poseían el valor de un dólar). Durante los últimos meses, se ha ido produciendo la adquisición de Bitcoins por parte de inversores institucionales y esta misma semana Tesla anunció que había invertido 1.500 millones de euros en Bitcoin y que planeaba aceptar esta divisa como medio de pago. También Twitter informaba que estaba estudiando la forma de invertir en este activo. Incluso el Ayuntamiento de Miami acaba de aprobar que los ciudadanos van a poder pagar parte de sus impuestos en Bitcoin y que los funcionarios podrán cobrar parte de sus salarios también en esta divisa.

Pero, ¿por qué Bitcoin se ha convertido en un activo tan deseado en el que cada vez más gente (incluidas grandes empresas y administraciones públicas) desean invertir? ¿Estamos ante una nueva burbuja que inevitablemente pinchará porque su valor real, tal como siguen afirmando algunos economistas del estilo de Nouriel Roubini, es cero?

El futuro no es desde luego cognoscible, pero sostener que Bitcoin por necesidad tiene que pinchar y desaparecer es no entender nada sobre Bitcoin. Si Bitcoin posee valor es porque es demandada por parte de la comunidad inversora: los críticos sostienen que esta demanda únicamente tiene un ánimo puramente especulativo, de manera que la fiebre puede transformarse más adelante en hipotermia y hundir su valor. Pero si bien es evidente que parte de la demanda de Bitcoin es puramente especulativa (también en la vivienda o en la bolsa), no toda la demanda lo es: gran parte de los que compran Bitcoins y los mantienen en cartera lo hacen porque confían en que la divisa va a ser capaz de mantener su valor a largo plazo gracias a sus excelentes propiedades monetarias.

¿Y cuáles son esas propiedades? En esencia dos. Por un lado, el número de unidades de Bitcoin jamás superará, por puro diseño genético, los 21 millones de unidades; es decir, Bitcoin es incompatible con el inflacionismo desde el lado de la oferta monetario (no hay ningún banquero central a cargo que pueda multiplicar artificialmente su oferta). Por otro, Bitcoin es inconfiscable por los gobiernos: a diferencia de otros activos como el ladrillo, las acciones o incluso el oro, ni siquiera un gobierno comunista podría apropiarse de los Bitcoin que poseen los ciudadanos, dado que éstos no tienen una materialización física y solo existen en la intersubjetividad de los miembros de la comunidad de pagos.

En suma, existen razones fundamentales que explican el éxito de Bitcoin y su creciente adopción por cada vez más sujetos. Eso no implica, claro, que la moneda digital solo pueda seguir subiendo sin ningún retroceso importante; o incluso que no pueda terminar fracasando. Pero sí implica que no está ni mucho menos condenada al fracaso.

Nueva recesión en la UE

De acuerdo con la Comisión Europea, tanto la Eurozona como la Unión Europea volverán a entrar en recesión a lo largo del primer trimestre de 2021. Recordemos que, técnicamente, una recesión es definida como dos trimestres consecutivos de decrecimiento. En el último trimestre de 2020, la economía de Europa ya se contrajo un 0,5% y ahora Bruselas anticipa una nueva caída del PIB del 0,8%. Es cierto que, gracias al avance de la vacunación contra el coronavirus, las perspectivas para el resto del año no son malas, aunque sí peores de lo que lo eran hace unos meses. En particular, la Comisión Europea sigue confiando en que creceremos un 3,7% al término del ejercicio. Pero al final todo va retrasándose. Según De Guindos, Europa no recuperará los niveles de actividad previos a la pandemia hasta mediados de 2022.

La regulación de los “riders”

El Gobierno de PSOE-Podemos pretende regular unilateralmente el régimen profesional de los «riders» convirtiéndolos en asalariados. Aunque es cierto que la normativa sigue la estela de diversas sentencias judiciales españolas que dictaminan que los «riders» no son autónomos –con una argumentación jurídica y económica bastante discutible–, la regulación terminará perjudicando a muchos de esos «riders» (no necesariamente a todos), que o bien terminarán cobrando menos o bien se quedarán sin empleo. A la postre, la regulación encarecerá el servicio de reparto a domicilio, lo que reducirá su demanda entre los ciudadanos y, por tanto, el número de “riders” empleables. Pero estas víctimas de la regulación gubernamental no serán conscientes de que no han llegado a encontrar empleo por culpa de ella, de modo que los perdedores permanecerán invisibles.

Calviño enfría la condonación de la deuda

La ministra de Economía, Nadia Calviño, ha echado un jarro de agua fría contra la petición de diversos economistas europeos –entre ellos, destacados miembros del PSOE y de Podemos– de que el Banco Central Europeo condone la deuda pública española. Como ya hemos expuesto en muchas ocasiones, el problema de esta propuesta no solo es que resulta ilegal, sino que además minaría la credibilidad global del euro y del propio Banco Central Europeo. De llevarse a efecto esa condonación de la deuda se alimentarían las tensiones inflacionistas y se trasladaría el coste de la deuda pública sobre los hombros del conjunto de los ciudadanos. De acuerdo con Calviño, la prioridad ahora mismo debería ser enfocarse en impulsar el crecimiento y la creación de empleo. En otras palabras, que el debate de condonar la deuda «no toca».


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