El 'Dibu' Martínez, mejor portero del Mundial y héroe en la final: ''Hice lo que soñé''
21:36
18 Diciembre 2022

El 'Dibu' Martínez, mejor portero del Mundial y héroe en la final: ''Hice lo que soñé''

El meta del Aston Villa tuvo una intervención decisiva en el último minuto de la prórroga y detuvo un penalti en la tanda

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¿Se puede jugar un partido llorando? Ángel di María, al menos, ya lo sabe. Porque fue lo que hizo cuando marcó el 0-2 con el que Argentina creyó que aquella, la de Qatar, sería una final gloriosa, pero no la de todos los tiempos. El furioso amanecer de Mbappé obligó a los futbolistas argentinos a demostrar que el fútbol es mucho más que el mejor solista. Y que sin su ayuda nada de lo ocurrido en la vasija de oro de Lusail hubiera sido posible.

El papel de Emiliano Martínez, a quien llaman el Dibu por su parecido con un personaje animado de una serie de los 90, resultó fundamental. Aunque él, siempre tan orgulloso, intentara esta vez quitarse mérito. Y lo vinculara todo al poder de lo onírico. O, quién sabe, a sus maniobras de guardameta supersticioso, siempre con los besos a los palos como arma esencial: «Hice lo mío, lo que soñé. No puede haber un Mundial que haya soñado tanto como éste».

El Dibu sólo tuvo que imponerse dos veces en todo el partido. Y fue más que suficiente por los momentos escogidos, aunque nunca contra el desatado Mbappé. En el mismo ocaso de la prórroga, el portero de Argentina le ganó el duelo a Randal Kolo Muani, que se quedó allí clavado, pensando que podía haber dado el segundo Mundial consecutivo a Francia.

Y ya en la tanda de penaltis, el Dibu, entusiasmado con las dos penas máximas que había parado en la agónica eliminatoria de cuartos de final frente a Países Bajos, dio sentido a su porte fiero y a los colores con la bandera teñidos justo en el lado de la cabellera que ha llevado afeitado todo el torneo.

Mbappé, que ya le había marcado dos penaltis durante el partido, volvió a batirle, por mucho que, esta vez, el meta tocara la pelota con la manopla. Quien ya no lo superó fue Coman, cuyo gesto antes del lanzamiento desveló desasosiego y perdición. El mismo con el que afrontó su turno Tchouaméni, cuya juventud aprovechó el guardameta albiceleste para retorcerle la moral. Primero, tratando de acercarse al centrocampista del Real Madrid. Después, retándole desde lejos. El joven mediocentro francés cruzó tanto que la pelota marchó fuera.

Una vez Montiel provocó el éxtasis argentino, el Dibu ya pudo celebrar el Mundial a su manera, con bailes estrambóticos y algún gesto extraño. Un estado de excitación que el jugador del Aston Villa completó siendo escogido el mejor portero de la Copa del Mundo.

"NO TENGO PALABRAS"

Luego, con los músculos aún en tensión, trató de explicar lo inexplicable: «Fue un partido sufrido. Lo teníamos controlado y con dos tiros de mierda nos empataron el encuentro. Nos pusimos en ventaja con el 3-2, y nos señalaron otro penalti en contra... No tengo palabras. Estuve tranquilo en los penaltis».

Pero las manos de Dios del Dibu fueron más allá. Porque una parada suya al joven australiano Kuol, aquella vez en octavos de final y al límite del tiempo reglamentario, permitió a Argentina seguir con el camino que acabaría llevándole a la tercera estrella.

Un botín que el portero de la albiceleste tendrá que agradecer también al psicólogo británico David Priestley, que lleva años controlando su estado emocional y que ha logrado convencerle de que, ante las grandes multitudes, es cuando más seguro de sus posibilidades debe estar. Sin que el miedo le agarrote.

Lionel Scaloni, un técnico al que le afeaban un presunto perfil bajo por haber llegado a la selección absoluta como interino, demostró que para ganar un Mundial no hace falta propaganda alguna. Nada tiene que ver Scaloni con los otros dos seleccionadores argentinos campeones del Mundo, Menotti (1978) y Bilardo (1986). Hizo lo más difícil Scaloni en Qatar: convencer a los jugadores de que esto, en realidad, es sólo fútbol; y levantar a su equipo de las cenizas tras la primera derrota contra Arabia. «Con los palos que recibimos, haber ganado así tiene el doble de mérito», declaró. Fue Scaloni quien sacó a Di María cuando había quien sospechaba que a Francia sólo la podría ganar defendiendo. Y se la jugó con Julián Álvarez y Enzo Fernández, escogido este último mejor futbolista joven del torneo. «Estoy orgulloso. Y liberado», admitió Scaloni. Qué menos.


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